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#LaSoledadCompartida – Gabriel Vázquez

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 31 mayo, 2020

#LaSoledadCompartida – Gabriel Vázquez
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VIDA COMPARTIDA

Por Gabriel Vázquez G.

Tirado en la cama destapo una cerveza y miro alrededor: hay vasos sucios, alacenas vacías, ropa por lavar, libros por leer, canciones por escuchar, caminatas por realizar, películas por ver, espejos por limpiar, esquinas por barrer, pisos por trapear, correos por contestar, llantas de bicicleta por inflar, ceniceros por vaciar, uñas por cortar, llamadas a mi madre por hacer, cursos por aprender, cucarachas por aplastar, ideas por pensar, sentimientos por descubrir, planes por realizar, visitas por recibir, manuales por estudiar, camisas por planchar, posos de café por limpiar, plantas por regar, cuchillos por afilar, cuadros por colgar, basura por separar, DVDs por acomodar, litros de agua por tomar, verdades por contar, propósitos por cumplir y yo aquí, tirado, envío mensajes.

Una palomita, dos palomitas y me detengo a esperar una respuesta que no llega.

Los días pasan así, encerrado, revisando el teléfono en espera de un mensaje de Ella. Los días pasan viendo el Facebook de la Ella, sus fotos con las manos manchadas de óleos y pegamento. Vivo un bucle de tristezas infinitas.

Es muy difícil estar enamorado en medio de una pandemia.

Destapo otra cerveza y deambulo por Twitter, Instagram y Facebook. Aparece su rostro, en un círculo pequeño, debajo de su nombre dos palabras: Artista Plástica. Hago click en la foto y se despliega un mundo. El mundo de Ella. El mundo virtual de Ella.

Me dejo ir como niño en los toboganes del Cici acapulqueño. Ahí está Ella, en Brasil, con un rubio fornido y melenudo, detrás de los famosos brazos abiertos del Cristo de piedra. Festejando su cumpleaños de 18 años en el zoológico de San Diego con su familia. Posando como si rezara en Notre Dame. Besándose con un Bruce Wayne trajeado frente a la torre de Pisa. En sus veintes, afuera del estadio de Wembley, con un cigarrillo en la boca y una botella de Guinness en la mano. En un catamarán en el Caribe, el mar cristalino, sostiene un vaso rojo de plástico, tan rojo como su bikini, rodeada de mujeres que no se comparan con su belleza.

Mientras veo las fotos de Ella me vuelve a la cabeza el coro de New Order “the picture you see is no portrait of me” y pienso que Ella es todo eso, es todas esas fotos y mucho más que ellas. Ahí está parte de su pasado, fragmentado, sin contexto. Son fotos que cuentan parte de una historia, de muchas historias, de personas y lugares. Ahí está graduándose de la preparatoria con toga y birrete y una sonrisa amplia, tan amplia como la de sus padres.

Ella deslumbrante, con un vestido superescotado, caminando con un individuo en smoking hacia el altar, en la boda de alguien más. Disfrazada de Batichica, enfundada en látex, en una fiesta rodeada de supermanes, Indiana Jones, Freddie Kruger, vampiros y hombres lobo. Ella disfrazada de tehuana, de la tigresa, de la mujer maravilla, de Timbiriche, de Axl Rose. En su primera exposición colectiva con la gente de la Esmeralda. Ahí está una recopilación de sus obras de arte moderno que no alcanzo a comprender.

Leo sus publicaciones, sobre quedarse en casa, a favor del aborto, a favor del matrimonio de todos los sexos, a favor de salvar el Amazonas, de rezar por París y por Ayotzinapa, en contra de un proyecto de mina a cielo abierto en alguna parte del país, a favor de un partido político. Los memes que ha compartido burlándose de un expresidente, noticias sobre asesinatos, sobre películas que le interesaban, sobre el deshielo de los polos, sobre la contaminación. Publicaciones burlándose de los antivacunas y de los terraplanistas.

