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Semana IR! – Curtis Harding, el soul de lunes

Todos invariablemente hemos sentido ese deseo de escapar ante las rutinas, el silencio, el mal humor y la mala compañía. Estrés que bien que mal se puede traducir en una oportunidad de incentivar el cambio. Y es ahí precisamente que se hallan los cerebros de una revista que desde hace poco más de 10 años generan estas oportunidades para la música y su consumidor.

Espacios alternos, plataformas digitales y una semana de conciertos. Indie Rocks! trajo así hace 3 años la #SemanaIR; una semana de propuestas musicales que no ponderan la cotidianidad de los días. Sólo así fue posible predicar con los ritmos del broken beat, disco y el R&B contemporáneo en plena noche de lunes.

La edición 2018 de esta fiesta inició y nos congregó con la voz de Curtis Harding; un artista joven que apenas cuenta con dos álbumes de estudio pero que se vuelven suficientes para incendiar el escenario con simbolismos un tanto psicodélicos, esotéricos y desde luego bailables. La noche de ayer no fue la excepción.

Fotografía: Hugo Tenorio

Antes de moldear las caderas de los asistentes, la furia de las guitarras fue posible gracias a Peregrino; una banda que fusiona el blues, folk e incluso country. Esta gamma de sonidos nos recordó la estética y belleza americana de un viaje por carretera, la rebeldía de las melenas y de los lentes oscuros. Todo este marco se plasmó con A Young Man’s Game’, su primer álbum y que fue la antesala perfecta de Harding.

Sin más preámbulo y sin guardarse nada, la elegancia y la contundencia de ‘Face Your Fear’ se hizo presente. Curtis Harding abrió con los sencillos que distinguen la textura de su último material; temas como ‘Next Time’, ‘On and On’, ‘Need My Baby’ y ‘Drive My Car’ dejaron entrever como primer capítulo el estilo del estadounidense.

Enseguida llegaron ‘Ghost of You’, ‘Till The End’ y ‘Go As You Are’. Todo el segundo álbum fue interpretado con la seguridad de llevar a buen puerto su sonido y a futuras generaciones. De eso estamos seguro pues entre el público se iluminaban los rostros de ciertos adultos que parecían ser fervientes fans de ‘Starsky y Hutch’. Sus pasos los delataban.

Fotografía: Hugo Tenorio

Saxofón, órgano, bajo, guitarra, teclados y platillos voladores, fueron el estandarte del escenario con el que de a poco se rompen las barreras del soul, traducido de otra forma, del alma. Barreras como el escepticismo del lunes, los celulares enérgicos y el poco espacio del foro, fueron vencidas enseguida por ‘Cast Away’ y ‘Freedom’; canciones de su primer álbum que nos contagiaron de espíritu y recuerdos, quizás de CeeLo Green y ¿por qué no?, hasta de la propia Amy Winehouse. Todas estas raíces fueron la narrativa de una noche que no queríamos dejar ir y así llegó la romántica ‘Need Your Love’ antes del encore.

Amor propio y deseo de compartir todo, incluso dos canciones más para recordar la importancia y vigencia de los primeros acordes del rock. El soul power se intensificó con las últimas dos canciones de la noche: ‘The Drive’ y ‘Keep on Shining’. Ésta última justificando el porqué del cigarrillo en la portada del primer álbum: estoicismo. Toda una pieza llena de trastes y riffs que no te permiten estar quieto. “¡So just keep on shining!”

Fotografía: Hugo Tenorio

No hay objetos externos ni parafernalia que puedan exponer lo que significa el soul hoy en día, pero ayer fue una buena oportunidad de acercarnos un poco a ello y a la sensibilidad del oriundo de Michigan. Su herencia está plasmada en esa agresividad rítmica y sonora acorde a los tiempos que se vivían en los 70 y la realidad es que éstas letras serían insuficientes si pretendo idealizar en un mismo espacio lo sucedido en el Foro Indie Rocks! El tiempo será el mejor juez.

Las noches de la #SemanaIR continúan con las presentaciones de Tino el Pingüino, Deerhoof, Antibalas, A place to Bury Strangers y Zola Jesus. ¿Princess Nokia?, ¿qué?.

Fotografía: Hugo Tenorio

El soundtrack de la vida: negro

Hay rolas que llegan a nuestra vida en momentos clave y quedan ancladas a una situación particular, haciendo que cada vez que escuchamos ese canción, no podamos evitar recordar ese momento, ese sentimiento, sacándonos por unos momentos de la realidad. En mi caso la lista es muy larga, pero en esta ocasión, únicamente me referiré a tres tracks que tienen un común denominador, el color negro.

