Patti Smith

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 20 enero, 2016

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El rompimiento total del esquema misógino que definía al rock ’n roll. Sin pretensiones revolucionarias o contestatarias que buscaran la creación de un movimiento “liberador”, la aportación de Patti Smith irrumpiendo en el mercado de la música, específicamente en el rock ´n roll, es transformadora.
En medio de un panorama musical que continuaba proyectando a la mujer como un objeto de admiración estética o como un objeto portador de voz sobresaliente, Patti Smith se presenta en una portada fotografiada por Robert Mapplethorpe -quien, para los que no lo conozcan, es el fotógrafo mas provocador de nuestros tiempos- vestida de manera casual, como ella lo define, escandalizando a las buenas conciencias con una camisa masculina, corbata, y completamente desgarbada, contrastando brutalmente con las ideas aceptadas en el establishment de 1975 como Deborah Harry, Stevie Nicks, Donna Summer, Minnie Ripperton.
Sin necesidad de mayor desafío que el mentón ligeramente levantado, Patti Smith inicia desde esa portada y, tengo la teoría que desde el nombre, ‘Horses’, una autoflagelación poética cruda que a lo largo del álbum va a liberar de los cajones a los que había sido confinado el rol femenino, y de paso, en una asimilación de sonidos acordes con la fiereza de las letras y de la estética sin compromisos mas que el despertar los sentidos de forma estrepitosa del barbie doll world, metamorfosea la música para crear un sonido rudo, que favorece el efecto, el impacto, el escándalo, por sobre el cuidado estético que era en si una forma de alineación al status quo. Nace una nueva mujer, nace una nueva idea musical.
Patti Smith, en complicidad con John Cale y Mapplethorpe absorben los olores, los colores, la estética ruda y sin concesiones de un Nueva York decadente, apestoso, de una violencia estética derrumbada, que la mirada asaltada de la joven avecindada en New Jersey, hija de testigos de Jehovah, transforma en imágenes cotidianas que describe con una poesía igual de agresiva que el concreto de alcantarillas vaporosas del lower east side.
Mas cerca de ‘Midnight Cowboy’ que de ‘Breakfast at Tifanny’s’, Patti Smith es la vividora, la sobreviviente de las calles, de la disciplina castrante de la religión que convierte la ansiedad del encierro conceptual, de roles, en poemas estridentes envueltos en impactos sonoros perfectamente descuadrados, desafinados, que abren la puerta a una geometría musical desarticulada, desapegada del cuatro por cuatro convencional. Una autentica revolución.
“Jesus died for somebody’s sins but not mine” abre la puerta contestataria de esa revolución de groseros, “pelados”, despectivamente llamados punks por aquellos que sentían sus valores agredidos. Algo se estaba rompiendo y resultaba intolerable para muchos, los wasps, los trumps de entonces, los conservadores que habian visto como uno de los suyos había traicionado la presidencia de los Estados Unidos que en sus caras una mujer se atreviera a blasfemar, a desmaquillarse, a tirar el pedestal de virgen adorada que le tenia reservada la industria.
Era demasiado. Y entonces, en respuesta, le gritan a ella y a sus seguidores ¡punks!, “gamberros, vándalos”, insulto que es repetido despectivamente por la media invadida por unos domesticados Fleetwood Mac, James Taylor, Paul Simon, America y que comenzaba a vislumbrar el gran negocio que serian Barry White, Donna Summer, Gloria Gaynor.
Punks como un insulto descalificador que, en una gran revolución estética de inteligencia poética, la conexión colectiva que en un grupo de artistas, universitarios, intelectuales, músicos, logro el desparpajo natural que seria adoptado por una nueva generación contestataria, se convertiría en el nombre de un movimiento que redefiniría e influiría la música, seria el motor destructivo de la plástica estética boom boom de finales de los setentas y generaría una ola imparable de sucias virtudes cuya influencia sigue hasta el día de hoy.