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Banda Sonora 101 – Ian Curtis

Atribulado, sombrío, intenso, depresivo, epiléptico, el vocalista de Joy Division se colgó de un perchero a los 23 años. Ian Curtis dejó en este mundo a esposa, hija, amante y banda, pero también un legado musical que se instaló como referente del post punk británico de finales de los 70.

Su herencia, compacta y poderosa, sigue influyendo en el sonido de incontables bandas en todo el mundo. Y sin duda lo seguirá haciendo. CONTROL, la película biográfica sobre Ian Curtis realizada por el fotógrafo holandés Anton Corbijn, lo lanzó a un nivel superior en la dimensión de los iconos culturales.

MUERTE

Mayo de 1980 / Inglaterra

Martes 20 / Cementerio de Macclesfield, noroeste de Inglaterra, cerca de Manchester.

En la lápida de Ian Curtis reza el siguiente epitafio: “Love Will Tear Us Apart”. Deborah Woodruff, viuda de Curtis, pidió que se inscribiera el nombre de esta canción en la piedra sin importarle que la letra se refiriera a la infidelidad de Ian y a la desintegración de su matrimonio. Ian se suicidó en las primeras horas del domingo 18 de mayo, a la edad de 23 años, precisamente cuando Joy Division estaba a punto de iniciar su primera gira por Estados Unidos y preparaba el lanzamiento de Closer, su segundo álbum de estudio.

Lunes 19 /  Espectro radiofónico, Inglaterra.

John Peel, locutor de Radio 1, informa: “Malas noticias muchachos, Ian Curtis, de Joy Division, ha muerto”. Como homenaje, programa una pieza emblemática del grupo: Atmosphere. En la televisión y los medios impresos, no obstante la popularidad de la banda en la llamada escena Manchester, la muerte de Curtis pasa inadvertida. Un tema domina en la prensa británica: Margaret Tatcher recién cumplió un año de gobernar con mano dura en Inglaterra. Por su parte, los miembros de Joy Division deciden disolver el grupo y cancelar la gira estadounidense.

Domingo 18 / Barton Street número 77, Macclesfield.

El álbum The Idiot, de Iggy Pop, gira en el tocadiscos cuando Deborah entra a su casa y descubre el cuerpo de Ian colgado de un perchero en la cocina. En la mesa descansa una carta de despedida. Minutos después, el baterista del grupo, Stephen Morris, recibe una llamada del bajista Peter Hook: “Ian. Al final lo ha hecho”. “¿No se habrá intentado suicidar de nuevo?”, pregunta Morris. “No”, remata Hook, “de hecho lo ha logrado” (Semanas antes, Ian intentó matarse con una sobredosis de fenobarbital, medicamento que tomaba para la epilepsia).

Sábado 17 / Blackpool, Lancashire, costa noroeste de Inglaterra.

Bernard Sumner, guitarrista de Joy Division, se pregunta por qué diablos Ian decidió no viajar con él a Blackpool para hacer esquí acuático. El viernes por la tarde, cuando el grupo regresaba a Macclesfield, Ian pidió que lo dejaran en el Amigos, un restaurante mexicano que solían frecuentar. “Seguramente está crudo”, piensa Sumner, aunque un mal presentimiento enturbia su optimismo: sabe que Ian atraviesa un mal momento; la relación con su amante, la belga Annik Honoré, le provoca sentimientos de culpa y los ataques epilépticos son cada vez más frecuentes. Hoy, Ian está especialmente angustiado por el deterioro de su salud y deprimido por la crisis conyugal.

Sábado 17 / Barton Street número 77, Macclesfield.

Ian Curtis prende el televisor y se tumba a ver STROSZEK, de Werner Herzog, un drama sobre tres parias berlineses que emigran a EU en busca del sueño americano. Hacia el final de la película, Bruno Strozek, el personaje principal, se suicida. Esta noche, Natalie, hija del matrimonio Curtis, que había cumplido 13 meses de nacida, duerme en casa de sus abuelos maternos, mientras Deborah cumple sus horas de trabajo en un bar. A estas alturas, sabe que Ian le es infiel y quiere el divorcio. De hecho, hace tiempo que Ian no pasa las noches en la casa de Barton Street, por lo que Deborah se muestra sorprendida cuando lo encuentra en casa al regresar del trabajo. Discuten fuerte y ella se va a dormir donde sus padres. Ian saca el disco The Idiot, lo coloca en la tornamesa, sube el volumen y comienza a escribir las últimas letras de su vida.

