Devorados por un monstruo cultural

Written by on 25/12/2017

Por. Salvador Cañas

Aquellos que ya vivimos en el cuarto piso de nuestra existencia, ya somos acreedores a la designación de la vieja escuela, venimos creciendo, aprendiendo y absorbiendo las riquezas culturales legadas por nuestras generaciones anteriores, aquellas que también nosotros llamamos la Old School.

De frente al espejo actual en el desarrollo pleno de aquello que solíamos denominar ciencia ficción, en un momento de hartazgo de información, nosotros fuimos participes y testigos de este animal creado por las necesidades de una ciudad, de un país hambriento de actividad cultural.

Hacia el cierre de este 2017, sabemos que es imposible para cualquiera; escuchar todo lo que quisiéramos, ver todo el cine en exhibición, visitar la totalidad de las exposiciones que nos interesan, acudir al llamado de todos los conciertos que los amantes de la música no nos queremos perder, revisar la infinidad de series que en las distintas plataformas están disponibles, en fin.

Festivales de música, cine, artes tradicionales y audiovisuales, gastronómicas y de culturas ancestrales, exhibiciones, presentaciones en directo, series de televisión tradicional y streaming, publicaciones escritas impresas y digitales, ferias del libro, programas de radio abierta y digital; simposios ecológicos, tecnológicos, científicos, sociales y artísticos entre otros rubros; todo eso y más sucediendo en la ciudad más grande del mundo. Actividad cultural diseñada para una población hambrienta, para un público cautivo y conocedor y también para los denominados nuevos públicos.

Esta amplia oferta cultural ha llevado a la Ciudad de México y a su público a ser considerado uno de las sedes geográficas más importantes del globo terráqueo en cuanto a su denominación como un nodo de actividades artísticas, culturales y de entretenimiento, nuestro país es un destino obligado para grandes encuentros e intercambios de ideas, reflexiones y críticas constructivas en una infinidad de campos no solo sociales, sino también científicos y tecnológicos, no parece plantear un límite sino por el contario continua en la búsqueda de nuevas experiencias.

Visto de esta manera y también mucho más allá de la cultura pop: Las manifestaciones subterráneas y las expresiones denominadas de nicho, también han encontrado un creciente flujo de actividad a través de eventos, encuentros y presentaciones especializadas, donde esos públicos más minuciosos y sesudos han sido otro espectro de este monstruo en constante movimiento, transformación y crecimiento.

Esta lectura de la actividad cultural de nuestro país y en específico de la que se realiza en la Ciudad de México durante este año (como consecuencia de la fluidez de esta historia), por supuesto que vislumbra la expansión de la vida del arte y la cultura, subraya la creciente movilidad de las masas y pequeños sectores al encuentro con ella y entonces, hasta dónde llegaremos en la posibilidad de tantos sectores en búsqueda de encuentros, hasta dónde llegaremos en la generación de espacios de divulgación, exhibición, convergencia y discrepancia.

La actividad cultural en la recta final del 2017, nos ubica en la reflexión de los excesos y la insaciabilidad imperante, que visto desde el terreno de la creación, por supuesto que es un aliciente, un emanante de corrientes creativas en pleno desenvolvimiento, y en expansión, lo cual nos obliga a concluir en la concientización de que éste ambiente cultural tan vivo nos esta comiendo, nos esta devorando, nos quedamos demasiado cortos ante su esplendor; toda una vida no será suficiente para absorber un alto porcentaje de lo que deseamos, conocer, saber y experimentar, simplemente debemos continuar seducidos para ser devorados por este monstruo cultural de actividades que hemos creado como la sociedad enmarcada en los modelos del siglo XXI.


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