¡Soy ñero!

Escrito por: Gerardo Jiménez

Fecha de publicación: 11 febrero, 2019

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Ñero… En estos tiempos que se buscan definiciones nuestra lengua chilanga está llena de palabras y conceptos que sirven no solo de código territorial, sino que nos hacen propios del barrio, dejando atrás esas épocas de discriminación por el lenguaje y vestimenta.

Un ejemplo es esa letanía viral del “Vaya, vaya Tacubaya y si no sabe mejor ni vaya…”, ya hasta los hipsters hicieron propio ese juego de palabras ñero… No hay falla, aunque no sea de Tacubaya.

Es por eso que conceptos que antes eran una referencia de menosprecio y referencia de marginalidad, podrían ir perdiendo peso, ahora, son los menos que se ofenden porque les llamen ñeros, guarros o raspas y existen más que lo hacen propio con un sentido de camaradería, de código de unión, que siempre ha sido así entre la banda, la cuadra, los cuates, pero también lo era para los fresas y estratos pudientes como sinónimo de ofensa y de clase social.

El propio Martín Caparrós, periodista y escritor, quien estuvo de visita hace unos días en la Ciudad de México y entre otros asuntos acompañó a la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum a un centro comunitario de la Alcaldía de Azcapotzalco, ya que se encuentra haciendo una serie de “crónicas sudacas”, hizo un análisis el 4 de febrero publicado en The New York Times, de lo que para él es el ser un sudaca y desmitifica y acepta con un cierto orgullo ser sudaca.

Dice Caparrós que la palabra sudaca es relativamente nueva: nació en los ochenta y en Madrid —que se creía muy movida—. Entonces era común formar palabras con ese tipo de sufijo: se decía cubata para decir un cuba libre, mensaca para mensajero, masoca para masoquista, bocata para bocadillo y siguen firmas. Sudaca vino en esa banda, y el gran Francisco Umbral ya la recogía en su Diccionario cheli (1983): decía que se empezaba a decir sudaca o sudoca para hablar de esos sudamericanos —mayormente Cono Sur— que habían llegado a España en esos años; muchos, corridos por sus dictaduras. Ese mismo año una reputada banda de rock gallego, Siniestro Total, sacó un tema que anduvo bien y se reía con gracia: “El sudaca nos ataca”. Y nadie se ofendía.

Dicen que fueron barras bravas del Real Madrid y el Barcelona los que empezaron a usarla como insulto, y lo lograron: muchos ahora creen que lo es. Incluso la Real Academia Española, que, como los periodistas, suele llegar tarde al lugar equivocado, se lo cree. Los estudiosos lo llaman resemantización: darle otro sentido al mismo vocablo. Pero las palabras no tienen más sentido que el que muchos quieren darles.

Aquí la palabra ñero, cobro auge a finales de los setenta y principios de los ochenta, en barrios y colonias como Tepito, Pensil, Santa Martha Acatitla, Peñón de los Baños, Tlalcoligia, entre otras, sin duda todo un código dentro de la banda juvenil de Los Panchitos en Álvaro Obregón.

Un concepto muy de la mano y de bandera de rockeros como Alejandro Lora, Charly Montana o el Jinete, por citar.

Al buscar la definición de ñero en la Real Academia Española, no existe. “La palabra Ñero no está registrada dentro del Diccionario”, Solo se sigue encontrando como adjetivo despectivo: “vulgar, que no tiene educación”. Colombia y Venezuela también utilizan esa palabra con el sentido de identidad de los que son de la calle. Es momento de hacerla más nuestra, de darle un valor sin golpes de clase, de ser ñero, para todos.

Por eso, de aquí soy, y soy ñero.