El color negro ha sido mi favorito desde que tengo memoria, se lo atribuyo a mi infancia setentera y que mi ídolo era el mismísimo Lord Vader o tal vez nací punk y rebelde; cualquiera que sea la verdadera causa siempre he tenido un gusto particular por ese color y la música no ha sido la excepción.

No sé ustedes, pero yo a los 14 años era un resentido social que sentía que el mundo estaba en su contra (pensándolo bien, quién no es así a los 14), y entre esa furia hormonal desatada, uno de mis refugios del mundo cruel que me azoraba, era, por supuesto, la música. Fue en esos momentos en que descubrí ‘Paint It Black’ de los Rolling Stones, sin embargo yo llegué a ella a través del cover que hizo Echo and the Bunnymen en 1988: La letra sombría expresaba mis sentimientos hacia el mundo; ese mundo que brillaba de todos los colores y yo lo único que quería era pintarlo del negro más oscuro que pudiera encontrar.

Eventualmente superé esa etapa, pero hasta le fecha ‘Paint It Black’ sigue siendo mi rola favorita de los Stones, el uso del sitar de Brian Jones me parece un genialidad y es una melodía que me recuerda de dónde vengo y que a veces no está tan mal pasarse al lado oscuro de la fuerza.

Quien me conoce coincidirá en que Eddie Vedder y yo tenemos muy pocas cosas en común; sin embargo fuimos compañeros del mismo dolor, ambos fuimos vilmente desechados por quien creíamos sería el amor de nuestras vidas. ‘Black’ del álbum ‘Ten’ de Pearl Jam de 1992, es una “E ballad” compuesta por Vedder que fue considerada demasiado personal por la misma banda para ser lanzada como sencillo, sin embargo alcanzó el #3 de Billboard y fue incluida en la recopilación ‘Rearviewmirror’ y la revista Rolling Stone la eligió como la novena mejor balada de todos los tiempos.

Yo no haría el uso adecuado hasta unos años después, cuando en palabras del propio Vedder, sostendría entre mis manos los fragmentos de lo que lo había sido todo y mi mundo se iba (como en las películas) a negros.

 

Finalmente me referiré a una rola que no es rock, es R&B pero que era interpretada por una de las rockstars más grandes de todos los tiempos, Amy Winehouse y la rola es ‘Back to Black’. Teniendo corazón rockero, algunos otros apéndices siempre están cerca del jazz, el R&B y hasta el folk. Fue la primera rola que escuché de Amy y causó una gran impresión en mi, la letra es muy poderosa y la voz de Winehouse es como una sirena en alta mar llamando a marinos perdidos hacia lo que será su irremediable perdición.

El track es la descripción exacta de un corazón roto, sin embargo este sentimiento puede tener mucho matices, en mi caso cuando escucho esta canción, la mente no me refiere a un amor perdido ni tiempos mejores, la idea de morir mil veces es el sentimiento que me invade cada semana cuando tengo que entregar a mis hijos con su mamá, esos fatídicos domingos en los que con una sonrisa en la cara pero con el corazón destrozado les digo adiós y espero pacientemente, cuento los días para poder volverlos a ver y ser nuevamente feliz.

La vida es así nos da lecciones que nos hacen ver que siempre hay margen para mejorar y también para empeorar, pero sin duda no hay mal que no pueda ser tolerado si va acompañado de la música adecuada. Creo que se eso se trata tener el soundtrack de la vida.

 

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Kurt Cobain es uno del Club de los 27 (¿por qué se suicidan?)

A propósito del suicidio de Kurt Cobain (5 de abril de 1994), al hacer una película sobre las estrellas del pop que murieron a los 27 años, el gerente de Wham, Simon Napier-Bell descubrió que un trauma fue lo que los motivó.

 sugirieron por primera vez que debería hacer una película sobre el club 27, el grupo de estrellas del pop que murieron a esa edad, no estaba muy interesado.

Parecía una carga. Luego encontró con una encuesta del doctor Mark Bellis de la Universidad John Moores que rastreaba muertes prematuras entre 1,064 artistas musicales populares, seleccionando nombres de los mejores álbumes de todos los tiempos. En general, tenían 1.7 veces más de probabilidades de haber muerto prematuramente que otras personas de su generación.

También descubrió que si el Club 27 se cambiaba a un club para personas de entre 26 y 30 años, el número de estrellas se cuadruplicaría. Y si se extendiera a los 35 años, el número se multiplicaría por diez.

