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Descubriendo a Patti Smith

Por: Jorge Concha / @mr_conch

La primera vez que escuché a Patti Smith fue con la canción ‘Because The Night’. En su momento no sabía quien era o como se llamaba, fue meses (o tal vez años) después que al escucharla pregunté de quién se trataba. Yo tendría como 10 años.

 

Mas datos recibiría con el pasar del tiempo, como piezas de rompecabezas… ‘Because The Night’ la escribió Patti con Bruce Springsteen, cuando a Bruce lo llegué a ubicar por el disco de ‘Born in the U.S.A.’,  ‘Dancing Barefoot’ sería otro descubrimiento cuando la escuché con U2. Todas estas pistas me hicieron buscar su música y escuchar sus álbumes.

 

Cuando escuché ‘Horses’, su album debut, desde el primer track fue una revelación, un simple circulo de acordes en piano y bajo acompañan una apacible voz de Patti, se iba incorporando guitarra y batería… van evolucionando y acelerando hasta llegar al coro y darme cuenta que ya había escuchado esa canción o se parecía mucho a una de The Doors.

 

El track es ‘Gloria’ y ahora por supuesto sé que la primera versión no fue de The Doors, sino escrita por Van Morrison para su grupo Them en 1964, el mismo Van Morrison la grabaría 10 años despues. The Doors la tocaban en vivo entre 1968 y 1970, pero fue la versión que aparece en el album ‘Alive She Cried’ de 1983 la que yo conocía. Entonces, escuchar la versión de Patti Smith, de 1976, y que la primera parte es composición propia me dejó muy sorprendido por la guitarra rudimentaria de Lenny Kaye y ese espíritu anarquico de Patti.

 

Patti Smith tiene 11 albums de estudio en su haber, pero el primero, ‘Horses’ es el que marcó la llegada de una poetisa al punk, dando vida al art punk o avant punk. Y de ahí surge la escena neoyorquina de la segunda mitad de los 70, grupos como New York Dolls, Television, Devo, Talking Heads, Ramones, Blondie.

 

‘Horses’ ha sido, en mas de una ocasión citado como el primer album punk rock significativo, considerado como pieza clave de este movimiento, y parteaguas entre el punk y new wave. Greg Simpson de Punknews.org llamó al álbum ‘Horses’ “una cruda aún poética rebanada de la escena del CBGB de una mujer que venció a los Ramones en el lanzamiento del primer disco punk”.

Hacer del lenguaje un ritual

Por: Karina Cabrera / @karipunk

Las leyendas cuentan que todo empezó en algún momento de 1976 cuando los Sex Pistols se proclamaron el anticristo, pero ese no es el punto de partida y mucho menos Londres es el epicentro del movimiento, solo es un momento dentro de un relato que ha tenido diferentes facetas y ha permanecido vigente hasta la actualidad.

El punk como género e incluso como revista, surgió a finales de la década de los 60, pero se forjó a principios de los años 70, con importantes conexiones de formación entre grupos de Nueva York, Detroit y Londres, sin embargo hay diferencias claras entre cada uno de esos movimientos, eso que en un principio llamaban de forma peyorativa punk, fue el estilo que provocó el enojo de Patti Smith durante una entrevista, por considerar las preguntas banales y desinteresadas en el fondo de la música.

“Yo tengo un trabajo más duro o más difícil que nadie en ese escenario. ¿Saben lo que hago? Conecto. Hago que la gente se levante. Busco al hombre que no se levanta y lo hago levantarse”, explica el vocalista de Stillwater, Jeff Bebe, al resto de la banda. Como todo lo que hay en la película ‘Almost Famous’, Cameron Crowe obtuvo la idea del recurrente discurso de Bruce Dickinson cuando habla de su labor al frente de Iron Maiden y que continuamente aparece en películas sobre heavy metal. Cierto, pero probablemente es escasa la idea, tal vez es necesario tomar las palabras de alguien más.

Rimbaud dijo que necesitaba un nuevo escenario y un nuevo sonido para crear poesía, prácticamente esa es la idea alrededor del libro ‘Please Kill Me: The Uncensored Oral History of Punk’, algunas ideas son directas, otras deambulan alrededor de los hechos y cada pérdida en la identidad de una generación, sin embargo pocos tienen tan claro como Patti Smith lo que significa ponerse al frente y tratar de revolucionar a una persona a través de sus oídos.

