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¿La última y nos vamos?

 

Por: Mitzi Hernández / @mitziher y Karina Cabrera / @karipunk

 

El rumor de que su presentación este viernes en Pasagüero en la Ciudad de México es la última tocada de Bostich + Fussible y con ello darán fin a la promoción de su último disco ‘Motel Baja’, y al parecer de Nortec como colectivo, nos ha llevado a recordar momentos específicos que van muy ligados al crecimiento y desvanecimiento de escenas.

 

Nortec no sólo ha sido un colectivo del que se desprendieron muchos proyectos, se convirtió en el sonido más representativo del worldbeat lanzado desde México y uno de los sonidos más honestos que nos ha acompañado. Como entidad musical y gráfica, fue pionero en México de integrar el sonido tradicional del norte con música electrónica. Sacaron su primer disco en 1999 y fue hasta el ‘Tijuana Sessions Vol. 1’ del 2001 que su sonido se expandió masivamente.

 

Había otros referentes de música electrónica mexicana como el acid cabaret con el colectivo Nopal Beat, el cual se esfumó tras firmar con una disquera grande dejando a los músicos involucrados sin poder publicar y siendo ignorados por la empresa. También en el contexto latinoamericano sonaban fuerte Gotan Project y más tarde Bajo Fondo Tango Club con los ritmos del Río de la Plata.

 

Hace algunos años ?uestlove de The Roots describió en alguna entrevista cómo los grandes actos de la música popular siempre han sido parte de movimientos musicales más grandes, haciendo eco en sus escenas locales, creando colectivos de músicos e incluso impulsando festivales, pero también señaló que rara vez en la actualidad se escucha sobre eso, mucho menos vemos que la gente de marketing fomente la construcción de comunidades más allá del centro de sus músicos.

 

Tal vez ya no hay tantos movimientos en construcción continua entre artistas y actualmente el foco es sobre levantar una comunidad alrededor de un acto individual, pero algunas veces esa centralización provoca verdaderos movimientos que muestran algo más que la historia o la estética de un grupo, hacen esfuerzo para crear una reputación para espíritus afines y en última instancia se traduce en una marca propia que se va fortaleciendo al volverse un modelo sumamente contagioso.

 

Inolvidables las primeras apariciones en conjunto, las recomendaciones que hacía la prensa extranjera y las posterior repercusión en la nacional, la manera en que las pequeñas presentaciones fueron derivando en los conciertos masivos y grandes festivales, hasta llegar a un Palacio de Bellas Artes a ritmo de banda, unos Juegos Panamericanos con un pulso marcado por el Tenori-on, una carrera Nike donde se crearon beats con la llegada de los corredores a la meta, el Zócalo de la Ciudad de México sincronizado por los teléfonos celulares en alto al ritmo del ringtone de ‘The Clap’ y el lanzamiento de un documental.

 

Llegamos al final de esa historia con cierto sabor agridulce, lejos de las grandes creaciones en conjunto de Bostich, Fussible, Hiperboreal, Clorofila, Panoptica, Terrestre, Plankton Man y Murcof; todavía resuena en nuestra mente ese inicio de milenio con ‘Polaris’ en el Zócalo, incluso seguimos saboreando los antojitos presentados por los últimos integrantes del colectivo en ‘No Reservations’ con Anthony Bourdain, pero tenemos claro que ese sonido tan específico de Nortec ya no podía darnos más, sin embargo seguimos con la mejor enseñanza del colectivo: Tijuana Makes Me Happy.

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