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El lado B, del lado B de los 80

Mucho más allá del new wave, el synth-pop, new romantic, post punk y death rock que marcaron ciertas pautas muy significativas de la música alternativa de la década de los ochentas del siglo XX, otras trincheras musicales se estaban arriesgando a formular varios caminos que subsistían subterráneamente, los siguientes renglones extraen de aquella memoria algunos trabajos memorables inscritos en esta trayectoria.

Tuxedomoon es uno de esos proyectos que aunque comenzó desde la vena del post punk, poco a poco se fue vistiendo de su personalidad en la experimentación y el avant garde más delicioso de San Francisco, en 1985 edita ‘Holly Wars’ que es uno de sus trabajos más exitosos de su trayectoria y de donde se extrae el tema ‘In Manner of Speaking’ que años después fuese covereado por Martin Gore y Novelle Vague.

Por otro lado, la poetisa, actriz, fotógrafa y experimentadora por excelencia Lydia Lunch; después de su importante aportación al llamado no wave hacia finales de los setenta, continuaría su incansable labor con diversas colaboraciones entre ellas la publicación del Ep en 4AD de ‘The Agony is the Ecstacy’ con The Birthday Party y el mini álbum ‘Stinkfist’ de 1987 con uno de los Bad Seeds, Clint Ruin. Ambos en la más deliciosa solvencia de la improvisación y experimentación.

Mientras tanto en México, la experimentación en los ochenta nos llevaba directamente a lo que se estaba generando de manera independiente y que de alguna manera provenía de aquellas venas de la escuela de proyectos tan importantes como Decibel y Chac Mool; este fue el punk y post punk tardío que se refleja a través de la pieza audiovisual de Nadie es Inocente de Sarha Minter. Por un lado, músicos como Walter Schmidt, Illy Bleeding, Ula Lume y Carlos Robledo con Size y Casino Shanghai con dos discos importantísimos ‘Nadie puede vivir con un Monstruo’ y ‘Film’ respectivamente y por el otro, Javier Baviera y Amaya LTD con Rebeld’ Punk y Sindrome, además de Dangerous Rhythm compartían tocadas y sin duda, uno de los precursores de la experimentación son Oxomaxoma, que iniciaron hacia finales de los ochenta, aunque publicaron su primer álbum ‘En el Nombre de Dios’ en 1990 y que para esa década se enriquecería de otros proyectos que ya no entran en este recuento.

David Tibet, Douglas Pearce y Steven Stapleton son tres personajes que colaboraron y suscitaron tanto desde la experimentación y el llamado neofolk, tres proyectos sumamente representativos Current 93, Death in June y Nurse with Wound (estos dos últimos ya los pudimos ver en México). Este trinomio tiene una larga carrera discográfica hasta nuestros días, algunos álbumes sumamente sórdidos y obscuros y otros trasladándose a una región electroacústica donde la tersura de sus notas nos invitan al existencialismo y a perdernos en las brumosas zonas esotéricas, exploradas sobre todo por Tibet. ‘Nada’ (1985) de Death in June, ‘Earth Covers Earth’ (1988) de Current 93 y ‘Soliloquy for Lillith’ (1989) Nurse with Wound, imprescindibles de ésta década y oportunos para un primer acercamiento

También hacia el cierre de los ochenta en Suecia, Roger Karmanik comienza la Cold Meat Industry, un sello que se encargaría de abrazar a la música experimental, el dark ambient, el neofolk, el noise y el death industrial que estaba abriendo camino desde una trinchera muy discreta casi imperceptible desde aquellos climas nebulosos y lluviosos. Un amplio catálogo sonoro fue el que apoyo esta disquera que el año pasado a tres décadas de trabajo, clausuro sus actividades con un festival de dos días donde se presentaron proyectos tan importantes para esta vena musical como Brighter Death Now, Raison d’etre, Megaptera y Ordo Rosarious, entre otros.