“La representación física de la actuación es más importante que lo que estás diciendo. La cualidad llega a través por supuesto, pero si tu cualidad de intelecto es elevada, y tu amor a la audiencia es evidente, y tienes una fuerte presencia física, puedes llegar lejos en cualquier cosa”, explicaba Patti Smith en el documental ‘Dream of Life’, sin embargo para conocer la intensidad de las actuaciones de la cantante en la década de los 70 prefiero recurrir a William Burroughs, quien al vivir a pocas cuadras del CBGB, se la encontraba constantemente en esos primeros años.

“Verás, Patti empezó como una poeta, entonces se convirtió en pintora, y de repente emergió como una verdadera estrella de rock. Lo que fue extraño, porque creo que ella no habría llegado muy lejos con su poesía o su escritura, solo a partir de cero. Pero de repente, ella es una estrella de rock. No hubo duda de eso”, describe aquel que pasaba largas horas platicando con Smith en la barra del CBGB, recordándole múltiples veces que era gay. Curioso recordatorio para alguien que fue abordada por Allen Gingsberg en una cafetería, le compró un panecillo y alivió su habre tras confundirla con un chico de facciones muy finas.

Patti Smith la que se volvió exitosa escribiendo poemas de rock and roll, al actuarlos, que no eran precisamente obras de genialidad, pero ciertamente eran una especie de poesía que crecía al interpretarla.

La cantante encontró la forma de hacernos reaccionar a sus palabras, por medio de la interpretación, así fue como yo la descubrí cuando al terminar una conferencia de prensa en la casa azul de Frida Kahlo tomó el micrófono para brindarnos una canción de forma planeadamente espontánea, acompañada de forma acústica por su inseparable Lenny Kaye en ‘People Have The Power’ y ‘Wing’ me hizo entender lo que yo había ignorado durante años: la conciencia poética, al hacer del lenguaje un ritual, no se queda estática en el papel.

Historia de un bot sin toalla

Hay bandas que te enseñan a cantar a grito pelado en la madrugada golpeando el volante, Tom Petty and the Heartbreakers es una de ellas, al menos esa es mi primera reacción cuando aparece ‘American Girl’ en el radom de mi reproductor, aunque eso en la memoria colectiva nos lleve a la referencia de una noche en el ‘Silencio de los Inocentes’, en mi caso tiene final feliz, siempre conservo mi piel.

 

Hay grupos que te enseñan a hacer pogo dance como The Jam y The Clash, así como hay otros que te obligan a levantar un puño amenazador en el aire, como Rage Against The Machine y Anti-Flag, pero los que más aprecio son los que me enseñaron a escuchar y me llevaron a salirme de la música para explorar la extensión de las canciones en otros contextos.

 

En Sonic Arsenal de vez en cuando los invito a escuchar con audífonos y cerrar los ojos para descubrir la mezcla y el poder de algunos cortes que remueven las entrañas, un ejercicio que empecé a realizar en la adolescencia cuando apareció el primer discman en mi casa. Armada con unos audífonos empecé a apretar ese botón de dopamina que nos hace repetir constantemente las canciones por la satisfacción que provocan, de forma pausada descubrí que había diversas capas, algunas imperceptibles cuando ponía el disco en el sistema de sonido casero.

 

Desde esa burbuja creada por el ruido de uno, que se percibe extraño desde el exterior cuando se observan los movimientos sin música, empecé a desmenuzar capas con ‘Animals’ de Pink Floyd, que me volaba la cabeza cada vez que aparecía un solo de guitarra, pero también empecé a notar esa serie de sonidos que acoplados de forma perfecta se volvían imperceptibles. Lo mismo me ocurrió con una banda que después me otorgó el gusto por la ciencia ficción de línea enredada pero extremadamente simpática.

 

Conozco a Radiohead como todos, desde ‘Creep’, pero también lo conozco a través de las crónicas de mi hermano en ese concierto de Pachuca y otra ocasión que entrevistando a Camilo Lara me contó la travesía del grupo en su primera vez en México y aquella azotea de Guanajuato donde meditaban lo que le sucedería a la banda. Sin embargo conozco a Radiohead más por las exploraciones resultantes de escuchar demasiado tiempo con audífonos, analizando el arte de Stanley Donwood y los booklets ocultos, siguiendo los experimentos sonoros que fueron creciendo y analizando las letras que me llevaron a leer en varias ocasiones la historia donde levantar el dedo pulgar y acarrear una toalla se vuelve fundamental. Gracias a Radiohead me quedé con Douglas Adams, aunque mi disco favoritos siguen siendo ‘The Bends’, ‘Kid A’ y ‘Hail to the Thief’ (en ese orden).

