OFUNAM Programa 5 Tercera Temporada 2015

Escrito por: Juan Dimas Cordova

Fecha de publicación: 19 octubre, 2015

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Este Concierto para Violonchelo bien se puede considerar uno de los más grandes conciertos de la historia y por supuesto, el más grande para el instrumento y es que es una obra fascinante que tiene muchos elementos que la hacen especial y particularmente hermosa. Como muchas obras, tiene raíces en el dolor, la muerte de un ser amado; la música es nostálgica, suave, a veces sombría; el discurso del cello es emotivo, como quien platica muchas anécdotas y llena el relato de imágenes que no ofrecen una narración sino un collage de escenas y que va creciendo hasta ser algo grandioso.
Por momentos, el discurso del cello se convierte en una canción, con un marco magnífico de la orquesta, en otros, es la orquesta la protagonista o también por familia de instrumentos, las cuerdas o las maderas, todas ellas tienen su momento de lucimiento, hay también diálogos hermosos entre instrumentos como el violín o la flauta y el cello y todo esto le da una riqueza increíble a la obra, que a lo largo de sus tres movimientos tiene muchos matices, desde la melancolía hasta el gozo divino, poderoso.
La Cuarta Sinfonía, como sucede con las sinfonías pares de Ludwig van, tiene ese gran encanto que las caracteriza, un discurso más personal, más íntimo y, en este caso, muy jovial. No es deslumbrante y sin embargo va generando una energía poderosa, encantadora, que festeja la vida; los pequeños temas que la componen se van sucediendo de forma exquisita, temas inequívocamente beethovianos que se van hilando delicadamente, sin esfuerzo, armónicamente y que van armando un discurso que el hombre declara para sí mismo, casi sin reflexionar en el otro, sin tomarlo en cuenta, como quien se cuenta algo que no le ha quedado claro y necesita explicárselo.
Necesita escucharse para entenderse, sé que es difícil, pero a veces todos necesitamos envolvernos en esa grata disertación de uno mismo y para sí. Así pues, esta sinfonía está llena de discursos nobles, brillantes y sinceros, pues ¿Qué hay más sincero que un hombre que ha dejado de mentirse a sí mismo? Es sólo a través de la apreciación consciente del arte que el hombre puede dejar atrás todo aquello que envilece su alma.
 

Es de destacar lo llena que ha estado la Sala Nezahualcóyotl en todo este año, es un gusto que cada vez más personas acudan al gran espectáculo de la música. Es también un verdadero placer escuchar las interpretaciones de la OFUNAM con el maestro Diemecke en la batuta pues aparte de ser un gran artista, su don de gentes y su natural simpatía siempre hacen muy grata su presencia; también es de agradecer que, haciendo a un lado esa horrorosa costumbre por la cual los directores no hablan con el público, el maestro Diemecke toma el micrófono y nos habla y nos dice y nos explica lo que para él es la obra que vamos a escuchar, es un gran gesto que hace sentirnos, a nosotros como auditorio, más involucrados con el grandioso espectáculo que es la música académica, en verdad es un detalle que se agradece. El maestro Cedillo en una estupenda interpretación del concierto de don Toñito, el cual no está exento de dificultades pero que destacó sobre todo por su gran emotividad, un verdadero virtuoso del cello. ¡Grandioso!
OFUNAM Programa 5 Tercera Temporada 2015
Enrique Arturo Diemecke, Director Huésped
Ildefonso Cedillo, Violonchelo
Concierto para Violonchelo y Orquesta en Si Menor, opus 104
Antonín DvoÅ™ák (1841–1904)
Sinfonía No. 4 en Si Bemol Mayor, opus 60
Ludwig van Beethoven (1770–1827)