Los del PRI nunca entendieron que no entendieron

Escrito por: Daniel Lizarraga

Fecha de publicación: 22 abril, 2018

A unas horas del primer debate entre candidatos a la Presidencia de México, cada vez queda más claro qué alentará a la gente para salir a las urnas el próximo domingo 1 de julio. La más reciente encuesta del Grupo Reforma –publicada el pasado miércoles- reveló que para 59 por ciento de las personas consultadas lo más importante será sacar al PRI de Los Pinos y 76 por ciento de los entrevistados desaprobó cómo está haciendo su trabajo el Presidente Enrique Peña Nieto.
La gente está enojada, inconforme; eso es lo que mantiene a Andrés Manuel López Obrador en la cima de las preferencias electorales. Los resultados de la encuesta del Grupo Reforma han sido contundentes; no es la personalidad, ni las propuestas.
El candidato y líder del Movimiento de Regeneración Nacional  (Morena) lleva un 48 por ciento sobre un 26 por ciento de Ricardo Anaya (abanderado de esa extraña mezcla entre la derecha y la centro-izquierda) porque la gente quiere sacar al PRI de Los Pinos.
Quizá por ello los ataques y las críticas contra López Obrador por sus radicales propuestas contra la construcción del nuevo aeropuerto en la Ciudad de México o respecto a dar marcha atrás la reforma educativa se han estrellado con pared.
A juzgar por el resultado la referida encuesta , los spots contra López Obrador promoviendo el miedo entre padres de familia porque puedan terminarse los beneficios de la reforma educativa no inciden –hasta el momento- en las preferencias electorales. Por arriba de cualquier bala de plata contra el candidato de la izquierda, está la desaprobación del Gobierno de Enrique Peña Nieto.  Esto es lo que en realidad mantiene en el fondo, en el tercer lugar de las encuestas, con un lejano 18 por ciento a José Antonio Meade.
El PRI demoró 12 años en regresar al poder y todo apunta a que perderán en las urnas a menos, desde luego, que ocurra una catástrofe con López Obrador. Por ello el debate del próximo domingo será importante. Para nadie sería una tontería pensar que todos los candidatos, incluida la independiente Margarita Zavala, se lanzarán al cuello del candidato de la izquierda.
La pregunta será si López Obrador aguantará los embates sin salirse de sus casillas; estamos ante su tercera candidatura consecutiva y, en las dos anteriores, su lengua lo traicionó.  En las elecciones de los años 2006  y 2012,  explotó ante los spots. Cómo olvidar ese “cállate chachalaca” lanzado contra al ex presidente Vicente Fox. “Al diablo con sus instituciones”, gritaba en sus mítines.
Las dudas sobre detener el nuevo aeropuerto o incluso parar la reforma energética pesarían más en contra de López Obrador, sino fuera por ese enojo contra el Gobierno de Enrique Peña Nieto y quien ha logrado capturar esa rabia ha sido el dueño de Morena.
Desde el Gobierno Federal, paradójicamente, parecen empeñados en hundir a Meade en el tercer lugar:  La Procuraduría General de la República (PGR) informó que la investigación del caso Odebrecht –el mayor escándalo de corrupción en América Latina- no está cerrada porque todavía faltan diligencias en el extranjero. Seis meses antes, Raúl Cervantes, dejó la propia PGR pero avisó públicamente que el expediente estaba cerrado, listo para enviarse a algún juez. ¿Quién mintió? Difícil saberlo.
Al día siguiente, la Secretaría de la Función Pública(SFP) difundió un escueto comunicado de prensa (así son ahí cuando se ha tratado de cosas importantes), ventilando una nueva inhabilitación a Odebrecht para no participar en licitaciones oficiales por dos años y seis meses. Además, informó que dos de sus representantes en México, incluido su ex director, Luis Meneses Weyll, fueron multados.
Esto parece una mala broma o una burla. Luis de Meneses Weyll está convertido en un delator ante la justicia brasileña y, en una de sus confesiones, dijo haber entregado millones de dólares en manos del ex director de Pemex, Emilio Lozoya, justo cuando éste formaba parte de la campaña de Peña Nieto.
Al brasileño no le preocupa regresar a México, tiene cuentas que atender en su país; de hecho, el propio gobierno mexicano tiene los suficientes datos para saber que él se fue, tranquilamente, poniendo todas sus cosas en un barco, sin que nadie lo molestara.
El Gobierno de Peña Nieto ha apostado por sancionar al gigante de la construcción brasileño y guardar en un cajón la investigación que podría tener vínculos con personajes de la política.  No puede saberse que pasará con esos expedientes en caso de un cambio de gobierno, pero en otros países como Perú y Brasil tomaron decisiones distintas.
Primero aceptaron un acuerdo con Brasil para no sancionar Odebrecht ni a sus ejecutivos, a cambio los testimonios y, sobre todo,  de los documentos, las pruebas en contra de sus políticos posiblemente involucrados en el escándalo. En México, no se aceptó ese trato: la constructora brasileña ya fue castigada por irregularidades en contratos con Pemex, pero sin duda sus cómplices podrán ir a votar  el próximo 1 de julio.
¿A lo largo de casi seis años en el gobierno todavía piensan que la gente no se da cuenta de lo que pasa? Creo que debería mirar con detenimiento la reciente encuesta del  Grupo Reforma.