 

Hay bandas con las que uno se conecta de forma emocional, pero que te obligan a observarlas de forma profesional, pero que debido a la conexión te hacen perder la objetividad, para mi Radiohead es una de esas bandas, la disfruto hasta que me lleva a ese glorioso estado gris que me hace enchufarme con la idea de que toda canción tiene un origen, de ahí salió la idea de realizar una columna en Rock Stage, donde mensualmente conté el contexto y las anécdotas que inspiraron una canción durante casi cuatro años.

 

Ya no escucho Radiohead con tanta frecuencia como lo hacía hace algunos años, incluso me perdí su última presentación en México, sin embargo sigo pendiente de lo que ocurre alrededor de sus integrantes, porqué sigo encontrando inspiración y me vuelven a llevar a donde no he estado, porqué hay bandas que te transportan sin separar los pies del suelo.

#PinkFloyd101, 50 años del lado oscuro de la luna

 

Nos invitaron a platicar sobre Pink Floyd en la radio mexicana, podríamos hacer un viaje corto y hablar directamente del momento de 1968 en que el grupo visitaría México para participar en los eventos culturales en el marco de los Juegos Olímpicos, Radio Capital tocó por primera vez algo de ‘The Piper at the Gates of Dawn’, antes de que la estación agregara el lema de la discoteca de la gente joven (como se hacía nombrar en la década de los 70 y 80), cuando incluía programas progresivos como Estudiantes 1260, sin embargo voy a empezar por otro lado, aquel momento de 1965 donde Sigma 6 entra a Thompson Private Recording Studios a grabar ‘I´m a King Bee’ y ‘Lucy Leave’, un cover y uno de los primeros cortes originales de Syd Barrett que acompañarían al grupo como talismán hasta su consagración en 1967.

Lo que acaban de escuchar fue incluido en un material que acaba de salir en el 2015 como parte de la celebración que ha logrado traer en parte de regreso el aprecio por el vinilo, Record Store Day, pero en su versión Black Friday, se llama ‘Pink Floyd: Their First Recordings’, se trata de un EP que no solo nos hace dar una vuelta completa entre la idea de canción y disco concepto a través de una banda que de alguna forma desconocemos.

Siempre pensamos en aquella banda que tiene grandes ambiciones a través de sus materiales, pero hay que recordar en que época surge, es el momento en que el rock and roll empieza a abandonar la postura de repetición y manufactura continua de covers, empieza el trabajo artesanal y la posibilidad de experimentar, aunque tal como ocurrió con los Beatles, los Stones y The Who, la historia de Pink Floyd parte también del cover, antes de ser una banda psicodélica, era una banda inspirada por el blues que creció en la era del sencillo.

Posiblemente la idea de contener todo en unos pocos minutos parezca difícil, sin embargo la necesidad de ser breve e ir directo al punto cambió junto con los formatos, tanto del disco como el de las estaciones de radio. En algún momento el sonido se expandió con el agregado de pulgadas al vinilo, de las 10” de tres minutos y medio pasamos a las 12” de 4 a 5 minutos.

En otro instante ya no fue necesario engañar al programador alterando el tiempo real de una canción al estilo de Phil Spector con ‘You’ve Lost That Lovin’ Feelin” de The Righteous Brothers, donde solo modificó la etiqueta del álbum para despistar a los disc jokeys. Más adelante la estación de radio de sencillos se orientó hacia el álbum, permitiendo por ejemplo los cortes de larga duración del progresivo, el exceso que nos llevaron de nueva cuenta hacia la brevedad del punk y nuevamente a la radio de sencillos y el destajo de mp3 en la actualidad

Pensando en la elasticidad del sonido, ya sin ceñirse a formatos o exigencias radiofónicas, vuelvo al track, esa idea que parece efímera pero que en su duración alcanza a abarcar todo un concepto, en el caso de Pink Floyd el camino los llevó primero por los covers, luego las canciones originales y posteriormente, como cuenta John Cavanagh en uno de los libros de la serie 33 1/3, el experimento motivado por el dinero y la falta de ensayos, y posteriormente la celebración del momento donde todo parecía posible, cuando los mundos y fuerzas creativas convergieron.

