Rita, el rompecabezas que le hacía falta a la pieza

Escrito por: Alejandra Aviles

Fecha de publicación: 4 septiembre, 2018

Categoría:

Hubo un periodo idílico hacia finales de la década de los ochenta en el que en ese México oculto, repleto de misterio, violencia y represión, comenzó a gestarse lo que pintaba como una nueva ola impulsada por jóvenes que gustaban del reventón y del rock, pero también del arte hecho en México, de esa misma manera nos encontramos con Rita Guerrero a través del documental.

Ya hemos hablado hasta el cansancio del misticismo ochentero que nos hace creer que al menos esa década en nuestro pasado fue mejor. La libertad flotaba en el aire, esa ligera idea de poder hacer lo que se deseaba también era un poco mágica, pues era la primera generación que, probablemente, tenía los medios para hacerlo. Ese México potencia mundial que se materializó por un instante tan efímero del que hoy solo quedan afortunadamente, un mal sabor de boca, una enorme deuda insoldable, una cicatriz imborrable, una brecha en la cultura aún abierta, las posibilidades y nuestros recuerdos.

También podría interesarte: El lado B, del lado B de los 80

  • El personaje real materializado en la ficción

De esa bella época cortamos un fragmento igual de hermoso llamado Rita Guerrero. Un fragmento que de tan hermoso, no sé si lo vivimos o lo soñamos.

Nacida en la perla tapatía, la perla de la familia Guerrero fue Rita, la menor de once hermanos. El señor Guerrero, fue un reconocido trompetista que impactó en su descendencia otorgándoles el don de la artisteada, así, Rita y algunos de sus hermanos tomaron el camino de la música y las artes como un estilo de vida siendo muy jóvenes aún.

Superada su crisis adolescente, Rita decide irse a la Ciudad de México y comenzar a arder como el cuásar que estaba destinado a ser.

A partir de este momento, comienza una de las historias más bonitas que han contado las crónicas mexicanas, que nos cuenta de la vida de una mujer que vino al mundo a iluminar a su paso todo lo que tocaban sus manos, cual alquimista moderna.

  • El arte es la intención humana de volver al paraíso arrebatado”

O al menos eso es lo que sugiere el profesor y amigo de Rita, quien cuenta la primera impresión que tuvo de ella como alumna la que describe como inolvidable.

Luego de haber visto Rita, el documental, me quedó una pregunta en la cabeza: ¿Debería de importarnos a los receptores de una obra de arte el contexto personal del autor? ¿Si el o la artista son asesinos, violadores, drogadictos, maltratadores, o bien, activistas, humanitarios y en esencia buenas personas? ¿El contexto personal del autor influye en nuestra manera de percibir su obra?

Pensé en la inmensa cantidad de personajes que a pesar de tener pasados oscuros, líos legales o personales, su obra logra prevalecer, destacar y trascender. Basta echar un vistazo al pasado de cualquiera de los Rolling Stones o los escritores de la Generación Beat o de Bob Dylan, Andy Warhol, Woody Allen, Scott Weiland tan solo por mencionar algunos, que son casos notables en los que la obra superó sus antecedentes. El de Rita, no es necesariamente un pasado oscuro, pero como el todo ser humano, esta lleno de matices y claroscuros que, dentro del universo que la conforman, merece y debe ser recordado.

La historia revive al personaje de Rita Guerrero a través del coro de voces reunidas por Arturo Díaz Santana en Rita, el documental, quienes de forma cronológica consiguen reconstruir dignamente al personaje que logra materializarse en la ficción. Rita rebelde, Rita estudiante, Rita actriz, Rita cantante. Rita intensa, Rita inmensa, Rita ardiente. Rita controladora, Rita autoritaria. Rita iluminada, Rita zapatista, Rita espiritual. Rita madre, Rita enferma, Rita vivo recuerdo. Uno a uno, compañeros de escuela, ex parejas, amigos, músicos, colegas, amigos y amigas, profesores, hermanos y su sobrina van colocando pedacito a pedacito esa parte de Rita que sabíamos que existía pero que no conocíamos.

También podría interesarte: Banda sonora 101: cine rock mexicano

Fue tan poderosa su influencia que hoy hablamos de su insaciable talento que se multiplicó en numerosísimas facetas, hablamos de su capacidad histriónica, de su disciplina como líder de Santa Sabina, de su eterna búsqueda espiritual, de su pasión por la música barroca y del eco que aun suena de su voz. Hemos librado la discusión alrededor de su belleza física y de su vida personal. Hoy hablamos de Rita Guerrero, ese fuego incandescente que ardió tanto que consiguió autoinmolarse, así lo describe Poncho, bajista de Santa.

También podría interesarte: Santa Sabina: nostalgia tras 7 años sin Rita

Arturo Díaz Santana, al terminar de ver la biopic de Bob Marley tuvo una revelación digna de compartir con Aldo Max Rodríguez, ex integrante de Santa y pareja sentimental de Rita. Un motivo, un cómplice y mucho corazón son la materia prima inicial para poner en marcha este homenaje póstumo que sin pensarlo, de pronto es un documento histórico que guarda testimonio de una de las figuras más grandes que ha dado el arte mexicano.

Opera prima de Díaz Santana que reúne 28 testimonios y 68 fuentes institucionales que con apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y algo de polvos mágicos de Fondeadora, ya ha logrado presentarse en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en su edición número 33 y en la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género.

Emotiva, brillante, íntima y elocuente resulta este homenaje que servirá para nunca pasar por alto la relevancia de un personaje como el que fue Rita Guerrero. Esta obra resulta entonces el rompecabezas que le hacía falta a la pieza al soundtrack en español de nuestras vidas.