Legado (y otras sustancias)

La muerte de Ian Curtis marcó el fin de Joy Division. Poco después, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris formaron el grupo New Order. En el verano de 1980, “Love Will Tear Us Apart” alcanzó el número 13 de las listas británicas. En poco más de tres años de vida (en un principio se llamaron Warsaw), Joy Division grabó dos álbumes de estudio, ambos producidos por Martin “Zero” Hannett y respaldados por el sello Factory Records: Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980), lanzado dos meses después de la muerte de Curtis. Su última presentación en vivo ocurrió el viernes 2 de mayo de 1980, en el City Hall de la Universidad de Birmingham.

REGRESO

Mayo de 2007, Cannes, Francia

CONTROL

El viernes 18 de mayo de 2007, en el marco de la sección Directors Fortnight de la Quincena de los Realizadores del festival de Cannes y exactamente 27 años después de la muerte de Curtis, el fotógrafo y director de videos musicales Anton Corbijn presentó CONTROL, filme biográfico sobre Ian Curtis basado en el libro autobiográfico de Deborah Woodruff, Touching From a Distance, y estelarizado por Sam Riley y Samantha Morton.

El estreno de CONTROL fue nota a escala mundial; incluso en Inglaterra se escribió y habló mucho más de ella que de la rumana 4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS, ganadora de la Palma de Oro. Salvo por contadas excepciones, la crítica especializada aplaudió el filme de Corbijn y le auguró un buen futuro comercial, mientras que el jurado del festival le otorgó el Premio de la juventud.

Blanco y negro

En 1979, Anton Corbijn dejó su natal Holanda para instalarse en Inglaterra. En más de tres décadas, Corbijn ha retratado a cientos de artistas, la mayoría vinculados al mundo de la música, y realizado decenas de videos musicales. Se le considera un maestro del monocroma y el alto contraste en blanco y negro. Una de sus fotografías más famosas es un retrato de Ian Curtis que hizo a principios de 1980.

Horas antes de la premiere en Cannes, en entrevista con un canal de televisión europeo –disponible en YouTube–, Anton Corbijn (se pronuncia Corbain), fanático irredento de Joy Division, recordó el día que retrató a Curtis:

Fue unas semanas antes de su muerte. Legué a Inglaterra a finales de 1979 y al poco tiempo les expresé (a Joy Division) mi deseo de fotografiarlos. Casi no hablamos, yo era muy tímido y no dominaba el inglés, así que ni siquiera estrechamos las manos. La famosa foto de Ian se tomó en un túnel, en el momento en que se da la vuelta. Al principio nadie la quiso, pero dos semanas después de su muerte fue portada de la revista New Musical Express. Así se convirtió en objeto de culto. Es una imagen que muestra a un hombre que avanza hacia lo desconocido”.

En un momento de la entrevista, el reportero pregunta si el hecho de que CONTROL sea una película en blanco y negro representa una limitante comercial. Corbijn responde: “No es una película realizada con fines comerciales. El asunto es que todos mis recuerdos de la época (finales de los setenta), y en particular de Ian Curtis, son en blanco y negro”.

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Biopic

La producción de CONTROL costó alrededor de 9 millones de euros, de los cuales la mitad salieron del bolsillo de Corbijn. El rodaje se realizó en seis semanas, entre el 10 de julio y el 26 de agosto de 2006, en locaciones de Nottingham y Macclesfield, Inglaterra. “Actualmente”, dijo Corbijn al diario The Guardian, “Nottingham se parece más al Manchester de finales de los setentas que el propio Manchester.”

A diferencia de 24 HOUR PARTY PEOPLE (2002), película de ficción de Michael Winterbottom sobre Tony Wilson del sello Factory Records y la escena Manchester, CONTROL es un filme que se centra en Ian Curtis. La historia inicia en 1973 en Macclesfield, con un Curtis de 17 años enamorado de Deborah y fan de David Bowie, y concluye con el suicidio siete años después. En el ínterin, Corbijn repasa los días de juventud de Ian desde una óptica intimista y con la llamada escena Manchester como telón de fondo.

Un dato interesante es que los actores interpretaron las canciones de Joy Division que se escuchan en la pista sonora. “Ensayaron mucho y se volvieron muy buenos”, dijo Corbijn al diario francés Le Monde. “La música de Joy Division no es muy compleja… hubiera sido un problema si se tratara de Pink Floyd, pero no fue el caso”. Además, explicó Corbijn, “en todo momento contamos con el apoyo y respaldo de Peter Hook, Bernard Sumner y Stephen Morris (ex integrantes Joy Division)”. De hecho, agregó el director, “Sam Riley (Ian Curtis) lo hace muy bien como cantante, ya que es vocalista de una banda llamada 10,000 Things.”