El álbum habló con una voz completamente diferente a la del 21 de junio de 1948, cuando se presentó en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, el primer disco de larga duración (LP) fabricado en resina de polivinilo, un proyecto que estuvo archivado durante mucho tiempo debido a la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, pero cuando Columbia superó los conflictos geopolíticos y logró resolver las dificultades técnicas para concretar el LP — agujas que eran demasiado pesadas, surcos muy amplios, grabaciones excesivamente cortas y una fidelidad de audio que era más hiss que otra cosa — todo cambió.

Tal vez nuestra actual forma de escuchar, aleatoria y con la posibilidad de tener días de música sonando sin interrupciones, pasamos por alto algunas cosas, como el hecho de que ese aumento de tiempo definió todas las posibilidades creativas que motivaron a los músicos de aquella época y que derivaron en la gran era del álbum en la década de los 70, con Pink Floyd incluído y el arte de Aubrey Powell y Storm Thorgerson para Hipgnosis, la creación de la librería de sonidos y efectos que creó Pink Floyd en Abbey Road, la consecuente creación de los estudios Brittania Row y aquellos muros que se levantaron cuando los discos se tocaban en el mismo orden cada vez y el LP dominaba el mercado, músicos y productores prestaron atención a esa continuidad inalterable de canción-canción, fue así como iniciaron la búsqueda de un estado de ánimo o un sentimiento consistente, una continuidad temática, como álbumes concepto.

Con esas evidencias en la mesa y con la larga (gloriosa, creativa y venerable) historia del acetato, vuelvo al grupo, aquel que era contratado para musicalizar los happenings de Londres, refugiados en la oscuridad bajo luces derritiéndose con muy pocas canciones, tan cortas que no les daban la oportunidad de cubrir el set de 25 minutos para el que eran contratados, desenvolviéndose en una psicodelia experimental inicialmente para alcanzar el tiempo mínimo y cobrar sin problemas. Pero esa cuestión económica cambió a partir del primer disco, ‘The Piper at the gates of dawn’ simplemente abrió la ventana de las posibilidades para bandas que al igual que Pink Floyd estaban buscando la expansión del sencillo al álbum concepto, todos al mismo tiempo.

El concepto de álbum está nuevamente en boga en la era digital. Muchos están intentando recuperar lo que significa unir un conjunto de canciones para brindar la ilusión de cohesión, mejorar un montón de cortes con artificio y secuencia para llegar a la unidad temática. Es un álbum, no se trata de sencillos separados que tienen una narrativa individual. Aunque no sea pensado como un álbum concepto, se trata de un rompecabezas diseñado para escucharse en plenitud, algo que claramente hemos perdido en la era del download.

En aquella época en la que surgió Pink Floyd dominaba la misma idea, el sencillo desconectado, fue una era afortunada donde la fábrica de hits se hizo a un lado para dejar pasar a la idea con forma redonda llamada LP. Partimos de la idea del álbum como como símbolo de libertad creativa, la ventana de las posibilidades de un acto a través de una serie de canciones, abriendo programas y la época del AOR (Album Oriented Radio, que tristemente nos dejó ver la polilla cuando se le empezó a nombrar Adult Oriented Radio), el progreso de las bandas en la búsqueda, dejando de ser artesanos del hit a artistas completos.

En los documentales ‘When Albums Ruled The World’ y ‘The Sound and The Story’ se nos muestra una época dominada por la idea concreta, el largo periodo dentro del estudio como una inversión en el arte, la colocación correcta de tracks en secuencia para crear un concepto total y los experimentos para llegar a la idea abstracta, el uso del Long Play como la forma más productiva para balancear una serie de canciones entre lados, donde ya no es sobre el sencillo y su experimental lado B.

