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Vistiendo de negro y todavía cantando Luka

La cantante y compositora estadounidense Suzanne Vega, de 58 años, es mejor conocida por sus éxitos folklóricos de los 80, Luka y Tom’s Diner. Criada en Harlem, Nueva York, tomó por primera vez una guitarra a los 11 años y escribió su primera canción tres años después. Tiene una hija de su primer matrimonio y vive en el Upper West Side con su segundo esposo, Paul, un abogado y poeta. Así se describe:

Normalmente estoy despierta a las 9. Lo primero que veo es a nuestro Yorkshire terrier, Molly. También tenemos un gato. Luchan como, bueno, perros y gatos. Todos los recuerdos de mi infancia son de Nueva York, pero nací en California. Mi madre tenía 18 años cuando me tuvo. Era dos meses prematura y pesaba 2½ libras.

Mis padres se divorciaron poco después de que yo naciera, luego mi madre conoció al hombre que se convirtió en mi padrastro. Era puertorriqueño y me crió como su hija: hablé español, comí comida puertorriqueña… No sabía que mi padre biológico existía hasta los nueve años. Fue un gran shock. Me di cuenta de que las cosas que me habían contado mis amables familiares eran una especie de cuento de hadas.

Una vez que despierto pongo jazz o música clásica y preparo una olla de té inglés fuerte para el desayuno, con tres bolsitas de té. Leo el periódico y hablo sobre lo que está sucediendo con mi esposo. No como nada hasta que el té se acabe, alrededor del mediodía. Entonces puedo comer huevos o arenques en pan tostado.

Originalmente quería ser bailarina, luego, a los 16 años, comencé a tocar música en pequeñas cafeterías y clubes de Nueva York. Estaba nerviosa en el escenario, pero emocionada de poder usar un micrófono y ser escuchada. Finalmente, cuando tenía veintitantos años, obtuve una excelente crítica en The New York Times y todo se volvió mucho más fácil. Bruce Springsteen dijo algo así como: “La gente no viene a verte, vienen a verse a sí mismos”, y es muy cierto. Al darse cuenta de eso, hacer el show es mucho más fácil.

Después de comer, comienzo mi trabajo: hago llamadas telefónicas u organizo mi oficina. Soy budista, por lo que hago mis oraciones dos veces al día, lo que me toma unos cinco minutos, dependiendo de lo que esté orando. Trato de mantener mi cuerpo ágil — el yoga es realmente útil y voy al gimnasio.

No lo adivinarías a veces, pero me encanta la ropa. Al principio de mi carrera, un bajista me prestó su enorme chaqueta de esmoquin, que me quedaba gigante pero me encantaba. Era como una manta de seguridad, podía envolverme en ella. Desde entonces he usado todo tipo de chaquetas negras y usualmente ahora uso una. Mi esposo me propuso matrimonio en 1983, pero nos casamos en 2006. Cuando me preguntó por primera vez, no estaba lista para casarme y teníamos ideas de vida muy diferentes. Venía de una familia adinerada y tenía una visión un tanto romántica de la pobreza, mientras que yo venía de una familia sin nada.

Perdimos el contacto. Me casé con otra persona, pero todavía escribía canciones sobre él. Luego, años más tarde, cuando estaba soltera nuevamente, me invitó a tomar un café y terminé volando a Nueva York para Navidad. Diez días después del viaje volvió a proponerme, esa vez, dije que sí.

Por lo general, tengo un aperitivo alrededor de 3, almendras o algo así. Luego llevamos a Molly a dar un largo paseo por Central Park. Si está a -6C o menos, no salimos, pero si está un poco más caliente, Molly usa un abrigo.

Uso cremas día y noche, pero estoy aterrada de la cirugía. Después de tener a mi hija gané mucho peso, siempre había estado muy delgada y de repente no. No lo perdí por unos 20 años. Cada noche me baño con jabones, velas, aceites y sales. Después me gusta ver televisión o una película con mi esposo. Por lo general, leo durante media hora antes de acostarme.

Estoy muy orgullosa de mis grandes éxitos pop. Me hace feliz interpretarlos porque son significativos para mí y para mi público. Como artista, he aprendido que debes seguir tus instintos. Desarrolla un estilo propio y trabaja en él. Tienes que tener algo nuevo que decir.

Suzanne Vega recorrerá el Reino Unido a partir del 17 de agosto; myticket.co.uk

 

 

Palabras de sabiduría:

El mejor consejo que me dieron No entrar en el negocio de la música. Al final lo hice, pero me alegro de que no comencé con esa ambición.

Consejo que daría Si un camino se siente bien y tiene sentido para ti, síguelo.

Lo que desearía haber sabido Nada. Sé que parece extraño, pero de alguna manera lo descubrí todo

Traducción libre de Lilith T. Masso, tomado de The Sunday Times
Consulta el original: https://www.thetimes.co.uk/article/a-life-in-the-day-the-eighties-pop-star-suzanne-vega-b8mghvcbk?shareToken=05b42e24701111843474fe2f60c56b2f

Stranger Things

Hace un tiempo, dentro del catálogo de Netflix, aparecía la entonces desconocida ‘Stranger Things’ de los hermanos Duffer, quienes antes de eso habían realizado tan sólo dos cortometrajes, un largometraje titulado ‘Hidden’ (2015) sobre el posible final de la raza humana el cual es digno de revisarse, y un intento fallido por adaptar It en una serie televisiva, que terminó en manos de Cary Fukunaga (‘True Detective’, ‘Beasts of No Nation’) y después en las de Andrés Muschietti (‘Mamá’). A esto agreguemos el hype de la década de los ochenta, a Wynona Ryder (una de las consentidas de la época) y un reparto de niños frescos en el ámbito cinematográfico para obtener como resultado uno de los proyectos más exitosos del servicio de streaming y ahora uno de los más ambiciosos.

