OFUNAM El Aleph, Festival de Arte y Ciencia Tercera Temporada 2017

Escrito por: Juan Dimas Cordova

Fecha de publicación: 25 octubre, 2017

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El arte, fuera de los lugares comunes, es algo tan subjetivo como la vida misma. A lo largo de la historia ha habido artistas que, en su momento, han roto los cánones estéticos imperantes, a veces para bien, a veces para mal. De la Singularidad IV es un ejercicio sinfónico que retrata, a mi muy personal entender, una de las características más deplorables de nuestra sociedad moderna, la basura del consumo, en mayor o menor medida, todos estamos condicionados a consumir y desechar.
 
¿Qué pasa después con estas cosas? Una buena fábula sería la de una orquesta de animales que usan nuestra basura para interpretar música; así, el percusionista elabora un discurso sonoro difícil de apreciar, sonidos y secuencias abstractas provocadas con instrumentos musicales y materiales de desecho, tubos, guijarros, cinchos de plástico y un variado etcétera, con un marco orquestal demasiado abstracto; en el discurso creativo actual se pondera la visión del arte sobre las ciencias pero si las matemáticas tuvieran un valor estético, serían arte y no sólo ciencia, es necesaria una traducción estética –por llamarla de algún modo– para que nos cause placer a la generalidad.
 
La suite sinfónica Los Planetas es un precioso muestrario de los diversos caracteres humanos pues, contrario a lo primero que se nos puede ocurrir, no es una música inspirada en la astronomía sino en la astrología y la forma en la que los astros determinan el carácter y aun el destino del ser humano; así, Marte es la imposición del poder a través de la guerra; Venus la expresión más acabada de la belleza; Mercurio la curiosidad y el conocimiento; Júpiter, el joven bullanguero y poderoso; Saturno la vejez amarga pero sabia y Neptuno, entre gris y azulverde, contemplativo, cuyo conocimiento trasciende los misterios de este mundo.
 

 
Recordemos que el pensamiento occidental en el siglo XIX era muy proclive al misticismo y al estudio de las culturas antiguas y esta música fue concebida teniendo aquellas ideas en mente, sin embargo, en el siglo XX, con un pensamiento más cercano a la ciencia y la tecnología, esta música encontró un camino, casi natural, para proyectar la magnificencia del cosmos y dado que su poder expresivo es enorme, nos encontramos con una música que, literalmente, nos provoca asomarnos a la vastedad del Universo.
 
Como lo reza el dicho, en gustos se rompen géneros y es que no hay nada más sano que escoger libremente lo que a uno le plazca. Tuve la fortuna de vivir algunos años –enriquecedores en verdad– en Oaxaca y descubrí que hay un ambiente artístico grandioso que ni en la Ciudad de México se vive y sin embargo también entendí que después de Rodolfo Morales, Oaxaca se llenó de pintamonos. Este comentario va en función de que la oferta artística a veces se contamina de las tendencias artísticas del momento, si alguien empieza a dibujar monos y esos monos tienen un discurso estético propio, por supuesto que es arte, sin embargo, a esto siguen las réplicas trendy; un músico como John Cage hizo una propuesta artística genial, tan genial que se agotó en sí misma, no da para más, por lo absurda, lo abstracta que puede resultarnos a muchos, así, la escuela que deja está viciada desde su nacimiento, la idea original, de tan original, se agota a sí misma, se resuelve y punto final; el discurso artístico que tiene como base el absurdo difícilmente comunica algo interesante a todos y digo a todos porque el arte debe ser un producto social, de otra manera es una anécdota.
 

 
Bajo la premisa de que si tienes que explicar el chiste, no es chiste, si tienes que explicar el arte, no es arte, en fin, estas son mis elucubraciones solamente y este soliloquio es derivado de la propuesta musical del maestro Baca; suelo ser un ávido escucha de propuestas contemporáneas, sin embargo, esta vez sólo pude pensar en basura, las cuerdas en algún momento generaron un zumbido como de moscas lo que terminó por resultarme repulsivo, aunque lo digo claramente, no denuesto la obra, simplemente no me gustó. Por otro lado, el placer que me provoca la suite de Los Planetas es tan grato como el erótico o el comer chocolate, la belleza expuesta de forma brutal.
 
La OFUNAM hermosa como siempre, con una excelente ejecución de ambas obras y con el plus de haber proyectado imágenes de los planetas de nuestro sistema solar, presentadas muy ad hoc a la música, por cortesía del Museo Universum. Cabe destacar la actuación del Coro de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música en el Neptuno de la suite, esas voces angelicales provocan un ambiente poderoso y etéreo, algo hermosísimo en verdad.
 

 
OFUNAM El Aleph, Festival de Arte y Ciencia Tercera Temporada 2017
Sylvain Gasançon, Director Huésped
Iván Manzanilla, Percusiones
Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música
Patricia Morales, Directora Coral
Video Los Planetas producido por Museo Universum
 
De la Singularidad IV
Ignacio Baca Lobera (1957)
 
Los Planetas
Gustav Holst (1874–1934)