OFUNAM Programa 6 Tercera Temporada 2017

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 14 noviembre, 2017

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La Tierra es un lugar mágico, toda ella y los seres que la habitan están imbuidos de magia y energía sin embargo, el ser humano en algún momento dejó de percibir esa magia, aunque siempre ha habido espíritus que se han encargado de recordársela. Kikimora es una mujer que pasa el día escuchando historias mágicas en voz de un gato sabio, los gatos casi siempre son sabios, mientras que en las noches se divierte incordiando a sus vecinos humanos, revolviendo las casas, abriendo los corrales o anunciando alguna desgracia a la familia, poniéndose en la entrada de la casa hilando con su rueca.
 
Liadov crea su poema sinfónico homónimo basado en este personaje, en el cual, a través de un estupendo trabajo orquestal brillante y sólido, describe dos atmósferas diametralmente distintas con texturas sonoras impecables, la primera es sombría y misteriosa como el interior de una caverna musgosa, calentada por un pequeño hogar, llena de relatos fantásticos, infusiones herbales y sopita de pollo; la otra describe un mood casi pueril, travieso y brillante,  donde Kikimora se divierte enormidades, obviamente, a costa de sus humanos, revolviendo sus cosas, soltando a los animales y haciendo tal ruido que nadie podría conciliar el sueño, tranquilamente.
 
La Viola tiene una voz ronquita que me resulta altamente seductora, imposible no enamorarse de la calidez de su voz y sin embargo no hay un repertorio muy grande de obras que la tengan como solista. El Concierto para Viola y Orquesta de Bartók, su última composición, viene muy bien a conformarse como una de las grandes obras del repertorio de la viola; es una obra compleja, con muchas cosas a considerar, la inevitable identidad húngara de su música aparece aquí con una fuerza tremenda, sonoridades agitanadas, magyares y ásperas, que representan un reto para la viola, un reto satisfactoriamente vencido, el discurso solista es exuberante, la declaración del individuo que se afirma políticamente desde la identidad de su pueblo y se mantiene orgulloso de su origen en una tierra ajena y se hace escuchar entre los ecos de una Europa triste y sola, destruida, sin embargo, en esta afirmación, el ser también se llena de gozo y así lo expresa, el discurso sonoro se convierte en una cadencia dancística intensamente sensual, expresando la alegría por la vida, la inmensa alegría de estar vivo y ser consciente de ello.
 
En la vida diaria difícilmente nos damos cuenta de lo importantes que son las circunstancias climáticas en nuestro actuar aunque ellas determinan nuestra dieta, vestimenta, rutinas y no sé, quizá hasta nuestro erotismo o cuando menos, la forma en la que lo vivimos. El punto es que sólo los pueblos que padecen inviernos especialmente crudos son conscientes de la importancia del frío y la nieve en sus vidas.
 
Yo no conozco la nieve y sinceramente, fuera de dar un corto paseo en una nevada, no se me antoja mucho conocerla, sin embargo, mi tío Pete en su Sinfonía No. 1 plasma la belleza de los paisajes invernales de su natal Rusia; quizá no puedo imaginarme el frío en toda su intensidad pero sí puedo echar a volar la imaginación y encontrarme cabalgando por caminos rurales recién nevados, acompañando el trineo en el que va mi enamorada, los débiles rayos del sol matutino que convierten la nieve en un collage de azules, grises, magentas y amarillos; abetos que forman bosquecillos, ráfagas de aire que cortan los cachetitos y llenan mi pecho de vida; el temor a la tormenta y la oscuridad, donde permanecer fuera de resguardo significa una muerte casi segura para animales y viajantes; el calor del hogar en una posada, el aroma del té, el calor del primer trago de licor –vodka no porque me cae pesadísimo–, el mirar el paisaje nevado desde la seguridad del refugio, los aires que nos traen rumores de árboles agitados, de bestias vagabundas y aromas salvajes, resinosos, indefinibles.
 
Esta música es así, espléndida, brillante, suntuosa, donde describe la belleza natural del invierno ruso, los temas principales son alegres y joviales, aunque en el desarrollo de la obra también crea momentos álgidos, angustiantes y difíciles, pero imbuidos de una calidez que nos da la seguridad del refugio doméstico.
 

 
La obra crece en cada uno de sus movimientos y encontramos que prefiguran pequeñas citas de algunas obras posteriores como el Vals de las Flores o del Lago de los Cisnes y después de un crescendo brillante, el final es verdaderamente imponente, con todo el poder y la belleza de la orquesta total. Esta sinfonía es sin duda, una de las más grandes obras de la muy suntuosa música rusa del siglo xix.
 
Un concierto que disfruté enormemente, en especial de Kikimora y la Sinfonía de mi tío Pete, que puestas en conjunto crean un ambiente rico y exuberante, que sirve de marco ideal a la magyaridad del Concierto para Viola del siempre interesante Bartók que la señorita Zemtsov interpretó de forma magnífica bajo la batuta del maestro Quarta, acompañados de la hermosísima OFUNAM.
 
OFUNAM Programa 6 Tercera Temporada 2017
Massimo Quarta, Director Artístico
Dana Zemtsov, Viola 
 
Kikimora
Anatoly Liadov (1855–1914)
 
Concierto para Viola y Orquesta, Sz 120
Béla Bartók (1881–1945)
 
Sinfonía No. 1 en Sol Menor, opus 13,Enseños Invernales
Piotr Ilyich Tscheikowski (1840–1893)