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Atypical

Siempre me ha resultado difícil asimilar ciertos términos para identificar a un grupo de personas cuyo dinamismo los envuelve en un laberinto llamado realidad. La deficiencia en la salud de las personas engrandece una serie de obstáculos en las que el estereotipo de la normalidad luce como un indicador engañoso. ¿Qué es ser normal o raro?, ¿qué y quién determina las capacidades o discapacidades del individuo? Es largo ya el tiempo en el que una enfermedad es vista de forma excluyente en la sociedad, formulando un sinfín de prejuicios y enterrando en lo más profundo de nuestra conciencia una gran variedad de valores.

En pleno 2017 se agradece que la plataforma Netflix conduzca hasta nuestros ojos un modelo de aprendizaje, reflexión y retroalimentación desde la voz del autismo y sus detractores del día a día. ‘Atypical’ demuestra que la normalidad de la que se jactan los que desconocen de forma sustancial una enfermedad es por sí sola conflictiva y quizá peor que la del propio enfermo.

Durante ocho capítulos, Robia Rashi (creadora y escritora) establece al amor como un medio natural y humano que no reconoce enfermedad alguna, al contrario, es un espacio de sanación dentro de una familia común que al final del día refleja la verdadera discapacidad de las personas que la forman y rodean: infidelidad, envidia, egocentrismo y la complicación eterna de las cosas que por sí solas son sencillas.

Complejidades de seres que buscan ser amados con miedo a perder, a volver a casa y regalar un abrazo, de seres que se esfuerzan por no saber convivir con sus diferencias y que en su juego de perfección se hallan perdidos en personalidad y principios.

Lo que resulta aplaudible es que no se trata de una historia particular del adolescente promedio, pues las personalidades que se adquieren dado el espectro del autismo llegan a “conectar” con distintas etapas del tiempo en un solo espacio: el hogar.

‘Atypical’ es sin duda una cita con la humildad de las cosas y personas, un espectro que logra crear un puente mediante el amor entre el ser y el deber ser. Una historia que deja en claro que no existen formularios ni guías para amar y conocer a las personas ni mucho menos excepciones cuando se trata de convivir y vivir.

La sanación no es superficial ni es la ausencia de la enfermedad; es la voluntad del hombre por sentirse parte de los demás.

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