Con figuras tan extraordinarias, decidió que debería usar el Club 27 para investigar la psique de las principales estrellas de la música en general. ¿Por qué se convierten en artistas? ¿Qué los motiva? ¿Por qué hay tantos depresivos bipolares o maníacos? ¿Cuáles deberían ser las responsabilidades de la industria hacia su salud mental? ¿Y si será que las personas con problemas naturalmente gravitan hacia el negocio de la música?

Demasiado para una sola película, especialmente cuando también tenía que incluir las vidas de los seis miembros más famosos del Club 27. Pero Simon Napier-Bell lo intentó de todos modos.

Mucho de eso ya lo sabía. Ser un manager de estrellas del pop y el rock tiene que ver tanto con tratar sus problemas psicológicos, como con promover su música. Casi todos los artistas sufren una inquietud interna permanente. No es sólo una parte trivial de ser un artista, es su principal fuerza de impulso. Muchos de ellos sufrieron algún tipo de trauma infantil. Podría haber sido la muerte de un padre o hermano, algún tipo de abuso físico o sexual, un divorcio de los padres, o cualquier otro trastorno emocional. Y en casi todos los casos deja un hervor lento que estimula la creatividad.

Puedes estar seguro de que si tu artista es realmente creativo, entonces en algún momento de su infancia sucedió algo que lo desencadenó. Es como si cada trabajo nuevo que idea, tuviera la intención de mitigar algo que molesta a su ser interior. “Nunca he conocido o gestionado ningún artista valioso que no fuera así”, escribe Simon en The Times.

La causa real de esa inquietud interna no es asunto del manager, su trabajo es gestionar el talento que proviene de él, no preguntar cómo surgió. Sé feliz de que esté allí y explótalo. Eso puede sonar insensible, pero es la realidad. Es lo que el artista quiere de su manager.

“Nunca discuto con un artista las cosas que afectan su vida personal, ni las razones de sus depresiones o estados de ánimo artísticos. Simplemente lidio con ellos lo mejor que puedo. No soy un psiquiatra contratado para tratar el origen de su inquietud. Estoy contratado para comercializar los síntomas que produce, su arte, para ayudarlos a usarlo en su beneficio. Y, en general, esa es la actitud de todo el negocio de la música. Sin embargo, ¿por qué los 27 son una edad tan crucial?”, se pregunta el autor.

Primero, hace notar, es la edad en que la corteza cerebral frontal madura. Esto permite que las personas tomen decisiones adultas normales —nos da nuestro sentido de causa y efecto—. Muchas sociedades antiguas fueron conscientes de esto y consideraron los 26 la edad adulta, y también es bien sabido en la sociedad occidental. Los servicios militares especiales invariablemente asignan sus tareas más exigentes a las personas de 27 años o más por esa razón. Una falta de conocimiento de causa y efecto puede ser útil cuando quieres que mil soldados corran por una playa bajo fuego (por eso 18 a 21 es una edad excelente para reclutarlos), pero no es tan útil cuando estás entrenando espías para llevar a cabo tareas clandestinas.

Y si eso suena cínico, seguramente la industria de la música también.

Persiguen a jóvenes entre las edades de 18 y 23 años y les piden que desechen su educación avanzada a cambio de una posibilidad de 1 en 50 de éxito en el negocio de la música. A la edad de 27 años, nunca lo harían. Ninguna persona racional lo haría.

Las compañías discográficas saben por experiencia que los más creativos de estos jóvenes son probablemente bienes dañados, que el trauma de la infancia y el desequilibrio emocional casi con seguridad formarán parte de su composición. Entonces, ¿eso hace que la industria sea explotadora? Posiblemente, pero tal vez no tanto como parece. A menudo es un intercambio justo porque para muchos jóvenes, la industria de la música ofrece exactamente el tipo de terapia que necesitan. Simon ha tenido varios artistas que le han dicho: “Sin el negocio de la música, me habría suicidado”.

“El enfoque principal de mi película son los seis miembros más famosos del Club 27. Para todos ellos, la industria de la música fue su salvador tanto como su caída”, anota.

Cuando tenía tres años, la hermana de dos años de Brian Jones murió. Hasta entonces su vida había girado en torno a ella. Un año después, su madre devastada tuvo otra hija a la que le dio su amor total. Brian se sintió excluido. Desarrolló un asma terrible y a la edad de 14 años ya había dejado embarazada a su primera novia. Sin embargo, descubrió la música y lo calmó. Por lo menos hasta que tuvo 27. Cada vez menos confiable por las drogas, fue expulsado de los Rolling Stones, el grupo que había fundado. Menos de un mes más tarde se ahogó en su piscina, bajo la influencia de drogas y alcohol.