Ahí está Ella y yo, desde mi soledad, contemplo su vida compartida, su vida sin mí. Sus abrazos compartidos, sus besos compartidos, sus tristezas, sus comentarios sobre rompimientos amorosos, sus viajes, sus triunfos, sus fiestas, sus madrugadas, su auto, la carretera, la comida, los amigos, los trabajos, los cines a los que acude, las películas que más le gustan en Netflix, los estrenos que en algún momento esperó, lo que escucha en Spotify, las noticias sobre Evo, Lula, Mujica y Greta, sobre la muerte de Toledo a quien llama “maestro querido”. Publicaciones sobre otras pintoras que no son Frida, sobre la Carrington, a la que llama “supermujer, superpintora”.

Ahí está Ella, en un breve video bailando una cumbia con un señor, en otro dice adiós con la mano, saludando como las reinas de belleza, en un pueblo colonial. Están sus recuerdos, una publicación de su época en el colegio de monjas, un viaje a Tepoztlán, en otra aparece junto a una llanta ponchada en una carretera desierta. En su timeline hay muchos memes de esos de “leer evitará que…”. Todas sus publicaciones tienen frases divertidas, ocurrentes, que demuestran un poco lo que Ella es.

Ahí está Ella, poniéndole un marco diferente a su foto de perfil, enseñando sus omoplatos, abrazando gente, sonriendo, con lentes oscuros, con una chamarra enorme en un paraje nevado, partiendo un pastel, Ella destapando una botella de vino tinto en un balcón parisino. Tomando café frente al mar. Comiendo alitas, Ella con un tarro en la barra de un bar, en la inauguración de una expo, señalando su nombre en un cartel, Ella con la ropa manchada de pintura, soldando metales oxidados, Ella escarbando un trozo de madera para convertirlo en algo más. Ahí está un close up a sus manos llenas de pequeñas cortadas después de esculpir algo.

Ella en una caminadora mostrando las calorías que quemó en esa sesión deportiva. Bailando en una discoteque neoyorquina. Cantando en un karaoke ruinoso con piso de aserrín, Ella haciendo el símbolo de la victoria en una manifestación. Un close up, ahora a los pies de Ella en la arena. Ella en pants frente a un espejo de cuerpo entero mostrando sus biceps.

Ella rodeada de hombres, rodeada de mujeres. Acariciando un pastor alemán, besando un camello. Ella con bufanda, con sombrero vaquero, con gorra, con hoodie, con boina, con gorra de trailero, con un panamá, con paliacate feminista. Ella en leggins, haciendo yoga. Cortándose el pelo, con trencitas de Bo Derek. Ella enferma tirada en una cama. Recibiendo un diploma. Ella besando a su novio, besando otro novio. Ella en su boda. Ella.

Ella en una alberca infinita. Llegando a la meta de una carrera de cinco kilómetros, Ella frente al volante. En traje de baño, en traje de dama, en shorts, en pijama, con jeans rotos, descalza, en tacones, en botas industriales. Ella haciéndose un tatuaje, Ella sacando la lengua junto a otra chica. Tirada en un camastro. Cargando un bebé, Ella con una pierna enyesada.

Ella caminando en Machu Pichu. Snorkeleando en Xcalac, Ella en la cima de la pirámide del sol en Teotihuacán. Ella bebiendo un torito en el malecón de Veracruz. Cruzando la frontera en Tijuana. Caminando en la 18 de julio de Montevideo, Ella señalando el letrero de la Avenida Alcorta en Buenos Aires. Sentada en Piccadilly Circus. Vestida de safari en el Cairo.

Ella en una excursión con compañeras de la secundaria, Ella cantando en un concierto, Ella en flor de loto en un monasterio, Ella junto a la tumba de Morrison en Pere Lachaise, Ella con un carrito lleno de cosas en un IKEA, Ella con los brazos abiertos en una Virgin Megastore. Señalando estrellas del Teatro Chino de los Ángeles, en Stonehenge, en Bergen-Belsen, en el Hotel California, en el Bradbury Building, en las Torres Gemelas, en el Capitolio, en el Zócalo, en la Plaza de Mayo, en el Rose Bowl, en el Péndulo, en el MOMA, en el NOMA, en el Getty, en el MUAC, en el Anahuacalli, en el Prado, en el Karnak.