Otro de esos proyectos que marcó una vena alterna musical es sin duda, la banda estadounidense Swans, que desde su primera entrega ‘Filth’ de 1983 llevaría a la música a algo que en ese momento todavía no se denominaba post rock. Michael Gira lidera a este ente que también ya se presentó en nuestro país a través de Nrmal y que también se acercó al neofolk a través del álbum ‘The Burning World’ de 1989. Una carrera realmente sorprendente, la cual se reactivo en 2010 y que lo ha hecho como si trece años de silencio contenido se dejaran escapar desde una maquina de la perfección.

Para no salirnos del camino experimental y de las contaminaciones, a propósito del world beat, el sello belga Crammed Discs con la publicación de sus recopilatorios Made to Measure que en 1984 incluiría en su primer volumen a Minimal Compact, Tuxedomoon, Aksak Mabul y Benjamin Lew, sin duda, se convirtió en uno de los nichos más exquisitos de los años ochenta, que durante los noventa abre sus puertas a músicos balcánicos como Taraf de Haidouks y Balkan Beat Box y hacia este siglo XXI a otros más como Sigur Rós, Juana Molina y Matias Aguayo entre otros, siempre en la permanencia de la experimentación y los amalgamas que en distintos momentos justamente están interesados en desenvolverse en las transformaciones musicales de su momento histórico.

Para cerrar y dejando a muchísimos músicos, disqueras y músicas fuera de este brevísimo texto sobre una memoria a casi cuatro décadas, y a 34 de la concepción rockcientoúnica, la cual es la causante de que afinemos nuestros recuerdos constantemente, no podemos finalizar sin hablar de la vena del concepto industrial (no se confunda con la música electrónica denominada así también) donde varios músicos como el recientemente fallecido Z’ev, que desde los setenta y hasta estos dos miles continuaba trabajando y que formaba parte del cartel del pasado festival Aural, logró consolidar una obra sumamente importante e interesante en estos territorios de la acción sonora.

Por su parte, los alemanes Einsturzende Neubauten, con una amplia discografía, un documental importantísimo realizado por el japonés Sogo Ishii filmado en unas ruinas industriales y publicado también en el álbum del mismo nombre Mensch (1985), son uno de los entes musicales que se han desenvuelto en la experimentación del concepto industrial utilizando martillos, sierras, taladros y otras herramientas como instrumentos, de igual manera, los ingleses Throbbing Gristle precursores del la utilización de samples involucraron el performance y la música en medio de sórdidas imágenes que retaban al público y que realizarán la banda sonora de ‘In the Shadow of the Sun’ de Derek Jarman son considerados una referencia del arte interdisciplinario.

También los ingleses Test Department que grabaron dos de los discos seminales de este género el ‘Ecstacy Under Dures’ de 1982 y el ‘Materia Prima’ de 1989 y que en sus conciertos involucraban maquinaria industrial y finalmente los australianos SPK que de 1978 a 1988 generaron gran expectativa al trabajar en otros plataformas escénicas y que su legado tiene por lo menos un par de piezas imprescindibles el Information ‘Overload Unit’ (1981) y el ‘Leichenschrei’ (1982).

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#SonicArsenal – 4AD, el sello de construcción femenina

 

El primer día de 1980, inició el fast forward resumido en las siglas 4AD, la visión del sonido desde la perspectiva del que se alimentaba con la historia de la música y que al mismo tiempo intentaba crear un nuevo panorama, poco sabía Ivo Watts-Russell que su perspectiva definiría de muchas formas la década de los 80, mucho menos que sería cautivado en numerosas ocasiones por voces femeninas y que estas a su vez determinarían el sonido del sello discográfico.

 

No solo se trata del número de mujeres dentro de 4AD, sino del tipo de voces femeninas que tenían una perspectiva inefable. No era un enfoque de estrellas de pop o de personalidades que pudieran explotarse visualmente, sino sobre la música. Había algo extraordinario en ellas, algo emocional y visceral, algo básico y sin embargo complejo. Aunque algunos criticaron a lo largo de los años que el sello careciera de una consciencia política, debido a su concepto de belleza contagiada a través del oído, de algo no se pudieron quejar: la contribución de 4AD a la visibilidad y la promoción de la mujer.