También es el momento en el que el estudio de grabación ciertamente es un instrumento, es una época en la que los grupos se niegan a lanzar sencillos, se defiende la integridad del concepto en conjunto. Podría seguir, abordando esa idea y retomar las razones por las que podríamos brindar más de 10 horas de Rock 101 para mostrar la música del grupo, pero mi intención es comentar algo simple: junto con la historia de la radio en México y en el mundo adoptando sin problemas las canciones que excedían el rígido estándar de 2 minutos con 30 segundos, a través de Pink Floyd nos encontramos con la historia de la industria discográfica, la indulgencia de gastar muchas libras en hacer volar cerdos alrededor de Battersea Power Station, el grupo reflejó los errores del exceso que después el punk rechazó, aunque, la verdad… ¿quién no ha soñado con llevarse a su casa un Algie como el que tenemos en este festival de Pink Floyd?.

Radiohead y un pensamiento sonoro

La primera vez que escuche a Radiohead fue por una mera coincidencia del destino y el lenguaje. Recorriendo una tienda de discos, ahora desaparecida, en las ofertas infravaloradas (discos que nadie escucha) me encontré una carátula con un bebé/girasol y la leyenda ‘Pablo Honey’. Compré el disco por una inexplicable reacción al ver mi nombre en un disco extranjero.

 

De Radiohead conocía como muchos ‘Creep’ canción que un tiempo fue un himno entre mis compañeros de escuela: niños clase medieros, alienados, Montessori, con problemas de lenguaje. Era nuestro único referente de la banda y tal vez un poco el símil que hacían de mí y de York por tener, ambos, el párpado caído. Escuché el disco entero y de ahí salía entre muchas joyas crudas ‘Creep’ y al fin encontraba un nuevo sentido a la letra, para ese momento. Leí el booklet, canción por canción, y me sumergí en la textura de las letras, luego en la música como un todo y al final quise más de ellos.

 

Con amigos más grandes de edad (y tamaño) con gustos musicales perversos como Premiata Forneira Marconi, Gong, Magma, Pink Floyd (la etapa ácida y perturbadora del A Saucerfull of Secrets), Oliver Messiaen o la experimentación de Tangerine Dream era poca la música que escuchaba en la radio “juvenil” que lograba meterme en lo que escuchaba y Radiohead sonaba demasiado, sin sentido.

 

Se hablaba mucho de ellos, con tropiezos en lugares comunes robados de páginas especializadas mal comprendidas y nunca tomándolos como un grupo experimental, independiente a gustos y géneros musicales.

 

Las percusiones y el bajo son dos personajes importantes en mi formación auditiva. Para bien o mal crecí con música clásica a diestra y siniestra, metido en clases de composición y orquestación, solfeo, apreciación estética y artística, matemática musical y estos dos elementos eran la columna vertebral de la personalidad de una banda. Radiohead los sacaba del lugar común (de la época) y con inteligencia sonora y musical los trasladaba a un concepto propio. No buscaban emular a otras bandas, al final una honestidad pretenciosa que sólo la genialidad puede manejar.

 

En ese mismo periodo histórico ‘High and Dry’ sonaba con bastante frecuencia en los horarios vespertinos de las ya desaparecidas estaciones de radio. Tanta melancolía contenida en 4:25 minutos no los pude superar sin llorar la primera vez que la grabe en un cassette, y la reproduje hasta memorizarla, luego cada disco conceptual se tornó en un asombro  y confrontación continua con el ser escucha.

 

Desde el ‘Ok Computer’ no puedo escuchar canciones aleatorias de Radiohead, me es imposible separarlas de su contexto, de su útero musical. No son “singles” son piezas interdependientes de un concepto, de un discurso complejo, que además es polisémico, es decir contiene un mundo de posibilidades de apreciación y significados para quien lo escucha. Cada disco es arte por su capacidad de interdisciplinar.

 

Con el ‘Kid A’, me encontré con el diseño gráfico y sonoro, la composición, la matemática electrónica, la naturaleza orgánica de la voz, la lírica, el manejo de múltiples capas sonoras que nunca se invaden, la ingeniería en audio y un sin fin de elementos que podría ser ejemplos para clases de arte y análisis contenidos que me permitieron aventurarme y correr riesgos sonoros. Fue mi puerta de entrada John Zorn y al avant garde actual.