Control

Dirección: Anton Corbijn

Guión: Matt Greenhalgh, basado en el libro Touching From a Distance, de Deborah Curtis

Con: Sam Riley (Ian Curtis), Samantha Morton (Deborah Curtis), Joe Anderson (Peter Hook), James A. Pearson (Bernard Summer), Harry Treadaway (Stephen Morris), Craig Parkinson (Tony Wilson), Alexandra Maria Lara (Annik Honoré) y Ben Naylor (Martin Hannett).

Sonic Arsenal: pasajero silencioso 3, John Cage

“Donde quiera que estamos, lo que más escuchamos es ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos, lo encontramos fascinante” – John Cage


Desde la definición de múltiples y enigmáticas capas del club de David Lynch (en el cine y en París), al incomodo saludo al final de ‘The Graduate’ con Simon & Garfunkel y el vasto regocijo de Depeche Mode unido a la representación visual de Anton Corbijn, el silencio es uno de esos conceptos que posiblemente han sido mejor comprendidos por el compositor John Cage, quien a partir del ruido logró entender el poder de los espacios aparentemente libres de sonido.

La muestra más recordada es la del 29 de agosto de 1952, cuando David Tudor caminó hacia el escenario de Maverick Concert Hall en Nueva York, se sentó al frente del piano y por cuatro minutos y 33 segundos no emitió ningún sonido. Fue la primera vez que se interpretó la pieza silenciosa de John Cage, cuya principal intención es hacer una declaración al tiempo que el público escucha lo que lo rodea.

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El manifiesto mudo de Cage ha inspirado múltiples comentarios, pero como el músico explicó, no hay tal cosa como el silencio. Por su puesto, al principio su propuesta fue desechada, 4’33″ fue catalogada de ridícula, sobre todo en las áreas de la música clásica en las que se movía John Cage, sin embargo, en el área de las artes visuales y la música libre de rigurosas convenciones y llena de experimentaciones, alcanzó un gran reconocimiento, convirtiéndose en una pieza icónica de la postguerra, brindando una gravedad artística e histórica al hecho de que el compositor en realidad no crea y la audiencia es la que puede o no crear con el silencio.

 

 

El epígrafe del inicio es parte de The Future of Music: Credo, uno de tantos ensayos en los que no sólo explora la música, sino el poder del silencio, la falta de voz y la necesidad de experimentar con esos elementos para crear. Ese ensayo en particular aborda la idea de que los sonidos no son más que sonidos, todos son igual de válidos como punto de partida para descubrir más posibilidades sonoras. Curiosamente la palabra silencio no aparece ni una sola vez a lo largo del ensayo, sin embargo sus implicaciones se identifican y nos llevan hasta ese vacío.

Aunque al principio era un compositor avant-garde enfocado en el ruido, a lo largo de su vida después de 4’33″ su propósito fue eliminar estructuras establecidas para lograr entender la música por sí misma, sin las borrosas convenciones entre arte y vida. De hecho, Cage en sus primeros días como compositor promovió la antítesis del silencio: el ruido.

 

Él habló de hacer sonidos nuevos, pero en algún momento de 1948 empezó a trabajar en lo que llamó la Oración del Silencio, como un intento por romper con la cultura estadounidense, estableciendo un nuevo parámetro para el ruido cotidiano en oficinas, centros comerciales y elevadores, presentando la belleza que surge de la quietud.

La Oración del Silencio no se concretó, pero fue el primer paso de John Cage hacia uno de los más grandes estudios del sonido que existen. 4’33″ es el detonador para la creatividad y una postura estética que ha sido adoptada desde múltiples perspectivas, pero sobre todo, es acerca del concepto y la metáfora de un sin número de cosas, la manifestación, la protesta, inconformidad pacífica y las implicaciones políticas otorgadas por la audiencia y de quien propone la adopción de esos cuatro minutos y 33 segundos en un momento dado, pero aunque parezca extraño, siempre es sobre movimiento y sonido.

A 106 años del nacimiento de John Cage (5 de septiembre de 1912), buscar el significado de la obra nos lleva lejos de la experiencia directa de 4’33″ y de todas las creaciones del músico (que son más que esos minutos que algunos no aprecian), por lo que recomiendo buscar sus ensayos, el tributo UnCaged o asistir a la exposición Pasajeros 03: John Cage en el Museo Jumex, donde se realiza una reseña fotográfica de sus visitas a México en 1968 y 1976, destacando su conexión con músicos, artistas y escritores mexicanos. A final de cuentas, en el mundo de las ideas e historias, el silencio es simplemente un lapso de tiempo que tiene un vacío o un significado, dependiendo de quien lo esté escuchando.

