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El circo dejó una cruda de grunge, #Seattle101

En cierto momento de los 90 Seattle parecía el epicentro de todo lo más o menos interesante en la música, la moda, la comida, ustedes nombren algo, seguramente existió más de un pretexto para mencionar la ciudad y enfundarse en la moda que inicialmente respondía al clima. Las múltiples capas de ropa, las camisas de franela y las botas, antes de convertirse en la imagen del género musical que dominó la década, respondían al espíritu de toda una zona que alejada del resto de Estados Unidos encontró la manera de desarrollar su propia identidad.

Sin embargo la historia de los 90 es una de las múltiples consecuencias de la década de los 50, a diferencia de muchos relatos del rock and roll, este no inicia con el blues o el country, sino con un cha-cha-chá, la reinterpretación del ritmo hacia el doo-wop con acento jamaiquino y la apropiación de una canción de 1956. ‘Louie Louie’ es el punto de partida del grunge, es reinterpretada por la escena que circulaba entre Portland, Tacoma y Seattle en la década de los 60, donde emergía la idea de intentar cualquier cosa, hacer el ruido posible, “adaptar todas las fuentes disponibles para hacer que se moviera el espíritu”.

La frase “Let’s give it to ‘em, right now!” no es precisamente el inicio, habían una pujante escena de folk y jazz, pero si fue el detonador para que las múltiples versiones se fueran alejando de la original de Richard Berry, incluso de la fuente de inspiración El Loco Cha Cha Cha de Rene Touzet, ahí están las bases de lo que posteriormente ocurriría con Paul Revere & the Raiders y The Kingsman, dos bandas que surgieron en un paraje frío y desolado donde hasta principios de la década de los 90 tuvo como base las apuestas, el alcohol y la prostitución.

Washington, el que no se parece al otro donde la educación y la política movilizan a todo un país, el de la costa oeste que en 1981 ya mostraba el primer síndrome de Seattle, dónde no había mucho por hacer, más que drogarse y emborracharse. Mediáticamente parecía el lugar donde el cansado rock de los 80 había encontrado una fuga y renovación, recuperando su energía en ese frío lugar al este de Estados Unidos, el constante bombardeo hacía pensar en algo nuevo, pero todo el movimiento se venía gestando desde una década antes, con múltiples facetas antes de poder llegar a la frase del productor Jack Endino: “The circus left town, and the town had a grunge hangover”.

A principios de los 90s, la escena de la música estadounidense cambió irrevocablemente por la explosión de bandas de un pequeño sector de Seattle. Parecía que la programación de las estaciones de radio eran dominadas por Alice In Chains, Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. Pero como toda ráfaga de energía, la explosión pronto se consumió a sí misma dejando una serie de sueños rotos, bandas desilusionadas y una ciudad fastidiada con la sobre exposición.

El próximo jueves 26 de noviembre Rock 101 realiza una nueva expedición a Seattle y la costa oeste de Estados Unidos, dejamos la postura de turista de rock, nos alejamos de la aguja espacial, Microsoft y Starbucks para adentrarnos en la ciudad de muchas capas y eras con el especial #Seattle101, acompáñanos de 10 de la mañana a 8 de la noche.

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