La NFL y el karma de 50 años

Escrito por: Katya Lopez

Fecha de publicación: 19 noviembre, 2018

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Lo que habría sido el primer partido Monday Night Football en la Ciudad de México se convirtió en tragedia.

La NFL anunció que el campo del Estadio Azteca no está en condiciones para realizar el partido del lunes 19 de noviembre entre los Jefes de Kansas City y los Carneros de Los Ángeles, pero ésta no es la primera vez que en México se cancela un partido de la más grande liga de futbol americano en el mundo y una añeja ley karmática cobra la factura sobre las nuevas generaciones.

El futbol americano es uno de los deportes con más tradición en México. Data de más de 130 años de antigüedad en nuestro país y durante la década de los 50 se arraigó en el gremio estudiantil. Ser estudiante se acompañaba del gusto por el deporte del emparrillado y los equipos de la UNAM, IPN o de la Universidad de Chapingo eran los más fuertes y también los que encarnizaban las rivalidades más intensas.

Por ello, a finales de los 60, la NFL vio en México el fructífero potencial de extender la afición por su liga y propuso ante el Gobierno del entonces Distrito Federal un encuentro la capital del país.

La liga y el anfitrión GDF pactaron un partido de pretemporada que se realizaría el 11 de agosto, justo en el Estadio Azteca. El inmueble recibiría a los Leones de Detroit y las Águilas de Filadelfia.

Ante la profunda afición por este deporte, sucedió lo obvio: las 80 mil localidades disponibles se agotaron a un costo general, hoy hilarante, de cinco pesos por persona. Las instituciones académicas UNAM, IPN y Chapingo tenían dispuesta una fiesta en torno al evento, en la que incluso elegirían a la Reina del Partido, de entre las más bellas estudiantes de sus campus.

El 6 de agosto de 1968, la liga mandó la utilería de los equipos y apenas dos días después explotó la decepción: el 8 de agosto Roberto Medrano, Gerente de Futbol en el DF, anunció la cancelación del partido, sin explicar por qué y reembolsaron las 80 mil localidades vendidas.

Hoy, las conjeturas del contexto permiten deducir el motivo: el Movimiento Estudiantil que inició en julio de aquel año y luchaba contra la intromisión gubernamental en las instituciones académicas, mismo que a principios de agosto vivía los pulsos más álgidos.

Por otro lado, en julio de aquellos años se dio un enfrentamiento entre alumnos de la Vocacional 5 (IPN) y la Escuela Isaac Ochoterena (UNAM). En consideración de tener a los estudiantes de distintas instituciones unidos en un mismo inmueble preocupaba a las autoridades capitalinas y así, sin más, le ‘cerraron la puerta en la cara’ a la NFL, un desaire del que no era culpable la liga aunque sí fue la parte más afectada.

A pesar de todo, una década después la NFL confió de nueva cuenta en México y en 1978 hizo el primer encuentro en el Estadio Azul. Hoy, a 50 años de aquel incidente, es la NFL la que se niega al Estadio Azteca de la CDMX. Una consecuencia karmática que tardó 50 años en surtir efecto.

Pero tras la ‘venganza’ de medio siglo, se hace notorio lo más grave: fue hasta que una liga extranjera declaró que el pasto híbrido instalado en el Estadio Azteca no ofrece las condiciones óptimas para que sus jugadores tengan un buen desempeño, cuando el problema se convirtió en indignante.

En especial porque hoy el encuentro no deja recursos por cinco pesos la entrada, sino una derrama económica directa de 45 millones de dólares por recibir ese partido, más 250 millones de pesos en impactos mediáticos de la CDMX ante los espectadores del encuentro, según informes del Gobierno de la CDMX.

Las condiciones del pasto se hicieron notar desde rumores y quejas de jugadores, hasta en contenido de plataformas mediáticas, pero en casi seis meses la LigaMx jamás puso esta situación sobre la mesa para cancelar los encuentros que allí se realizaron de sus torneos, varonil o femenil.

A pesar de todo ello, el Estadio Azteca no sólo recibió los partidos de futbol o las inclementes lluvias del pasado verano, también conciertos multitudinarios como el de la cantante colombiana Shakira, que convocó a más de 100 mil personas y cuya intensa actividad no permitió mejorar los trabajos de jardinería que requería el campo y así, más que una venganza de la liga a la ciudad, es el descuido y la desatención de un grupo de particulares los que dejan a México en ridículo ante el mundo.