#LaSoledadCompartida - Alex Avilés - Rock101


FIL 2020

#LaSoledadCompartida – Alex Avilés

Escrito por: Alejandra Aviles

Fecha de publicación: 2 mayo, 2020

#LaSoledadCompartida – Alex Avilés
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Por: Alex Avilés

Efecto mariposa

Han pasado 2 horas y sigo impávida observando la luz de una vela aromática que está en la mesita del centro. Prevalece un silencio que nunca había escuchado. Cuando al fin logro despertar de mi coma fabricado me doy cuenta de que apenas son las 11 de la mañana y aún me falta la mitad del informe que debo entregar en breve.

Primero me hago un sándwich de crema de cacahuate y un café. Reviso mi Facebook por enésima vez, pero no encuentro nada más que lo mismo: fetiches.

De vuelta al trabajo que está a dos pasos entre cocina y comedor.

-El 4% del personal becado aún se encuentra en condiciones para seguir brindando atención en ventanilla con las debidas precauciones tres veces a la semana-.

“Mapa Vacío” de Los Espíritus suena en la bocina y un sopor primaveral me empieza a poner calientes las mejillas.

Me veo a mi misma caminando en una carretera con puro desierto alrededor. Me siento sedienta y agotada porque no sé a dónde voy. Un Hippie se detiene y me dice que si me lleva. Así que me deshago de prejuicios y el miedo porque en este momento tengo más sed que paciencia.

El hippie me dice que se dirige a Ensenada, que me puede dejar en cualquier punto hasta llegar ahí. Yo no sé si confiarle hacia a dónde me dirijo, porque lo cierto es que ni yo sé hacia a dónde voy así que le sonrío y le pregunto que si tiene agua. Me pasa un termo con café frío que no hace nada por mi más que provocarme más sed y ganas de mear.

Pasamos en silencio varios minutos hasta que al fin me pregunta mi nombre y hacia a donde voy.

-Cinthia- le digo. También voy a Ensenada.

-Qué casualidad- me pregunta tan casual que casi pasa desapercibido lo poco casual que resulta. Aún no me siento incómoda.

-¿Viajas de negocios? -me pregunta

Miro mis piernas en shorts y mis chanclas y pienso en lo absurdo de la pregunta ¿Cómo puede alguien a media carretera vestida en shorts y chanclas muerta de sed estar viajando de negocios?

-No- le dije. He venido de vacaciones

Obviamente el sujeto comienza a pensar en lo absurdo que resulta encontrarse a una morra en una carretera en medio del desierto en shorts y chanclas y claro, no puedo atreverme a contarle a un completo desconocido que recién desperté de un viaje de peyote y he perdido a mis amigos.

-¿Y entonces de vacaciones eh? ¿Cómo lo has pasa…–

-¿De dónde eres? Lo interrumpo.

Nací en Chihuahua y actualmente radico en Ensenada porque acá tengo mi negocio, vendo unas cositas para hacer ejercicio que me traigo del otro lado y le ando vendiendo a gimnasios.

-Oh vaya, qué interesante, yo soy de San Luis Potosí- le digo

-Yo creí que era de la ciudad porque tiene ese cantadito-

Falló mi intento de desviar la conversación y mantener seguros mis datos personales, carajo. Empiezo a ponerme nerviosa ¿A quién se le ocurre subirse al auto de un desconocido? -Qué pendeja, qué pendeja, qué pendeja- me repito mil veces. Pero el atardecer es bellísimo y eso interrumpe sin parar mis pensamientos paranoicos.

-Qué bella tarde- Le digo al señor de quien no sé su nombre aún.

-Casi tan bella como usted-

Ok. No sonrío. Al fin se detiene el viaje en mi cabeza para entrar en modo pánico definitivo

-Me quedaré en el próximo poblado, señor.

-No señorita por favor no he querido ofenderla-

En ese momento, el auto frena intempestivamente y casi puedo oler mi pánico.

Me despierto y estoy jadeando sobre mi sofá mullido. Muero de hambre y sed, no he terminado mi informe y ya son las cinco de la tarde.

Jamás entenderé el efecto mariposa que provocó que un hombre en China comiera una sopa de murciélago y que por eso yo tenga insomnio crónico que me haga cenar vino y mota diariamente, solo para despertar en una condición de franca decadencia que permanecerá en un loop infinito durante los próximos 60 días.

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