Se cumplen 18 años del 9/11, lo que la CIA no quiere que sepas

Escrito por: Luis Acosta

Fecha de publicación: 11 septiembre, 2019

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Este miércoles 11 de septiembre se cumplen 18 años del atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York (EE.UU.). Tal día hace 18 años, el mundo sufrió un atentado islamista, el mayor atentado terrorista de la historia, que dejó un total de 3.000 muertos.

El 11 de septiembre de 2001, diecinueve hombres secuestraron cuatro aviones comerciales estadounidenses cargados de combustible que se dirigían a varios destinos de la costa oeste. En total 2.977 personas fueron asesinadas en la ciudad de Nueva York, Washington y a las afueras de Shanksville, Pensilvania. El ataque fue orquestado por el líder de al Qaeda, Osama bin Laden. Al menos eso es lo que se cuenta.

Desde entonces ya han pasado 18 años, pero el atentado sigue estando muy presente. Cada 11 de septiembre, muchas son las personas que recuerdan este evento que paralizó el mundo. Mientras que algunas recuerdan dónde se encontraban cuando se enteraron de la noticia, otras se agarran a diferentes teorías conspirativas para dar sentido al ataque.

El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”. En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe”.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo. Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas. Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza. No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Mientras tanto, y a pesar de que ya han pasado casi dos décadas desde que tuviera lugar el suceso, todavía continuamos descubriendo nuevos detalles sobre el mismo. Hace apenas unos meses, Jason Scott publicaba en su cuenta de Flickr más de 2.400 imágenes de la Zona Cero después de los ataques de Nueva York. Unas fotografías, tomadas por un obrero varias horas después del suceso, que fueron recuperadas de un CD que salió a subasta el pasado mes de junio.

Todavía quedan muchas dudas a nivel político sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, resolverlas sera casi imposible, pero como vemos a lo largo del tiempo, han salido más respuestas a la luz. Quizá algún día sepamos toda la verdad.