 

El libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston buscar trazar la historia en tiempos de Ivo Watts-Russell, se va revelando la manera en que esas voces crearon junto con el arte de Vaughan Oliver el concepto 4AD. La energía masculina de Bauhaus, In Camera, Blue Soul y The Birthday Party en los años de formación del sello, lentamente se inclinó hacia un espíritu más femenino y andrógino, “pero atravesado por una racha tenaz (no es de extrañar que los gays se sientan atraídos por 4AD). Ivo no era gay, simplemente estaba hipnotizado por las mujeres – su presencia, la forma, la energía y el sonido. Ningún otro A&R hombre o mujer, ni antes ni después, ha dado tantas oportunidades a las mujeres artistas”.

 

 

La mística de los artistas de 4AD siempre estuvo en la música reforzada por el empaque y el arte de cada material. En su primera década prácticamente era un sello de múltiples capas, necesitabas hundirte en los sonidos y las imágenes para acceder a la noción completa, bajo esa idea de inmersión no resulta extraño que casi todos los que se unieron a la disquera fueran bastante tímidos, en algunas ocasiones hasta eran considerados misteriosos o arrogantes, en realidad era el club de criaturas frágiles de 4AD, incluso cuando muchas de ellas tenían un origen en el punk.

‘Facing The Other Way’ expone que “con el el número de mujeres Ivo logró crear regularmente un ambiente libre de la insensibilidad-alfa macho que habría sido notable en cualquier industria. Para los estándares de la industria de la música, era notable”. Solo en ese ambiente podrían haber surgido y continuado tantos proyectos como The Amps, Belly, The Breeders, Cocteau Twins, Dead Can Dance, Laurie Anderson, Lisa Germano, His Name Is Alive, Lydia Lunch, Lush, Stereolab, Throwing Muses, Xmal Deutschland y el celebrado proyecto colectivo This Mortal Coil, que logró reunir en algunas ocasiones todas esas voces en un mismo espacio.

 

4AD no firmaba bandas de moda, se trataba del buen gusto y un aspecto distintivamente femenino una gran parte del tiempo. Para el final de sus años en 4AD, Ivo había trabajado con veintiséis solistas o bandas con cantantes y músicos femeninos, una proporción similar a la cantidad de artistas masculinos con los que colaboró el sello.

 

Aunque se podría pensar que el estancamiento de sonidos que sufrió 4AD durante años podría haber afectado la inclinación por voces femeninas, curiosamente, el número de mujeres artistas firmados en la nueva era de la disquera coincide con el de Ivo, por lo que ha logrado que las mujeres aún sean visibles en la música contemporánea con nombres tan notables como los de Anni Rossi, Blonde Redhead, Camera Obscura, St. Vincent y Tune-Yards, la única diferencia es que el 4AD del presente es una etiqueta muy diferente, pero todavía logra mostrar el fast forward de la idea inicial.

El suelo es el límite

Cuando “ya no lo hacen como antes” es el momento en el que agradecemos que el rock and roll desde su inicio haya sido una materia prima maleable, que exige evolución constante y requiere para su crecimiento alejarse con cada paso del origen. Tal vez los puristas extrañan el inicio, añoran el sonido que conocían, pero otros apreciamos sumergirnos en las profundidades de las etiquetas para descubrir géneros a través de su acercamiento al punto de partida desde las diferentes desviaciones en el camino. Algunos desprecian las etiquetas, otros descubren que esas mismas clasificaciones sirven para tomar diversas rutas sonoras, unos más nos enseñan que el origen de un género parte de otro lugar.

