Stranger Things

Fecha de publicación: 22 noviembre, 2017

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Hace un tiempo, dentro del catálogo de Netflix, aparecía la entonces desconocida ‘Stranger Things’ de los hermanos Duffer, quienes antes de eso habían realizado tan sólo dos cortometrajes, un largometraje titulado ‘Hidden’ (2015) sobre el posible final de la raza humana el cual es digno de revisarse, y un intento fallido por adaptar It en una serie televisiva, que terminó en manos de Cary Fukunaga (‘True Detective’, ‘Beasts of No Nation’) y después en las de Andrés Muschietti (‘Mamá’). A esto agreguemos el hype de la década de los ochenta, a Wynona Ryder (una de las consentidas de la época) y un reparto de niños frescos en el ámbito cinematográfico para obtener como resultado uno de los proyectos más exitosos del servicio de streaming y ahora uno de los más ambiciosos.

No por eso la primera temporada era perfecta, teniendo como inconvenientes la indefinición de su público: estamos frente a una serie protagonizada por niños, realizada para jóvenes dentro de la época de una generación en la actualidad adulta; lo que conllevaba que el público infantil no entendiera del todo la trama, el joven no conectara por completo y el adulto simplemente se aburriera.

Además de eso, pareciera que Joyce, el personaje de Ryder, era sólo un simple easter egg de los ochentas, entregando a la madre de un niño que no razona y que más de la mitad de sus diálogos eran entre gritos y llantos, mientras corría de un lado a otro. Sin embargo, estos pequeños factores no fueron barrera para que los espectadores estuviéramos ansiosos por el regreso de Eleven, la vida de Will después de su rescate del Upside Down y de su pandilla en general.

Después de un año nos llega la segunda temporada, la cual trata de resolver todos esos cliffhangers, a la vez de introducirnos nuevos personajes y una nueva aventura: la vida de nuestros protagonistas vuelve a la normalidad, excepto la de Will, quien se enfrenta al “mundo al revés” y al “devora mentes”, una criatura que se aferra en su cabeza.

El mayor logro de esta segunda parte es que los Duffer supieron evolucionar a sus personajes directamente bajo las consecuencias de sus decisiones de la primera temporada, haciendo que tengan una perspectiva general de la situación y no velen por sus intereses. Esto logra que la dinámica como grupo (y en algunos casos como pares) en los nueve capítulos sea ágil, sin olvidar darle profundidad a la historia de sus personajes.

La propuesta visual también es interesante, ya sea en desplazamientos de cámara o en la producción de los sets, que son totalmente fieles a la época, pero no compensan las pocas visitas al Upside Down, ya sea a través de Will al mero estilo de ‘Silent Hill’ o a través de Eleven y sus flashbacks, por los que quedaron enamorados de esta zona podrían decepcionarse.

Por otra parte, desde los pósters promocionales se veía venir que esta nueva temporada sería un desfile de easter eggs sin control: desde ‘Mad Max’, ‘Terminator’, ‘Los Cazafantasmas’, ‘Pesadilla en la Calle del Infierno’, ‘E.T’… Inclusive la selección de Paul Reisner y Sean Astin son referencias a ‘Alien’ y a los ‘Goonies’. ¿Esto hace más disfrutable la experiencia de la serie? Para algunos, para otros podría ser chocante ya que se siente la necesidad de los Duffer de estos guiños para construir su guión, sin verlos como un complemento.

Otro gran desacierto es la necesidad de convertir a nuestros protagonistas en pre-pubertos mal hablados. No se trata de una cuestión políticamente correcta, sino que el elenco de jóvenes estrellas se vuelve unidimensional, desdibujando las pocas  características que los distinguen y dándole de manera indirecta todo el protagonismo a Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin) y Steve (Joe Keery); dejando atrás a personajes como Eleven (Millie Bobbie Brown) y Will (Noah Schnapp), lo cual es peligroso porque ellos deberían llevar el peso de la serie. Se nota a su vez que es influencia directa de Richie, el personaje al que da vida Finn Wolfhard en It, por las que se tomaron estas decisiones de dirección. También la inclusión de Max (Sadie Sink) y Billy (Dacre Montgomery) que pretendían ser misteriosa y espectaculares, con el pasar de los capítulos su fuerza va en declive hasta concluir en un origen típico, dejando al espectador con el sentimiento de que estos personajes no tenían por qué ser. Esto le pesa más a Billy e inclusive a la inmensa criatura que enfrentan los personajes en esta temporada, ya que nunca se siente su peso como antagónicos.

En donde sí peca la serie es en el soundtrack: Desde el uso narrativo, al menos en esta década, que James Gunn le dio a la música en Guardianes de la Galaxia, han salido producciones que han intentado copiar ese molde, unas que lo ameritan (como Baby Driver) y otras que simplemente no lo lograron (como Atómica o la misma secuela de los superhéroes espaciales de Marvel). ‘Stranger Things’ entra en la segunda categoría: cada capítulo tiene como mínimo seis canciones, desde Bon Jovi hasta Queen, que pretenden ser acentos de momentos que en su mayoría no lo merecen, viéndose como un nefasto videoclip que se va por lo denotativo de lo que ocurre en cámara.

A pesar de eso, la continuación de ‘Stranger Things’ es disfrutable pero no goza de lo interesante que era su primera temporada. Es como si estos nueve capítulos (incluyendo el aborrecible número siete) fuesen un puente para la tercera temporada, lo que dará a los hermanos Duffer nuevos obstáculos que enfrentar: además de la expectativa y la presión por parte de los fanáticos, también está el crecimiento (biólogico y artístico) de sus actores y sus nuevos proyectos. ¿Sobreviviremos a un año sin Stranger Things y la excesiva publicidad de sus protagonistas?