Massive Attack, el sonido de la política y el caos

Escrito por: Carlos Gonzalez

Fecha de publicación: 21 febrero, 2018

Massive Attack, una banda que si tuviese la fortuna de definirlos al oído de cada uno de ustedes sería con la palabra globalización. Más que hablar de ellos, es introducir una mirada en las acciones de la música en favor de la conciencia política.

En el presente las letras de las canciones han invadido el juicio del consumidor, agobiado de historias de desamor, fiestas, mujeres y si, increíblemente de narcotráfico. Este constante bombardeo de historias es un síntoma de la falta de libertad, una analogía del gobernado que habla antes de escuchar o simplemente no habla.

Las minorías tanto en la política como en la música son, me parece, la verdadera expresión de la praxis, es decir, el proceso de conocimiento y de toma de conciencia: tomar decisiones nos hace libres. Massive Attack es libre; es una banda que habla por su sonido y las múltiples imágenes que reproduce. No es precisamente una banda que hable por las letras de sus canciones, dando voz al valor del misterio y su autenticidad: propaganda política y el sonido del caos.

Robert del Naja y Grant Marshall, hijos de inmigrantes que llegaron a Reino Unido, reconocen en cada uno de sus discos pero sobretodo de sus presentaciones en vivo una preocupación por el miedo que cobija al mundo.

Exonerar a la sociedad de la xenofobia, el materialismo y la moda, se ha vuelto el estándar de su performance. “Felipe VI abdica”, “cada voto suma”, “personas vs fronteras”, “democracia contra capital”, “Jóvenes que se precipitan por el balcón’ y “Padres que suplantan la identidad de su hijo para acosar a menores”, parecieran ser estrofas de un poema violento pero no, es un poema libre y son la expresión de Massive Attack, de Bristol, de su oposición al Brexit y al terrorismo.

Apelar a la colectividad no ha sido precisamente un ideal bien visto en el ejercicio comercial de la música, destacando apenas de forma débil cierto speech, conciertos de beneficencia y un desfile de atuendos de diseñadores que se hallan lejos y perdidos en criterios que nada tienen que ver con el nacionalismo. ¿”Mexico is the shit”?. No, la realidad es que en México poco o nada se ha hecho. Molotov y Olallo Rubio apenas supieron pronunciar puto a las cámaras (según a Peña Nieto) y nada más, mientras debajo de los escenarios fumaban marihuana. Un León Larregui alcoholizado se pronuncia preocupado por la situación en Ayotzinapa y Fernando Rivera de Monocordio expresando anomalías en la colonia Roma desde un periódico gratuito.

2018 será sin duda un año significativo para la vida política en varias partes del mundo. El cambio de un gabinete incorpora situaciones económicas y desde luego sociales que nos involucran en un ejercicio confuso y hasta cierto punto violento. El caos, más que un símbolo de exhorto es miedo y desconocimiento del ejercicio del poder y de nuestra posición frente a la autoridad.

Es en el caos que las clases sociales se distinguen aún más unas de otras, las comunidades rurales se disipan y la corrupción acrecienta falsos valores por encima de la propia educación; 40 países serán parte de un nuevo ejercicio en favor de la democracia participativa. Sociedades de México, Italia, Rusia, Colombia, entre otros, serán parte de un nuevo proceso de participación ciudadana, aquél que se ha resquebrajado por la ausencia del bienestar social: pobreza, desigualdad y violencia; sangre derramada en manos de una guerra oculta en los monitores y en las pantallas del celular, en la cultura del dinero y en una agotadora búsqueda de salvación divina, fe.

Los individuos son síntomas de una enfermedad que equivocadamente hemos nombrado “la culpa es del gobierno”. Gobernados o gobernantes, todos asumimos un valor institucional y ciudadana que nos privilegia de responsabilidades, y digo privilegia pues eso nos hace libres. La falta de criterio, personalidad y decisión se vuelto el alimento del odio y la violencia, del no reconocer a la autoridad ni sus leyes.

La libertad es alma del discurso y la exigencia; es la posición ideal de la literatura, el periodismo, el arte,…la música. La reflexión política es un compromiso de día a día y ¿qué mejor este año para reconocer que aún falta mucho por decir?. Este espacio compete como principio la música y en ella el discurso político aún no halla su espacio de encuentro.

Pensemos que hoy en día el Internet es un suburbio de propuestas y acercamiento a las exigencias de muchos. En el poder de la palabra es que las indiferencias pueden acabarse. ¿Acaso no sucedió en Río de Janeiro cuando 2 millones de personas se congregaron para una misma causa?: ver a The Rolling Stones. La conglomeración que puede causar la música es un ejercicio civil que puede construir muchas cosas pero siempre en favor de que la contraparte sea lo suficientemente maduro.

En conclusión, me es importante transmitir la importancia de la imagen pública que implica el estar sobre el escenario, el deberse a versos, coros y sentimientos que el público hace suyos. La reflexión se halla en el punto de encuentro entre público y músico. Romper el viejo paradigma es el nuevo camino de la industria musical que el mundo merece y así ya han nacido pequeños destellos: Radiohead rompiendo el boicot cultural de Israel, las Pussy Riot luchando contra el conservadurismo de la sociedad rusa o el citado Robert del Naja, fundador de Massive Attack, dotando de armas artísticas a la sociedad bajo el nombre de Bansky. ¿Lo dudan?.

Por ahora Massive Attack terminó una pequeña gira por Asia y algunos países de Europa, pero aún late en la conciencia de muchos mexicanos una deuda que adquirieron luego de dar por terminada su última presentación en el Corona Capital por una tormenta eléctrica cuando apenas daba inicio. Pronto han de regresar.

La música, el tiempo y las letras, están ya depositadas en la armonía del soundtrack de nuestras vidas como una oportunidad para el diálogo y el encuentro de comunidades. Y es que tanto en la política como en la vida, la persuasión, lejos de establecer una condición de poder, es un valor de empatía. La música es persuasión.

Si quieren conocer más del discurso social y político de Massive Attack, pueden encontrar en YouTube un documental de la BBC llamado ‘Unfinished’. Más que hablar del nacimiento de una banda, es un acercamiento a las paredes de Bristol.