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El soundtrack de la vida – hacia el cover NirvaNot

Hay algo que deben saber sobre mí, y es que soy muy fan de los covers. Para mí un buen cover sucede cuando una banda hace suya una rola, no cuando simplemente la interpreta y suena igual, sino cuando hacen algo distinto, cuando, al pasar de los años no recuerdas de quién era la rola originalmente y se convierte en parte de su repertorio habitual. Además, algunos covers tienen la gracia adicional de acercar a cierto público a otras bandas y descubrir otras grupos y estilos musicales.

Un gran ejemplo es el MTV Unplugged de Nirvana de 1994, primer álbum en vivo y que contiene legendarios covers a David Bowie, The Vaselines, los Meat Puppets y Leadbelly; pero en mi opinión, los arreglos que se hicieron me hace sentir que Nirvana hace covers de Nirvana transformado un sonido naturalmente agresivo en una sesión íntima y en la que los integrantes del grupo se permitieron conversaciones con el público. El mismo Dave Grohl comentó que cuando la banda se decidió a participar, lo hicieron con la idea de hacer un show totalmente distinto a lo que se había visto antes. Las 14 canciones que incluyó el setlist fueron grabadas en una sola toma (algo que también lo hace muy distinto a otros álbumes del tipo) y la banda dedicó dos días a ensayar.

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En esta rara joya podemos ver a un Nirvana más humano, una banda que se toma su tiempo entre rola y rola, que comete errores en las mismas y en los covers las influencias que llevaron a Cobain a ser el rey de una generación llena de resentimiento irracional.

Sin duda el track más celebrado es el cover de ‘The Man Who Sold the World’ de David Bowie, en una ejecución casi perfecta y que abrió los oídos de una legión de pubertos inconformes al White Duke. Este cover es es mi segundo favorito, los arreglos de guitarra, la discreta batería y la voz aguardientosa transforman un clásico frió y calculador en una versión áspera y ruda que ha trascendido a través del tiempo.

 

 

El siguiente track del que les hablaré es ‘Jesus Don’t Want Me for a Sunbeam’ de The Vaselines, una rola que surgió originalmente como la antítesis del himno infantil ‘Jesus Want Me for a Sunbeam’, a lo cual Cobain hace referencia antes de tocar. El acompañamiento de acordeón y violonchelo le dan una personalidad muy especial a esta rola.

 

 

Finalmente, la interpretación de ‘Where Did You Sleep Last Night’, una rola folk que tiene sus orígenes en los 1800 y que ha sido retomada en distintas épocas por artistas como Pete Seeger, Bob Dylan, Dolly PartonLeadbelly (entre muchos otros) y más recientemente Mark Lenegan, versión que inspiró a Cobain para recrear este track, nirvanizarlo y hacerlo sonar tan natural que hay quien cree que es una rola del grupo. En lo personal me siento muy atraído por esta versión y la forma en que grita los últimos versos me atrapa y me desgarra. Incluso Allen Ginsberg compara la versión de Nirvana con la de Leadbelly y la definió como “de gran calidad artística”.

Si no han visto la versión en vídeo de esta presentación, les recomiendo ampliamente que lo hagan,. Tristemente el álbum fue lanzado después de la muerte de Cobain, lo que lo hizo motivo de culto y no nos permitió volver a ver a un Nirvana reinventado, que termina siendo NirvaNot.

 

#SonicArsenal – Observen bien antes de viajar con malas compañías

 

“Cada hombre tiene dentro de sí un parásito que no está actuando en todo a su favor”. Él debía saber muy bien de que hablaba. Novelista beat y poeta, junkie, expatriado, homosexual, ruidoso tirador, inspiración del heavy metal, cabeza del punk-rock, líder de escena, extraño viejo y objeto del director Yony Leyser en el documental ‘William S. Burroughs: A Man Within’, que a 20 años de su regreso al plano aquel lugar dnde se aprende a vivir en silencio, es el mayor recuerdo de tres generaciones, aunque ya no parece vigente en la actualidad.

 

Pasemos un momento por alto el hecho de que la película ‘Kill Your Darlings’ (2013) intentó incoporarlo a la generación 00 y consideró más acertado incluir una canción de TV On The Radio a potenciar la experimentación del jazz en los escritores de la generación beat, olvidemos ese desliz sonoro por el tema central, el incidente que unió a diversos autores y propició que múltiples perspectivas fueran liberadas a lo largo de los años, excepto la de los protagonistas directos, que tras varios intentos no lograron que se publicara su versión a cuatro manos y posteriormente decidieron silenciarla como un trato entre caballeros. Nada saldría a la luz hasta que su personaje central muriera.

