Sinfonías para cine noir

Written by on 29/06/2018

En la edad adecuada leí La Tumba, de José Agustín, Gabriel es un cretinito clasemediero bastante simpático, estudiante de la UNAM y con la vida hecha un desmadre. Algunos de los momentos mejor narrados están enmarcados por la música de Lohengrin y a pesar de que lo había escuchado de niño, fue el momento de entrar a la música de Herr Wagner. El preludio al primer acto de Lohengrin tiene la poderosa virtud de crear atmósferas casi etéreas, irreales de algún modo, en las que todo es bello y perfecto y luminoso e irresistiblemente encantador.

Las tramas sonoras se entretejen delicadamente, poco a poco en las cuerdas, suave y serenamente, imbuyéndonos en una atmósfera delicada, cristalina y muy luminosa; la música no nos habla ya del héroe, heredado de semiolvidadas tradiciones medievales, nos habla a un nivel más personal, prometiéndonos momentos perfectos de tranquilidad e iluminación; eso y una buena copa de vino hacen maravillas.

Lohengrin podemos entenderlo como el parteaguas de la obra wagneriana, donde comienza a abordar la composición de una manera personalísima, llevando el concepto de idea musical a nivel altísimo, que le llevará a proyectar a la ópera como el espectáculo total, libreto, música, escenografía y todo aquello que se involucre en la representación de la obra debe ser atendido y planeado por el compositor. Ya en una etapa más madura y dentro de la etapa de la tetralogía o ciclo del Nibelungo, Sigfrido representa los más altos valores del hombre, pero es un hombre que también sucumbe al amor.

 

 

Ideada en un principio para una pequeña orquesta de cámara, Herr Wagner compone el Idilio de Sigfrido como una obra íntima, dedicada a su esposa que amaba profundamente y dedicada a su hijo Siegfrid –adivine el porqué del nombre– en alguno de sus cumpleaños; si bien la música, contextuada, mantiene una elocuencia narrativa, escuchándola aislada uno se encuentra delante de una obra encantadora, los pasajes sonoros están llenos de dulzura, construidos hábilmente con los muchos colores orquestales de cuerdas y maderas y que nos introducen a un ambiente apasionado –aunque convencionalmente contenido, no va bien que el héroe magree a la doncella en público– cálido e íntimo, hay una particularidad deliciosa, la música se desarrolla de una manera tan delicada que por un momento pierde uno la noción del tiempo, mucho o poco, uno se encuentra raptado por el encanto.

La Modernidad Mediática, el capitalismo rapaz y el desarrollo de la tecnología en el siglo XX ha resultado en una circunstancia que es difícil ver, el ser humano se ha hecho más perezoso, tanto física como intelectualmente; hace cien años Stravinski transformaba el mundo de la música académica, hoy tenemos los Grammys. Todo esto viene porque Korngold es considerado el último niño prodigio de la música, compositor precoz y con una obra grandiosa.

 

 

A raíz de las Guerras Mundiales, su acercamiento a Hollywood fue definitivo, por lo que fue criticado en los círculos de la música seria –su papá incluido, pues era crítico musical– pues consideraban la música cinematográfica como un arte menor, cuando no un desperdicio de talento, sin embargo la música de Korngold está muy lejos de ser algo fútil; después de realizar muchas composiciones para la industria cinematográfica regresa a la tradición musical de sus orígenes y compone su única Sinfonía, una obra en la que nos encontramos ante muy diversos escenarios sonoros, por un lado es evidente la influencia de la tradición sinfónica germana lo mismo que la gran influencia del Romanticismo, que aunque ya está completamente demodé sigue influyendo grandemente a músicos del siglo XX como Rachmaninoff o Kachaturian; por otro lado encontramos la creación magistral de ambientes dramáticos y contrastantes, como de cine noir, donde el suspense es la constante y la acción transcurre con gran vitalidad; es inconfundible el sello de los años 30 y 40 en las atmósferas narrativas de la sinfonía que, de alguna manera, ya define un estilo que influirá profundamente en los músicos cinematográficos de décadas posteriores e incluso hasta en los minimalistas.

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Con este excelente programa termina la Segunda Temporada de Conciertos de la OFUNAM, Wagner aunque no es de mis favoritos, la selección de estas dos piezas fue muy atinada y por supuesto, otro gran acierto es la ejecución de la Sinfonía de Korngold que difícilmente es posible escucharla en vivo. La orquesta bajo la dirección del maestro Gasançon que se ha convertido muy merecidamente en uno de los favoritos de esta sala ¡Excelente trabajo! Regresaremos por ahí de agosto con las nuevas aventuras de la bellísima OFUNAM así que mientras reciban un cordial saludo y nos leemos pronto.

OFUNAM Programa 8 Segunda Temporada 2017

Sylvain Gasançon, Director Huésped

Preludio del Acto I de Lohengrin

Idilio de Sigfrido

Richard Wagner (1813–1883)

Sinfonía en Fe Sostenido Mayor, opus 40

Erich Wolfgang Korngold (1897–1957)


Rock101

Segunda Odisea

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