#PinkFloyd101, 50 años del lado oscuro de la luna

Written by on 16/12/2015

 

  • Participación en el ciclo de conferencias en el Festival de Pink Floyd en el Centro Nacional de las Artes

Nos invitaron a platicar sobre Pink Floyd en la radio mexicana, podríamos hacer un viaje corto y hablar directamente del momento de 1968 en que el grupo visitaría México para participar en los eventos culturales en el marco de los Juegos Olímpicos, Radio Capital tocó por primera vez algo de ‘The Piper at the Gates of Dawn’, antes de que la estación agregara el lema de la discoteca de la gente joven (como se hacía nombrar en la década de los 70 y 80), cuando incluía programas progresivos como Estudiantes 1260, sin embargo voy a empezar por otro lado, aquel momento de 1965 donde Sigma 6 entra a Thompson Private Recording Studios a grabar ‘I´m a King Bee’ y ‘Lucy Leave’, un cover y uno de los primeros cortes originales de Syd Barrett que acompañarían al grupo como talismán hasta su consagración en 1967.

Lo que acaban de escuchar fue incluido en un material que acaba de salir en el 2015 como parte de la celebración que ha logrado traer en parte de regreso el aprecio por el vinilo, Record Store Day, pero en su versión Black Friday, se llama ‘Pink Floyd: Their First Recordings’, se trata de un EP que no solo nos hace dar una vuelta completa entre la idea de canción y disco concepto a través de una banda que de alguna forma desconocemos.

Siempre pensamos en aquella banda que tiene grandes ambiciones a través de sus materiales, pero hay que recordar en que época surge, es el momento en que el rock and roll empieza a abandonar la postura de repetición y manufactura continua de covers, empieza el trabajo artesanal y la posibilidad de experimentar, aunque tal como ocurrió con los Beatles, los Stones y The Who, la historia de Pink Floyd parte también del cover, antes de ser una banda psicodélica, era una banda inspirada por el blues que creció en la era del sencillo.

Posiblemente la idea de contener todo en unos pocos minutos parezca difícil, sin embargo la necesidad de ser breve e ir directo al punto cambió junto con los formatos, tanto del disco como el de las estaciones de radio. En algún momento el sonido se expandió con el agregado de pulgadas al vinilo, de las 10” de tres minutos y medio pasamos a las 12” de 4 a 5 minutos.

En otro instante ya no fue necesario engañar al programador alterando el tiempo real de una canción al estilo de Phil Spector con ‘You’ve Lost That Lovin’ Feelin” de The Righteous Brothers, donde solo modificó la etiqueta del álbum para despistar a los disc jokeys. Más adelante la estación de radio de sencillos se orientó hacia el álbum, permitiendo por ejemplo los cortes de larga duración del progresivo, el exceso que nos llevaron de nueva cuenta hacia la brevedad del punk y nuevamente a la radio de sencillos y el destajo de mp3 en la actualidad

Pensando en la elasticidad del sonido, ya sin ceñirse a formatos o exigencias radiofónicas, vuelvo al track, esa idea que parece efímera pero que en su duración alcanza a abarcar todo un concepto, en el caso de Pink Floyd el camino los llevó primero por los covers, luego las canciones originales y posteriormente, como cuenta John Cavanagh en uno de los libros de la serie 33 1/3, el experimento motivado por el dinero y la falta de ensayos, y posteriormente la celebración del momento donde todo parecía posible, cuando los mundos y fuerzas creativas convergieron.

El álbum habló con una voz completamente diferente a la del 21 de junio de 1948, cuando se presentó en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, el primer disco de larga duración (LP) fabricado en resina de polivinilo, un proyecto que estuvo archivado durante mucho tiempo debido a la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, pero cuando Columbia superó los conflictos geopolíticos y logró resolver las dificultades técnicas para concretar el LP — agujas que eran demasiado pesadas, surcos muy amplios, grabaciones excesivamente cortas y una fidelidad de audio que era más hiss que otra cosa — todo cambió.