No por eso la primera temporada era perfecta, teniendo como inconvenientes la indefinición de su público: estamos frente a una serie protagonizada por niños, realizada para jóvenes dentro de la época de una generación en la actualidad adulta; lo que conllevaba que el público infantil no entendiera del todo la trama, el joven no conectara por completo y el adulto simplemente se aburriera.

Además de eso, pareciera que Joyce, el personaje de Ryder, era sólo un simple easter egg de los ochentas, entregando a la madre de un niño que no razona y que más de la mitad de sus diálogos eran entre gritos y llantos, mientras corría de un lado a otro. Sin embargo, estos pequeños factores no fueron barrera para que los espectadores estuviéramos ansiosos por el regreso de Eleven, la vida de Will después de su rescate del Upside Down y de su pandilla en general.

Después de un año nos llega la segunda temporada, la cual trata de resolver todos esos cliffhangers, a la vez de introducirnos nuevos personajes y una nueva aventura: la vida de nuestros protagonistas vuelve a la normalidad, excepto la de Will, quien se enfrenta al “mundo al revés” y al “devora mentes”, una criatura que se aferra en su cabeza.

El mayor logro de esta segunda parte es que los Duffer supieron evolucionar a sus personajes directamente bajo las consecuencias de sus decisiones de la primera temporada, haciendo que tengan una perspectiva general de la situación y no velen por sus intereses. Esto logra que la dinámica como grupo (y en algunos casos como pares) en los nueve capítulos sea ágil, sin olvidar darle profundidad a la historia de sus personajes.

La propuesta visual también es interesante, ya sea en desplazamientos de cámara o en la producción de los sets, que son totalmente fieles a la época, pero no compensan las pocas visitas al Upside Down, ya sea a través de Will al mero estilo de ‘Silent Hill’ o a través de Eleven y sus flashbacks, por los que quedaron enamorados de esta zona podrían decepcionarse.

Por otra parte, desde los pósters promocionales se veía venir que esta nueva temporada sería un desfile de easter eggs sin control: desde ‘Mad Max’, ‘Terminator’, ‘Los Cazafantasmas’, ‘Pesadilla en la Calle del Infierno’, ‘E.T’… Inclusive la selección de Paul Reisner y Sean Astin son referencias a ‘Alien’ y a los ‘Goonies’. ¿Esto hace más disfrutable la experiencia de la serie? Para algunos, para otros podría ser chocante ya que se siente la necesidad de los Duffer de estos guiños para construir su guión, sin verlos como un complemento.

Otro gran desacierto es la necesidad de convertir a nuestros protagonistas en pre-pubertos mal hablados. No se trata de una cuestión políticamente correcta, sino que el elenco de jóvenes estrellas se vuelve unidimensional, desdibujando las pocas  características que los distinguen y dándole de manera indirecta todo el protagonismo a Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin) y Steve (Joe Keery); dejando atrás a personajes como Eleven (Millie Bobbie Brown) y Will (Noah Schnapp), lo cual es peligroso porque ellos deberían llevar el peso de la serie. Se nota a su vez que es influencia directa de Richie, el personaje al que da vida Finn Wolfhard en It, por las que se tomaron estas decisiones de dirección. También la inclusión de Max (Sadie Sink) y Billy (Dacre Montgomery) que pretendían ser misteriosa y espectaculares, con el pasar de los capítulos su fuerza va en declive hasta concluir en un origen típico, dejando al espectador con el sentimiento de que estos personajes no tenían por qué ser. Esto le pesa más a Billy e inclusive a la inmensa criatura que enfrentan los personajes en esta temporada, ya que nunca se siente su peso como antagónicos.

En donde sí peca la serie es en el soundtrack: Desde el uso narrativo, al menos en esta década, que James Gunn le dio a la música en Guardianes de la Galaxia, han salido producciones que han intentado copiar ese molde, unas que lo ameritan (como Baby Driver) y otras que simplemente no lo lograron (como Atómica o la misma secuela de los superhéroes espaciales de Marvel). ‘Stranger Things’ entra en la segunda categoría: cada capítulo tiene como mínimo seis canciones, desde Bon Jovi hasta Queen, que pretenden ser acentos de momentos que en su mayoría no lo merecen, viéndose como un nefasto videoclip que se va por lo denotativo de lo que ocurre en cámara.

A pesar de eso, la continuación de ‘Stranger Things’ es disfrutable pero no goza de lo interesante que era su primera temporada. Es como si estos nueve capítulos (incluyendo el aborrecible número siete) fuesen un puente para la tercera temporada, lo que dará a los hermanos Duffer nuevos obstáculos que enfrentar: además de la expectativa y la presión por parte de los fanáticos, también está el crecimiento (biólogico y artístico) de sus actores y sus nuevos proyectos. ¿Sobreviviremos a un año sin Stranger Things y la excesiva publicidad de sus protagonistas?

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