 

¿Fan de #JohnCage? Nuestra próxima exposición documenta los viajes de Cage a la Ciudad de México, además de ilustrar sus amistades y colaboraciones con diversos intelectuales mexicanos. Próximamente ‘Pasajeros 03: John Cage’. A partir del 7 de julio en el #MuseoJumex. Imagen: Reunión con John Cage en el Café de Tacuba, julio 1968. Cortesía de Beatrice Trueblood.

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“Donde quiera que estamos, lo que más escuchamos es ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos, lo encontramos fascinante” – John Cage

 

Hace 65 años inició la travesía de John Cage hacia el silencio. Desde la definición de múltiples y enigmáticas capas del club de David Lynch (en el cine y en París), al incomodo saludo al final de ‘The Graduate’ con Simon & Garfunkel y el vasto regocijo de Depeche Mode unido a la representación visual de Anton Corbijn, el silencio es uno de esos conceptos que posiblemente han sido mejor comprendidos por el compositor John Cage, quien a partir del ruido logró entender el poder de los espacios aparentemente libres de sonido.

 

 

La muestra más recordada es la del 29 de agosto de 1952, cuando David Tudor caminó hacia el escenario de Maverick Concert Hall en Nueva York, se sentó al frente del piano y por cuatro minutos y 33 segundos no emitió ningún sonido. Fue la primera vez que se interpretó la pieza silenciosa de John Cage, cuya principal intención es hacer una declaración al tiempo que el público escucha lo que lo rodea, una historia que comenzó en 1948 como idea, pero que empezó a gestarse a lo largo de 1951 inspirado por la serie ‘Blank’ del artista plástico Robert Rauschenberg, quien también diseñó la portada del disco ‘Speaking in Tongues’ de Talking Heads.

 

 

Sus lienzos pintados de blanco, que variaban su aspecto dependiendo las condiciones de luz, derivaron en una de las más importantes obras sonoras del siglo XX. El manifiesto mudo de Cage ha inspirado múltiples comentarios, pero como el músico explicó, no hay tal cosa como el silencio. Por su puesto, al principio su propuesta fue desechada, 4’33″ fue catalogada de ridícula, sobre todo en las áreas de la música clásica en las que se movía John Cage, sin embargo, en el área de las artes visuales y la música libre de rigurosas convenciones y llena de experimentaciones, alcanzó un gran reconocimiento, convirtiéndose en una pieza icónica de la postguerra, brindando una gravedad artística e histórica al hecho de que el compositor en realidad no crea y la audiencia es la que puede o no crear con el silencio.

 

El epígrafe del inicio es parte de ‘The Future of Music: Credo’, uno de tantos ensayos en los que no sólo explora la música, sino el poder del silencio, la falta de voz y la necesidad de experimentar con esos elementos para crear. Ese ensayo en particular aborda la idea de que los sonidos no son más que sonidos, todos son igual de válidos como punto de partida para descubrir más posibilidades sonoras. Curiosamente la palabra silencio no aparece ni una sola vez a lo largo del ensayo, sin embargo sus implicaciones se identifican y nos llevan hasta ese vacío.

 

Aunque al principio era un compositor avant-garde enfocado en el ruido, a lo largo de su vida después de 4’33″ su propósito fue eliminar estructuras establecidas para lograr entender la música por sí misma, sin las borrosas convenciones entre arte y vida. De hecho, Cage en sus primeros días como compositor promovió la antítesis del silencio: el ruido.

 

Él habló de hacer sonidos nuevos, pero en algún momento de 1948 empezó a trabajar en lo que llamó la ‘Oración del Silencio’, como un intento por romper con la cultura estadounidense, estableciendo un nuevo parámetro para el ruido cotidiano en oficinas, centros comerciales y elevadores, presentando la belleza que surge de la quietud.

 

La ‘Oración del Silencio’ no se concretó, pero fue el primer paso de John Cage hacia uno de los más grandes estudios del sonido que existen. 4’33″ es el detonador para la creatividad y una postura estética que ha sido adoptada desde múltiples perspectivas, pero sobre todo, es acerca del concepto y la metáfora de un sin número de cosas, la manifestación, la protesta, inconformidad pacífica y las implicaciones políticas otorgadas por la audiencia y de quien propone la adopción de esos cuatro minutos y 33 segundos en un momento dado, pero aunque parezca extraño, siempre es sobre movimiento y sonido.

A final de cuentas, en el mundo de las ideas e historias, el silencio es simplemente un lapso de tiempo que tiene un vacío o un significado, dependiendo de quien lo esté escuchando.

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