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Soledad compartida

#LaSoledadCompartida – Roberto Garza

Escrito por: Roberto Garza

Fecha de publicación: 2 mayo, 2020

#LaSoledadCompartida – Roberto Garza
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La montaña sagrada

Por: Roberto Garza

Desde hace meses quería hacer una animación foto a foto (stop motion) con mi hija menor y el aislamiento nos dio el tiempo para hacerlo. Lucía tiene 8 años recién cumplidos y es una hermosa dragona de agua que posee una fuerza misteriosa. Al margen de las apologías paternales, puedo decir que Lucía es el tipo de niña capaz de dedicar tres días seguidos a un proyecto sin distraerse ni perder el entusiasmo.

Todo comenzó hace un par de semanas, ya en cuarentena, cuando le regalé una casita de Play Mobil por su cumpleaños. Debo aceptar que fue un regalo muy bien seleccionado porque Lucía adora ese tipo de juguetes, sobre todo por las piezas miniatura que contienen (un mini sartén con huevos estrellados, platos, vasos, peines, espejitos, etc.)

Tan pronto nos llegó el paquete, mi hija armó la casita y se puso a jugar un largo rato. Desde mi lugar noté que había creado personajes y que estaba imaginando en voz alta la historia de una familia. Estaba la mamá, que se llamaba Emilia; el papá, llamado Darío; el bebe y los dos perros. Fue entonces que le propuse que hiciéramos una animación foto a foto entre los dos. A Lucía le encantó la idea y esa misma tarde maquinamos la historia e hicimos un story board.

Inventar la historia, sin duda, fue lo más divertido del proceso. Lucía tenía esta idea: el bebé se pierde y los papás se angustian mucho. “Si el bebé se pierde, tiene que vivir una gran aventura”, le reviré. “Como Chihiro, Alicia o Nemo.” Lucía alzó las cejas y dijo: “¡Va! Que llegue a un reino mágico y viva una gran aventura.”

Dividimos la historia en tres actos y la llevamos a papel. El primero es introductorio y muestra a la familia una mañana durante el desayuno. Al final del primer acto, el bebé se pierde y eso dá entrada al segundo acto, en el cual vive una aventura fantástica. El tercer acto es el regreso a casa y el reencuentro con los padres.

A la mañana siguiente pusimos manos en la obra. Lucía tomó las decisiones y yo le ayudé en la parte técnica. Empezamos con el primer acto, para el cual hicimos unas ciento cincuenta fotos con el teléfono, mismas que luego descargamos en la computadora para trabajarlas en un programa de edición de video muy básico llamado iMovie.

Imposible olvidar la cara de felicidad de Lucía cuando vio el primer acto terminado. No son las mejores fotos, pero la historia se entiende perfectamente bien. Luego grabamos las voces de los personajes contra imagen y se las agregamos. Después le incorporamos una rola de Jack Johnson como música de fondo y listo, acabamos el primer acto en un solo día.

La mañana siguiente empezamos a trabajar desde temprano. El segundo acto es el más complicado, así que había que echarle creatividad. Para la escenografía del reino mágico utilizamos lo que encontramos en casa, como cajitas, botes, discos, manteles, vasos, cestos y Matrioskas, hasta un montón de libros que apilamos para construir “La montaña sagrada”, un lugar donde el bebé tiene una experiencia mística (se avienta al precipicio) y cuyo nombre, al final, utilizamos como título de la animación.

Dedicamos el día a tomar las fotos del segundo y tercer actos. El último día de trabajo descargamos las fotos en la computadora (unas 400 de los dos actos), grabamos los nuevos diálogos, agregamos música y editamos un cortito que nos quedó de tres minutos y cuarenta segundos.

Si bien La montaña sagrada es una animación de lo más básica y casera, para mi representa uno de los proyectos más entrañables que he realizado con mi hija en este complejo proceso de aislamiento. Si no fuera por la cuarentena, difícilmente lo hubiéramos realizado.

Aquí les comparto La montaña sagrada:

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