 

 

La visión de John Krokidas para ‘Kill Your Darlings’ parte de Allen Ginsberg, que cerró el círculo del asesinato cometido por su amigo Lucien Carr de diversas formas, primero a través de la dedicatoria de ‘Howl’, el poema donde las mejores mentes de una generación son destruidas por la locura, “hambrientas histéricas desnudas”. Posteriormente por medio de cuentos y hasta su biografía, donde describió coloridamente su relación con el rubio de ojos azules, hermoso, brillante, un fascinante personaje que también incendiaba la mente de sus otros amigos en “el círculo de libertinos”, William S. Burroughs y Jack Kerouac.

 

Beats, letras, homosexualidad, drogas, armas, punk, arte, muerte y por un fugaz instante de reflexión revelada, amor. Burroughs sin duda era un hombre de muchas capas, algunas de ellas impenetrables desde sus gestos secos o la distancia que impone ser un icono de la generación beat, tal vez por eso la película que parte de la novela ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ (finalmente publicada en 2008) y ‘William S. Burroughs: A Man Within’ no son intensamente detalladas, son más bien un tributo, pero aún así es un tributo fascinante.

 

Mientras ‘Kill Your Darlings’ parte de una versión más cercana a los hechos reales, ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ es un recuento de los hechos desde dos perspectivas que terminan uniéndose alrededor de una novela de misterio. Will Dennison (Burroughs) y Mike Ryko (Kerouac) le dan un giro al asesinato, no se centran en el incidente, pero nos llevan a través de diversas anécdotas a ese momento. Juntan hechos, los transforman y capturan escenas de comedia e instantes absurdos, logran una larga broma que se convierte en el estilo literario del que ya se impregnaban, desarrollan su voz con capítulos intercalados como un retrato de un segmento perdido de su generación, que en su hervor emergía como algo duro, honesto y sensacionalmente real.

Por su parte el documental, gracias a las grandiosas imágenes de archivo (muchas de ellas muestran su característica voz), nos encontramos con el viejo líder de varias genraciones, los amigos íntimos de Burroughs (al menos tan íntimos como el propio Burroughs lo permitía), con astutas animaciones de alambres se desarrolla cada tema, que de de una forma u otra se van encadenando para entender poco, un poquito, de su obra y su personalidad. Las entrevistas son primordiales, el director John Waters hace un gran trabajo colocando cada pieza del contexto e importancia de Burroughs en el mundo que lo rodeaba. Las conversaciones con Allen Ginsberg también son reveladoras, sus platicas son parte de la mitología beat, algo que podríamos llamar ‘Bill and Al Show’. Yo vería sin duda ese programa.

 

Si todavía recuerdan ese 2 de agosto de 1997 en que una de las voces de aquella generación que reunía drogas, ironías, pasión y desencanto en algún hotel de París, deben detenerse en ‘William S. Burroughs: A Man Within’, un documental que trata de abarcar todos sus encantos a punta de pistola, al menos es suficiente para que los que no lo conocen tanto descubran su conexión con iconos punk como Patti Smith e Iggy Pop, así como su influencia en Sonic Youth, Gus Van Sant y el concepto de heavy metal, además de su fascinación con las armas, las serpientes y el capítulo que desembocó en sus mejores obras, la muerte de Joan Vollmer, esposa de Burroughs que falleció después de un desafortunada combinación de armas, alcohol y William Tell en la Ciudad de México en 1951.

 

 

No crean que descubrirán detalles sobre sus libros o sus poemas, es sobre el hombre y como tal, vale la pena escuchar su ‘Oración de Acción de Gracias’ de 1986 o escucharlo interpretar con tanta peculiaridad la canción ‘Falling in Love Again’ de Marlene Dietrich en alemán.

 

 

‘A Man Within’ definitivamente está lleno de rayones que evocan y dibujan el esqueleto Burroughs y su visión de la humanidad. No sobra ninguna imagen o palabra, incluso quisieras más, pero es obvio que el director no quiere darte todo el interior, se trata de que lo sigas buscando en el exterior de la película.

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