Tal vez nuestra actual forma de escuchar, aleatoria y con la posibilidad de tener días de música sonando sin interrupciones, pasamos por alto algunas cosas, como el hecho de que ese aumento de tiempo definió todas las posibilidades creativas que motivaron a los músicos de aquella época y que derivaron en la gran era del álbum en la década de los 70, con Pink Floyd incluído y el arte de Aubrey Powell y Storm Thorgerson para Hipgnosis, la creación de la librería de sonidos y efectos que creó Pink Floyd en Abbey Road, la consecuente creación de los estudios Brittania Row y aquellos muros que se levantaron cuando los discos se tocaban en el mismo orden cada vez y el LP dominaba el mercado, músicos y productores prestaron atención a esa continuidad inalterable de canción-canción, fue así como iniciaron la búsqueda de un estado de ánimo o un sentimiento consistente, una continuidad temática, como álbumes concepto.

Con esas evidencias en la mesa y con la larga (gloriosa, creativa y venerable) historia del acetato, vuelvo al grupo, aquel que era contratado para musicalizar los happenings de Londres, refugiados en la oscuridad bajo luces derritiéndose con muy pocas canciones, tan cortas que no les daban la oportunidad de cubrir el set de 25 minutos para el que eran contratados, desenvolviéndose en una psicodelia experimental inicialmente para alcanzar el tiempo mínimo y cobrar sin problemas. Pero esa cuestión económica cambió a partir del primer disco, ‘The Piper at the gates of dawn’ simplemente abrió la ventana de las posibilidades para bandas que al igual que Pink Floyd estaban buscando la expansión del sencillo al álbum concepto, todos al mismo tiempo.

El concepto de álbum está nuevamente en boga en la era digital. Muchos están intentando recuperar lo que significa unir un conjunto de canciones para brindar la ilusión de cohesión, mejorar un montón de cortes con artificio y secuencia para llegar a la unidad temática. Es un álbum, no se trata de sencillos separados que tienen una narrativa individual. Aunque no sea pensado como un álbum concepto, se trata de un rompecabezas diseñado para escucharse en plenitud, algo que claramente hemos perdido en la era del download.

En aquella época en la que surgió Pink Floyd dominaba la misma idea, el sencillo desconectado, fue una era afortunada donde la fábrica de hits se hizo a un lado para dejar pasar a la idea con forma redonda llamada LP. Partimos de la idea del álbum como como símbolo de libertad creativa, la ventana de las posibilidades de un acto a través de una serie de canciones, abriendo programas y la época del AOR (Album Oriented Radio, que tristemente nos dejó ver la polilla cuando se le empezó a nombrar Adult Oriented Radio), el progreso de las bandas en la búsqueda, dejando de ser artesanos del hit a artistas completos.

En los documentales ‘When Albums Ruled The World’ y ‘The Sound and The Story’ se nos muestra una época dominada por la idea concreta, el largo periodo dentro del estudio como una inversión en el arte, la colocación correcta de tracks en secuencia para crear un concepto total y los experimentos para llegar a la idea abstracta, el uso del Long Play como la forma más productiva para balancear una serie de canciones entre lados, donde ya no es sobre el sencillo y su experimental lado B.

También es el momento en el que el estudio de grabación ciertamente es un instrumento, es una época en la que los grupos se niegan a lanzar sencillos, se defiende la integridad del concepto en conjunto. Podría seguir, abordando esa idea y retomar las razones por las que podríamos brindar más de 10 horas de Rock 101 para mostrar la música del grupo, pero mi intención es comentar algo simple: junto con la historia de la radio en México y en el mundo adoptando sin problemas las canciones que excedían el rígido estándar de 2 minutos con 30 segundos, a través de Pink Floyd nos encontramos con la historia de la industria discográfica, la indulgencia de gastar muchas libras en hacer volar cerdos alrededor de Battersea Power Station, el grupo reflejó los errores del exceso que después el punk rechazó, aunque, la verdad… ¿quién no ha soñado con llevarse a su casa un Algie como el que tenemos en este festival de Pink Floyd?.


Rock101

Segunda Odisea

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