México vs España

Escrito por: Luis Gerardo Salas

Fecha de publicación: 29 marzo, 2019

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Es preocupante la polarización provocada. La creación de un nuevo frente en la confrontación entre mexicanos provocada por la inexplicable demagogia en turno. De la nada, llevar al diálogo nacional el asunto del perdón de España a México por las atrocidades de la conquista, es solo permitir el acceso sobre la mesa a liberar los diablos que han definido la historia de racismo y enfrentamiento entre mexicanos. Traer este tema, la relación históricamente violenta entre México y España, en la aparente construcción de una nueva narrativa de nuestra convivencia social y política, es traer al escenario principal, al foro principal, a flor de piel, el peligro que los prejuicios del criollismo, el mestizaje y el indigenismo han representado para la historia de México a lo largo de 500 años. Manifestaciones exquisitas desde el barroco único mexicano, hasta el refinamiento del lenguaje en el albur son representaciones parciales de la profunda confusión que la mezcla de sangres, de creencias, de religiones, de estéticas, han provocado en una nueva cultura que aún no termina por entenderse, pero que si tiene claro el objeto de su resentimiento histórico. Un resentimiento parte inconsciente, parte educado, por generaciones que han encontrado -en algunos momentos ciertamente- en la furia al arquetipo europeo la razón de todos sus males. La maña para engañar el control autoritario de ese europeo representado por el criollo español manifestada en infectar con sus propios colores y exaltaciones indígenas, al borde del ridículo, el barroco importado por el virreinato para convertirlo en algo auténticamente mexicano, o el uso audaz e ingenioso del lenguaje que le roba su naturaleza dominante y conquistadora a través del albur, son solo muestras de la inteligencia con que esa disyuntiva de pertenencia original se vive desde hace 500 años. El extremo más radical de esta necesidad de sobrevivir y ganar al dominio criollo es la corrupción. Un aparente servilismo que solo es un disfraz para acercarse y hacerse de una riqueza que no es propia. Todos, el barroco, el albur, la corrupción, formas sumamente inteligentes de combatir y sobrevivir el sometimiento cultural y social que la mezcla sanguínea trajo de suyo la conquista.

En 1992, estando yo en Barcelona, hice hincapié en el acto de recepción del Rey de España a los mandatarios latinoamericanos en el que Juan Carlos les regala a cada uno de los Presidentes Latinoamericanos un ejemplar de la mas reciente edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Lo considere un autentico gesto de conquista y dominio. El recordar que el límite del lenguaje de Latinoamérica esta determinado por España. Limitar el lenguaje es limitar el pensamiento. Es limitar la realidad.

El personaje en la película ‘Nosotros los Nobles’, el español que gana el aparente respeto social y el favor de la familia mestiza en ascenso, en el intento de robarles su patrimonio, es el ejemplo característico de la distracción existencial de la que es objeto el mexicano cuando se somete de manera primitiva al color de piel. Aunque resulte ser de Tlaxcala, como ocurre en la historia de la película.

Los conocidos, que todos tenemos uno o varios, que orgullosamente presumen el pasaporte español que han obtenido gracias al abuelo nacido en España que llegó a México hace un siglo y que adora hasta el día de su vida a México, y que parecieran haber obtenido un ‘upgrade’ existencial.

El ‘godín’ que regresa de España y aun hoy continua cantando con orgullo asimétrico a su naturaleza sanguínea ‘La Puerta de Alcalá’, entendiéndose a guiños con el del pasaporte en ese terreno supernatural al que ahora pertenecen.

La mezcla sanguínea que fue consecuencia de la compasión por la raza indígena, hasta extremos ofensivos ciertamente, por parte de la influencia de las órdenes religiosas en la corona Española en el siglo XVI, ha sido el origen confuso de nuestra naturaleza que podría caer en el terreno de lo ‘bastardo’. Seguimos, en el siglo XXI sin saber a ciencia cierta quienes somos mexicanos. Que somos los mexicanos.

Abrir en este contexto, una discusión sobre la disculpa que merecemos como cualquier cosa que seamos los mexicanos, por parte de los españoles, ejemplares aspiracionales tanto para la realización estética y social de algunos, como para el reniegue de la naturaleza y genética de rasgos indígenas que, tristemente en el entorno de nuestro racismo criollo centenario sigue siendo preponderante, creo que es soltar una bomba de altísimo nivel destructivo en el terreno del frágil diálogo que nos unía. Es dar carta abierta al profundo inconsciente violento y resentido de una historia que no hemos comprendido aún, pero que ciertamente busca quien la pague, no quien la hizo. Es crear un falso nacionalismo en el que la ya de por si peligrosa diferenciación entre ‘chairos’ y ‘fifis’ nos está confrontando, para llevar la división a niveles que pueden ser peligrosísimos en manos de falsos profetas del México profundo y del México superficial. Peligrosísimo porque desde la perspectiva de la narrativa presidencial, en el que el objeto de reconocimiento y aprecio es el pueblo indígena, el empoderamiento de un sector que pasará a la ofensiva provocará que el otro sector asuma la defensiva y entonces el pleito será por mucho mas que la aplicación del rosa mexicano en el barroco, o el sentido de la palabra ‘sentarse’. Será una lucha por la supervivencia de estirpes centenarias. De uno y otro lado. Y todo lo escrito y discutido sobre el complejo momento de la conquista de América se ira directo al basurero.

En un México polarizado, llevar este tema al centro de la discusión, es alejar aún mas los polos, pero ahora montando alambres de púas, trincheras, acumulando armamento para la batalla inevitable.

Muy irresponsable y maniqueo me parece.