Jimi Hendrix tuvo una infancia horripilante. Su madre era una chica fiestera adicta a las drogas de 17 años. Su padre estaba en una prisión militar y lo vio por primera vez cuando tenía tres años. Observando que su hijo era zurdo, le dijo a Jimi que debía haber nacido del Diablo. Él y sus tres hermanos fueron desalojados en casas baratas y hoteles hasta que sus padres finalmente se divorciaron. A la edad de 15 años, Jimi encontró un ukelele roto en la basura y desde entonces su vida fue la música, aunque aún caótica. Fue sólo cuando se unió a la banda de apoyo de los Isley Brothers, y luego a Little Richard’s, que encontró disciplina —los músicos no recibían pagos si tocaban una nota equivocada—. Jimi rara vez lo hizo. Destacó, lo que lo llevó a su carrera de solista. Sin embargo, tal vez esa fue su perdición. Liberado de la disciplina y ganando demasiado dinero para su propio bien, regresó al caos de su infancia —más las drogas.

Janis Joplin nació en Texas de padres liberales de clase media, pero fue a una escuela en el lado equivocado de las vías. “Era una inadaptada”, dijo. “Leía, pintaba, pensaba. No odiaba a los n***ers”. Y la molestaban ferozmente. A los 15 años desarrolló un acné profundo en la cara y fue votada como el “chico más feo de la escuela”. Su defensa era enterrarse en la música —y beber—. Para cuando dejó la escuela, ella era una alcohólica.

El padre de Jim Morrison era un militar. Él juró nunca golpear a un niño. En cambio, alineaba a sus tres hijos cada fin de semana y les gritaba. Bajo un sol abrasador o un frío glacial, tenían que prestar atención hasta que cada uno admitiera sus malas acciones de la semana anterior. En una situación así, había poco afecto familiar, por lo que Jim escapó a los libros. Leía con voracidad —Rimbaud, Burroughs, Baudelaire, Cocteau, Ferlinghetti— y escribía poesía. Más tarde, en la escuela de cine, intercambió la poesía por letras de canciones y se unió a The Doors. Sin embargo, debido a que su familia no le había dado base, terminó moviéndose entre novias, trajes de paternidad y drogas, y finalmente sucumbiendo a la heroína en París.

Kurt Cobain comenzó a cantar a la edad de cuatro años. Sus padres se divorciaron cuando tenía nueve, dejándolo desolado, y más centrado en la música que nunca. Al principio vivió con su padre y su nueva esposa, luego con su madre, durante ese tiempo descubrió el punk rock y las drogas. Un primo le advirtió que la enfermedad mental y el suicidio eran comunes en la familia y que si no tenía cuidado, podrían ser su destino. Cuando tenía 15 años, caminaba solo por el bosque un día, cuando se encontró con un cuerpo muerto que colgaba de un árbol —lo que para él casi confirmaba la predicción de su primo.

Amy Winehouse fue criada en un hogar lleno de música, especialmente jazz. Al igual que Cobain, ella fue deshecha por el deterioro de la relación de sus padres. Ella adoraba a su padre, que engañaba a su madre, para lo que no encontraba ninguna razón, a menos que, tal vez, fuera culpa de Amy. Parece que ella cargó con la culpa y trató de cantar su culpabilidad. Luego ella trató de bebérselo en su lugar.

“Estos fueron los seis músicos más conocidos que murieron a la edad de 27 años, pero hay muchos otros, todos con historias similares. Como fueron las narrativas de otras estrellas que han muerto en los últimos años —George Michael, a quien administré cuando estaba en Wham!, Prince, Michael Jackson y Whitney Houston— y de una gran cantidad de artistas que todavía están vivos”, recuerda.

Un par de esos le hablaron en cámara. En sus veinte años, Tom Robinson necesitaba desesperadamente el éxito de la música para validar su vida. Cuando lo logró con, Glad to be Gay, vivió aterrorizado de no poder escribir otro hit. Tanto que durante diez años guardó suficiente veneno en la nevera para suicidarse en caso de que el miedo al fracaso lo dominara una noche.

El trauma de Gary Numan fue descubrir cuando era niño que era autista. Ahora siente que fue una ventaja, dándole la singularidad de propósito que es tan importante para que un artista tenga éxito. Sin embargo, tenía que hacerlo sin comprender la empatía que un público necesita de un artista. Cuando hizo su primera entrevista, mientras el entrevistador estaba hablando, los ojos de Numan vagaron a todas partes, excepto al rostro del entrevistador. El manager de Numan le explicó que no podía hacer eso, que debía mirar a la persona que le estaba hablando. Entonces Numan arregló al entrevistador una mirada de tal intensidad que la persona pensó que Numan lo deseaba muerto. Su manager le explicó de nuevo. Y a partir de ese momento, cada vez que Numan habla con alguien, él los mira, cuenta hasta cinco, mira hacia otro lado y vuelve a contar, luego mira hacia atrás por cinco más.