 

Cuando se presentaron en vivo en un estadio me sorprendí y bajo reservas fui; fue una experiencia irreverente, distópica. No había relación con lo que sucedía en el escenario y las gradas, Kraftwerk servía de introducción y no había ninguna reacción en el público, pedían las canciones repetidas mil veces y el ‘In Rainbows’ sonaba lejano sobre una audiencia con oídos de pescado esperando en momento ‘Creep’ de la noche para cantar y desfogarse. Solo bajo el influjo de los audífonos pude transitar por el arcoíris sin volver a esperar verlos en las mismas circunstancias y seguir creyendo que son una de las bandas más grandes, honestas y de genio inagotable en activo.

El circo dejó una cruda de grunge, #Seattle101

En cierto momento de los 90 Seattle parecía el epicentro de todo lo más o menos interesante en la música, la moda, la comida, ustedes nombren algo, seguramente existió más de un pretexto para mencionar la ciudad y enfundarse en la moda que inicialmente respondía al clima. Las múltiples capas de ropa, las camisas de franela y las botas, antes de convertirse en la imagen del género musical que dominó la década, respondían al espíritu de toda una zona que alejada del resto de Estados Unidos encontró la manera de desarrollar su propia identidad.

Sin embargo la historia de los 90 es una de las múltiples consecuencias de la década de los 50, a diferencia de muchos relatos del rock and roll, este no inicia con el blues o el country, sino con un cha-cha-chá, la reinterpretación del ritmo hacia el doo-wop con acento jamaiquino y la apropiación de una canción de 1956. ‘Louie Louie’ es el punto de partida del grunge, es reinterpretada por la escena que circulaba entre Portland, Tacoma y Seattle en la década de los 60, donde emergía la idea de intentar cualquier cosa, hacer el ruido posible, “adaptar todas las fuentes disponibles para hacer que se moviera el espíritu”.

La frase “Let’s give it to ‘em, right now!” no es precisamente el inicio, habían una pujante escena de folk y jazz, pero si fue el detonador para que las múltiples versiones se fueran alejando de la original de Richard Berry, incluso de la fuente de inspiración El Loco Cha Cha Cha de Rene Touzet, ahí están las bases de lo que posteriormente ocurriría con Paul Revere & the Raiders y The Kingsman, dos bandas que surgieron en un paraje frío y desolado donde hasta principios de la década de los 90 tuvo como base las apuestas, el alcohol y la prostitución.

Washington, el que no se parece al otro donde la educación y la política movilizan a todo un país, el de la costa oeste que en 1981 ya mostraba el primer síndrome de Seattle, dónde no había mucho por hacer, más que drogarse y emborracharse. Mediáticamente parecía el lugar donde el cansado rock de los 80 había encontrado una fuga y renovación, recuperando su energía en ese frío lugar al este de Estados Unidos, el constante bombardeo hacía pensar en algo nuevo, pero todo el movimiento se venía gestando desde una década antes, con múltiples facetas antes de poder llegar a la frase del productor Jack Endino: “The circus left town, and the town had a grunge hangover”.

A principios de los 90s, la escena de la música estadounidense cambió irrevocablemente por la explosión de bandas de un pequeño sector de Seattle. Parecía que la programación de las estaciones de radio eran dominadas por Alice In Chains, Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. Pero como toda ráfaga de energía, la explosión pronto se consumió a sí misma dejando una serie de sueños rotos, bandas desilusionadas y una ciudad fastidiada con la sobre exposición.

El próximo jueves 26 de noviembre Rock 101 realiza una nueva expedición a Seattle y la costa oeste de Estados Unidos, dejamos la postura de turista de rock, nos alejamos de la aguja espacial, Microsoft y Starbucks para adentrarnos en la ciudad de muchas capas y eras con el especial #Seattle101, acompáñanos de 10 de la mañana a 8 de la noche.

#Capital101: De la carestía de conciertos al masivo anual

 

La historia de los festivales es bastante larga, sólo basta decir que el concepto se remonta hasta el siglo XVI, donde además de las justas deportivas se incluían competencias musicales de acuerdo al tema elegido ese año, claro que el sonido era bastante diferente en esa época. La mayoría de los festivales, aún algunos que se realizan en la actualidad, son descendientes directos de competencias de música clásica, pero el concepto, las formas y los objetivos provienen directamente de Glastonbury, el padrino de la increíble oferta y expectación que provocan todos los eventos masivos.