Ella feliz en un yate, feliz en una lancha, en un avión, en un camión, en un jeep, feliz en parapente, en paracaídas, en patines, en patineta, en bicicleta. Ella en huaraches, en sandalias, en botas vaqueras, en stilettos. Ella en un tanque de la Segunda Guerra Mundial. Ella montando un caballo, un elefante en Tailandia, una llama en Perú. Ella en un bicitaxi, en cuatrimoto, en jet ski.

Ella comiendo kebab, quesadillas, sushi, pulpo, tlayudas, pastel de chocolate, helado de vainilla, sopa Ramen, coctel de frutas, ensalada caprese, pizza. Ella con botellas de cerveza, copas de Gin Tonic, caballitos de tequila, vino tinto, carajillos. Ella probándose un vestido, una falda, una blusa, unos Converse, abrazando un abrigo de mink. Ella concentrada levantando pesas, estirándose en un gimnasio, tocándose los dedos de los pies, haciendo mil abdominales, trepando una pared de escalar. Ella maquillándose en la mañana, desmaquillándose de madrugada, tintándose las canas, alaciándose el pelo.

Ella estrenando un teléfono, haciendo gestos de hartazgo frente a la computadora, saliendo de una agencia automotriz en su auto nuevo. Ella concentrada bocetando un horizonte, pintando un retrato, mostrando un bodegón que tiene Sopa Campbells, pizza y una cerveza Pacífico. Ella con un pedazo de marmol del que asoma un rostro. Con plastilina entre los dedos, con las manos manchadas de barro, manchadas de óleos, de spray. Ella recortando papeles de mil colores. Ella haciendo un collage con partituras y revistas LIFE.

Ella sonriendo, siempre sonriente, siempre ella.

Ella en su pasado libre, ese pasado que ahora nos atormenta como algo que no sabremos si podemos ser. Ella en ese pasado, en un presente y un futuro sin mí.

Son las dos de la mañana y he pasado horas viendo la vida de Ella. Me duele la espalda y un poco el alma. Lo malo de las redes sociales es que puedes conocer parte de lo que alguien ha vivido. Puedes descubrir un millón de momentos importantes en la vida de alguien y darte cuenta que tú no estabas ahí, que llegaste tarde a esa vida. Que llegaste tarde, sin músculos, sin edad ni dinero, que no eras parte de la foto, que ni siquiera aparecías en el fondo de la imagen. Que ni siquiera existías en el mismo espacio.

Soy una rémora sin tiburón.

Ella no contesta. Ella no llama por teléfono.

Como sin hambre, bebo sin sed, aún no he dejado de fumar. No es domingo. Estoy crudo, me duele la cabeza, el estómago. Me revuelvo entre mis cuatro paredes, me he olvidado de lavar las sábanas una vez más, da igual, solo huelen a mí y a mi tristeza. Me he olvidado de vaciar la cafetera y tirar los posos del café a la maceta cuya planta está más seca que mi corazón. Me he olvidado de separar la basura y sacar las bolsas de basura orgánica e inorgánica; de ordenar la ropa recién lavada; de pasar al Superama a comprar la despensa para la semana. Me he olvidado de pedir más tapabocas a domicilio.

Me he olvidado de llamar a mis padres y escuchar sus historias de jubilados y pensiones que estiran a lo largo del mes. Me he olvidado de revisar mi correo por enésima vez y encontrar descuentos para boletos de avión que no compraré. Me he olvidado de actualizar mi estado en Facebook como prueba de vida en medio de la pandemia, de cargar mi teléfono, de subir una foto feliz a Instagram, de criticar en twitter la última película que vi.

Me he olvidado otra vez de abrir un perfil en Tinder y esperar que alguien le dé a la derecha a mi foto y nos encontremos algún día, cuando volvamos a la calle…

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