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#LaSoledadCompartida – Yadira Pascault

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 2 mayo, 2020

#LaSoledadCompartida – Yadira Pascault
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Navegando la Cuarentena

Por: Yadira Pascault Orozco

Esta cuarentena para mí ha tenido mucho movimiento, aunque claramente ha estado llena de restricciones, como para todos.  La he vivido entre la Ciudad de México y Los Ángeles, California.

El “home office” se siente como algo natural ya que lo aplicaba a menudo a mi cotidianidad desde antes del encierro mundial, sin embargo muchas cosas que antes eran normales o daba por hechas, ahora implican un esfuerzo triple o se han convertido en vivencias raras.  Ir al supermercado, tomar un avión, llevar a mi gato al veterinario, ensayar mi instrumento musical en ensamble y perder a un ser querido han adquirido otra dimensión.

Tomar un avión por razones de trabajo o familiares, me hace sentir como si me preparara para ir a la guerra en contra de un enemigo invisible que te acecha y que en cualquier momento podría lastimarte si te descuidas. Salgo forrada con tapabocas, lentes protectores, gorra, gel antibacterial y spray esterilizante. 

Ir al aeropuerto es algo un tanto impersonal pero ahora lo es más y al mismo tiempo menos, ya que sólo ves parte de los rostros con las que interactúas pero al mismo tiempo pones más atención en el comportamiento de las personas y observas quién está alrededor de ti por aquello de que hay que estar atentos a todo o el enemigo invisible te puede caer encima si estás desprevenido y no guardas la famosa distancia, o si a alguien sin tapabocas se le ocurre toser o hablarte cerca.

Hay que cuidar cada detalle (…) un paraíso para cualquier persona obsesiva compulsiva de la limpieza, pero una lata para los que nos gusta estar más relajados.

Hay que cuidar cada detalle, limpiar las charolas que pasan por la banda de rayos X, desinfectar con spray cada asiento que usarás y de preferencia también los de tus vecinos cercanos, desinfectar el pasaporte cuando lo tocan los agentes, en fin un paraíso para cualquier persona obsesiva compulsiva de la limpieza pero una lata para los que nos gusta estar más relajados.

Llevar a Banji, mi gata, al veterinario en L.A. fue toda una odisea porque la política es que nadie entra al hospital. Recogieron a mi familiar- gata de 20 años en el coche y después me llamaron por teléfono para decirme que está estresada, como fiera, queriendo hacer faldas hawaianas con las manos de los extraños que quieren tocarla y sí, efectivamente, yo no sabía a detalle con quién estaba, ni cómo la estaban tratando, así que me fui directo a la puerta a pedir que me la regresaran en ese momento y ya regresaríamos en tiempos mejores por el diagnóstico que nos hace falta.

Ensayar con otros músicos por zoom, bueno, qué puedo decir, es irreal, con delays en el sonido y teniendo que hacer mute el 70% del tiempo, es una experiencia bizarra de lo que ahora es un sueño lejano de cuando tocábamos en vivo y volábamos juntos al ritmo de nuestras ragas.  Sólo puedo pensar en lo increíble que será cuando suceda de nuevo.

Por último, perder a un ser querido en Ciudad de México y no poder hacerle un funeral, eso también es otro nivel. Mi tía abuela favorita nos deja (nada relacionado con esta pandemia, sólo ya estaba mayor) y no podemos ni acompañarla ni cerrar en nuestros corazones bien la despedida. Sólo queda abrir un chat familiar en Whatsapp en honor a ella y recordarla mientras hacemos el duelo. Es lo que hay.

Una cosa nueva y divertida han sido las fiestas virtuales por zoom, que están chistosas pero nunca serán lo mismo que un buen reven.

El mundo se ha vuelto un lugar extraño, aunque de alguna manera ya lo era y esto nos ha dado la oportunidad de desacelerar el frenesí en el que vivíamos y observar.  Algunos hablan de que han aprovechado todo esto para estar más en contacto consigo mismos, eso es un gran regalo. Tal vez nos demos cuenta de que no se necesita demasiado para que la vida siga y sea completa.  Y por otra parte está la añoranza de seguir moviéndonos por nuestros sueños e ideales en ese mundo que no paraba, y salir a respirar a bocanadas el aire del planeta, ahora limpio, sin un tapabocas puesto.

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