 

Algunas de las bases de los festivales se han modificado, al menos ya no existe ese duelo de compositores en nombre de un rey. La posición de la música también ha cambiado, ahora es el centro del festival y el resto de las actividades son atractivos menores y todo eso se debe en parte a Michael Eavis, quien recibirá el Lifetime Achievement Award otorgado por European Festival Awards por ser la fuente de inspiración de todos los organizadores de festivales de los últimos 40 años.

 

A pesar de las grandes aportaciones de Woodstock y las múltiples concentraciones hippies de música de los 60 entre Estados Unidos e Inglaterra, solo Glastonbury logró establecer el espíritu y la organización que le permitieron realizarse año con año, logrando que se vendan boletos aún sin conocer el cartel, propiciando con su estructura que de marzo a octubre en todo el mundo aparezcan pretextos para realizar un festival, haciendo que las épocas de calor y lluvia se presten perfectamente para esas orgías de lodo que casi casi Glastonbury patentó.

 

Al igual que el movimiento de rock and roll crecía en el mundo, en México resonó con la necesidad de organizar conciertos masivos fuera de los cafés cantantes. Conocemos de sobra las manifestaciones de la opresión que impidieron la realización de festivales en nuestro país, las razones por las que la idea se detuvo en Avándaro y continuó con jóvenes refugiados en peñas, hoyos funky y la manera en que durante la década de los 80 el apañón fue una consecuencia del sismo de 1985, de ahí desembocaron diversas manifestaciones culturales que ahora tienen como consecuencia la posibilidad de disfrutar junto a miles de personas de la música en vivo.

 

Tan simple como esperar el lanzamiento de los boletos, una generación creció con la oferta continua de conciertos, mientras otra vivió a la espera de que algo ocurriera (llámese The Police, Miguel Ríos o Rod Stewart), nos encontramos con las Serpientes sobre Ruedas, los breves conciertos en el Polyforum Cultural Siqueiros y la posterior oferta de festivales a partir de 1998 con Vive Latino, desde Creamfields y Sonar hasta Manifest y Corona Music Fest, todos experimentos que lograron sobrevivir un tiempo y que indudablemnte nos depositan en la idea de Corona Capital, cuya sexta edición nos mantendrá ocupados en Rock 101 durante 10 horas, cuando hablemos de masivos, la evolución del festival, el concierto como mejor fuente de expresión de un grupo y nuestras recomendaciones para tomar diferentes rutas que vayan más allá de Muse, Pixies y The Libertines.

 

#12EspecialesMás1

Jueves 19 de noviembre

10:00 a 20:00 horas

#Capital101

Sonido Radical, la nostalgia por el futuro

Dicen que es la música del nuevo siglo, sin embargo nos encontramos con las texturas de carácter electrónico desde el cine silente y los experimentos sonoros en Symphony of a Great City de Walter Ruttman en 1927, incluso cuando Luigi Russolo mostró su manifiesto The Art of Noises en 1913 ya hablábamos de música electrónica.

Pasando por la magia del instrumento de León Theremin y la música concreta de Pierre Schaeffer, sin olvidar la importancia de bandas alemanas como Kraftwerk y Neu!, la música electrónica ha evolucionado a la par de la tecnología y el talento para percibir el ritmo por medios que algunos consideran no convencionales, sin duda es el género que nunca decae, siempre evoluciona.

La música electrónica se trata de la mezcla orgánica de instrumentos con la tecnología emergente desde una visión popular. La revolución generada por el uso del sintetizador, es un ejemplo de la creatividad en colisión con lo tradicional.

Hacer una crónica del movimiento en general, no es tarea fácil, pero en Rock 101 estamos dispuestos a realizar ese exhaustivo recorrido por la música que siente nostalgia por el futuro de la mano del festival que está inspirado por la vanguardia que aún no es reconocida como tal, MutekMX. No te pierdas el especial #SonidoRadical de 10 de la mañana a 8 de la noche en rock101online.mx el próximo jueves 15 de octubre.

Britpop, un verano de siete años

20 años después del momento en el que dicen la música cambió, muchos oídos vuelven a concentrarse en 1994 y los movimientos que se oponían en espíritu. Mientras el grunge nos llevaba desde Seattle a la música sin filtros y sin exceso de spandex del hair metal, la música en el Reino Unido entraba en una nueva etapa que respondía con brillantes armonías al final de la era de la Dama de Hierro.