“Hablando con estas personas, me pregunté cuán lejos está mi propia personalidad del filo emocional con el que viven los artistas. Debe haber una parte considerable de mí que esté cerca, o no los entendería tan bien. Sin embargo, nunca me permití hundirme en ese atolladero emocional en el que todos tan fácilmente caen. Parece que esa es la diferencia entre los artistas y el resto de nosotros”.

Muchas personas entrevistadas dijeron que pensaban que a los artistas les faltaba algo —algún tipo de lógica que podían aplicar a su situación emocional, algún tipo de proceso de protección instintivo que la mayoría de las personas tiene—. Es posiblemente una falla en su corteza cerebral frontal, lo que nos lleva de vuelta al punto de partida. ¿Debería la industria tratar de curarlos, o simplemente ayudarlos a equilibrar esa falla con una carrera comercial en la música?

La respuesta es invariablemente la última. El trabajo de la industria es comercializar los síntomas de la confusión interna del artista y explotarlos para ayudar al artista a tener una vida constructiva y útil.

Y vivir más allá de 27.

 

Traducción libre de Lilith T. Masso.

Una historia de amor y dolor: Amy

 

Por: Cristian Morales Gómez

 

Diluida entre su música y la fama, Amy Winehouse fue artífice de una vida llena de bemoles que oscilaron entre el talento innato de una de las mejores voces en la historia del jazz y los vicios de un mundo seductor, amante de sus logros y escándalos personales. ‘Amy’, el documental de Asif Kapadia, presenta una versión inédita de la contralto británica, donde se puede observar a una chica sencilla agobiada por los fantasmas de su niñez, sin control de sus acciones.

 

La evolución de sus capacidades musicales a lo largo de los años, aunado a la autencidad de sus letras, permitieron a la cantante judía traspasar las fronteras sociales e internacionales, reduciendo cada una de sus interpretaciones a sentimientos universales, conectándose con la naturaleza humana. El filme, proyectado en la Cineteca Nacional, presenta la vida de una mujer embelesada por la música que interpretaba, capaz de transmitir su propia esencia en cada una de sus melodías.

 

Con esa herramienta como estandarte, Winehouse se embarcó en un viaje sin retorno hacia un vórtice sin salida en búsqueda de su identidad y del cariño de su padre, el cual de la noche a la mañana se transformó en una tormenta de drogas, bulimia y alcohol que fulminaron silenciosamente su salud y sus relaciones con las personas que más amaba. La oscuridad la poseyó con prontitud, dejando marcas imborrables en su cuerpo, daños promisorios de un final fatal.

 

De esta forma, Amy, fracturada entre sus crecientes logros y debilidades, buscó la salida de su cotidianidad estupefaciente, dirigiéndose totalmente libre de sicoactivos hacia la noche del 10 de febrero de 2008, fecha en que fue congratulada con el Grammy a la mejor Grabación del Año. Sin embargo, nada valía la pena para la joven londinense, el mundo era demasiado aburrido sin las drogas habituales.

 

Mientras la intérprete regresaba con premura a sus acostumbradas sustancias, la prensa internacional la avasallaba con bromas de su apariencia y decadencia. Aquella chica que fuera la ídolo de millones fue sustituida por una broma constante, a la que pocos respetaban, dando paso a una celebridad con comportamientos erráticos.

 

La segunda mitad de la película muestra la victimización de la imagen pública de la muchacha de 27 años, convirtiendo a la obra en un documental imperdible que mantiene absorto al público en una historia protagonizada por el amor y el dolor.

 

Amy

(Reino Unido-Estados Unidos, 2015, 128 mins.)

Director: Asif Kapadia.

Guión: Asif Kapadia.  Ernesto Herrmann.

Música: Antonio Pinto y Amy Winehouse.

Edición: Chris King. Con: (Testimonios) Yasiin Bey, Tony Bennett, Salaam Remi, Mark Ronson, Peter Doherty, Blake Fielder, Juliette Ashby, Tyler James, Lauren Gilbert, Phil Meynell, Andrew Morris, Blake Wood, Dr. Cristina Romete, Chip Somers, Mitchel Winehouse, Janis Winehouse.

Productor: James Gay-Rees, George Pank.

Clasificación: B.

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