 

Así como The Echo Nest reunió cientos de clasificaciones para entender la raíz de muchos grupos y un artículo en The Guardianexploró el punto de partida de algunos géneros, descubro a través del libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston una breve pausa en su recorrido por la historia del sello discográfico para revelar el origen del shoegaze, ese mismo que alberga al new wave y el lo-fi en una misma gama. El punto de partida para ésta historia es la búsqueda del dueño de 4AD, Ivo Watts-Wallace, con casi una década formando un sonido para el sello, necesita darle un nuevo giro a la industria:

 

“No fue sino hasta el siguiente año, 1990, que a esta nueva camarilla de bandas parecidas a Cocteau (Twins) y (Jesus and) Mary Chain se les dio una etiqueta – la prensa musical se decidió por ‘shoegaze’, primero se acuñó en una reseña en Sounds sobre la banda Moose. Como el gótico, el shoegaze fue más una crítica que un sonido, basado en la forma en que los músicos jóvenes confiaban en gran medida en los pedales de efectos a sus pies, se vieron obligados a mirar hacia abajo en lugar de enfrentar a la audiencia. Ayudó a ocultar el hecho de que estas bandas no siempre mostraban personalidades agobiantes, vocalistas fuertes y rebosante confianza. 
Para utilizar todos los clichés que rodeaban al shoegaze, el sonido era borroso, narcótico, distorsionado y ondulante, de ensueño, era música escapista desempeñada por estudiantes de la opinión de Ivo sobre la música como un paisaje interior y no un punto de vista articulado. El shoegaze parecía casi la negación de la revolución cultural o musical que sucedía alrededor de esas bandas”.

La etiqueta no tardó en extenderse como un recurso peyorativo en la prensa británica y aunque Moose no se convirtió en el grupo más importante, el género no tardó en mostrar propuestas cuya distorsión brindó una nueva desviación cercana y a la vez alejada del punto de origen, una nueva rama que incluye a Slowdive, Swervedriver, Ride, Lush, Pale Saints y My Bloody Valentine, incluso esa misma calle tiene una bifurcación de herederos de la misma raíz de la que partieron sus antecesores (The Velvet Underground, Sonic Youth, Hüsker Dü, The Chameleons, The Cure, Bauhaus y Galaxie 500) que prefieren utilizar los nombres chillwave o new gaze.

Para ser un género que tenía como único límite el suelo, el shoegaze no ha dejado de sentirse a pesar de la extinción de sus principales actos. Su herencia está más presente que nunca gracias a una versión actualizada, que prácticamente retoma muchos de los elementos de esa generación que liberaba su genialidad al mirar sus zapatos. De ese sonido de mediados de los 80 y principios de los 90, algunas bandas han recuperado el estilo y el sonido tan puro que se despreciaba a sí mismo y resultaba introspectivo, aunque sin una confrontación de sentimientos. La nueva versión, nombrada new gaze (nü gaze para aquellos que se quieran sentir más vanguardistas), surge de los restos y recuerdos de la primera oleada de bandas shoegaze, que después de moverse en diferentes direcciones se convirtió en un culto y la fuente de inspiración para nuevos grupos y nuevas audiencias.

 

El sonido de las guitarras fuertemente procesadas en la mezcla renació con “Ágætis Byrjun” de Sigur Rós. Aunque no es estrictamente shoegaze, el disco mostró muchos de sus elementos típicos y un “nuevo” nivel de exploración sonora que desató a una nueva generación, la cual se ha fortalecido en los últimos cuatro años alrededor de un estilo viejo que sigue pareciendo vanguardista.

 

 

Bandas como Asobi Seksu, Crocodiles, M83, Amusement Parks On Fire, The Fields y Radio Dept. se han enfocado más en los sintetizadores que en las guitarras del shoegaze, pero ha conservado su otra virtud: las voces sometidas en volumen y tono a las capas de sonidos, que otorgan un fuerte sentido de la melodía. A pesar que ninguno de los actos del new gaze y sus seguidores vivió el mejor momento del shoegaze, la nueva generación ha comprendido la fuerza que impedía que los integrantes de Lush, My Bloody Valentine, Slowdive y Pale Saints se movieran más allá del espacio marcado por sus pies.

 

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