Junto con la cool britania de Tony Blair y el nuevo gobierno, emergió el orgullobritánico y el britpop como un fenómeno musical que respondía a un gobierno conservador y reunía la energía de una generación que creció en los grises días de Margaret Thatcher.

Recordando el soleado verano que duró más de siete años, rock101online.mxrealizará el próximo 8 de octubre un especial de 10 horas dedicado a la cool britannia, la música de Blur, Oasis, Pulp, Placebo, Supergrass, Suede, Stone Roses, The Verve y los orígenes del movimiento que brindó un indicador de que los tiempos cambiaban: el britpop.

No te pierdas el tercer episodio de la mejor serie de la radio, que ocurre fuera de sus convenciones, 10 horas de puro, total y absoluto #britpop en los #12EspecialesMás1. De 10 am a 8 pm con Pati Peñaloza, Jorge Concha, Karina Cabrera, Hugo Tenorio y Luis Gerardo Salas.

#12EspecialesMás1 – Zepptember

Como todo género, el heavy metal tuvo que salir de algún otro lado, a pesar de que algunos de sus exponentes traten de hacernos creer que su inspiración salió de la nada. Como todo género, se trata de evolución y transformación de sonidos, con grupos que no son considerados como parte del metal, pero que sin duda han sido muy significativos para su desarrollo.

La música clásica fue una gran influencia para el género, especialmente Bach, Paganini, Mozart y Franz Liszt, a quienes el guitarrista Ritchie Blackmore (Deep Purple, Rainbow) debe muchos de sus pasajes más complejos. Otro géneros que aportaron sus bases al heavy metal fueron el blues y el jazz, que dieron su virtuosismo y experimentación a Black Sabbath y Led Zeppelin.

El prototipo del heavy metal fue identificado por primera vez en las canciones ‘You Really Got Me’ de The Kinks (1965) y ‘Summertime Blues’ de Blue Cheer, sin embargo para algunos la primera canción de verdadero heavy metal fue ‘Helter Skelter’ de los Beatles, que para 1968 mostraba un sonido demasiado distorsionado y agresivo para un álbum de pop. Sin embargo cuando Led Zeppelin lanzó su primer álbum en 1969 quedó claro que un nuevo género se había formado.

¿Que más se puede decir de Plant, Page, Jones, y Bonham?, además de que su mezcla libre de blues y rock influyó en varios géneros. Pero, ¿qué hay del heavy metal?, tan sólo basta ver el estilo de Jones como bajista y compositor, agregándole a Bonham pegándole fuertemente a la batería, casi hasta morir. Aunque Page y Plant han tenido éxitos después de la muerte de Bonham y la desintegración del grupo, su aportación lírica y los fuertes riffs de Page no pueden ser negados como influencia en varios grupos inmersos en el metal, por eso afirmamos que es la banda que verdaderamente cambió el rock and roll.

Durante los 70, Led Zeppelin creó todos los clichés de la estrella de rock, rompió récords de conciertos (algunos se mantienen algunas décadas después de su extinción), lanzó una cierta cantidad de discos con claras referencias al pasado, pero asentando cierto futuro, incluso tuvo tiempo para verse inmerso en escándalos con tiburones y mensajes ocultos, como aquel de ‘Stairway to Heaven’ donde “…there’s still time to change the road you’re on” al ser reproducida al revés revelaba de forma casi ininteligible la frase “here’s to my sweet Satan”. Sin el referente, la canción tocada en sentido contrario no ofrece ningún tipo de mensaje, pero después de escucharla varias veces el ruido parece cobrar vida y repentinamente escuchas las palabras, aunque nunca surgen con gran claridad.

En Rock 101 nos tomamos seriamente el mensaje (el que se escucha en la dirección correcta en la que gira el disco), por eso dedicaremos 10 horas de nuestra programación a Led Zeppelin, sus influencias, divergencias y derivados. Con el grupo comenzamos nuestro clásico 12 especiales más un día de muertos, únanse al día de celebración el 24 de zepptember de 2015 de 10:00 am a 8:00 pm.

Sigan los programas en vivo, en cada espacio realizaremos una pregunta, el que conteste todo el cuestionario correctamente y lo envíe primero a [email protected] (entre las 20:00 y 22:00 horas del día 24 de septiembre) se ganará toda la discografía de Led Zeppelin cortesía de Rock 101 y Warner Music.

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