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La isla en la que vivimos en el 2020

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 25 abril, 2020

La isla en la que vivimos en el 2020
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Por: Dra. Ligia Alcántara Valverde1

Los seres humanos somos por naturaleza gregarios; esto es, nos gusta estar con los de nuestra especie, en grupos. No por nada, el castigo más severo al ser humano es separarlo de ese grupo en cárceles, pero además, cuando trasgreden las normas carcelarias, los encierran por completo en celdas minúsculas y frecuentemente oscuras. Esto es, los separan. Los colocan en una “isla,” Los aíslan por completo, incomunicados y solos.

Ante la pandemia que vivimos en el mundo en este 2020 se nos ha aislado, nuestra isla es nuestro hogar. Es una situación que no imaginamos, no planeamos y por ello, ni tiempo tuvimos de organizar. Sencillamente se cerraron las puertas y se redujeron a lo mínimo indispensable las salidas a la calle. No como castigo (aunque lamentablemente algunos lo interpreten como castigo divino), sino para salvaguardar la salud y la vida.

Y mientras intentamos comprender lo que realmente está sucediendo allá afuera, no solamente en China e Italia, sino en nuestra propia ciudad, y posiblemente en nuestra propia casa; nuestros pensamientos y emociones se agolpan sin poder encontrar explicaciones del todo satisfactorias para lo que está pasando y para lo que estamos sintiendo. Y pasan los días y las semanas y el asunto no acaba y pasamos de la fase I a la fase II y a la fase III a las 19 horas de cada día, con los niveles de estrés incrementándose de igual manera a fase I, II y III y con esta sensación de que “no me hallo” en donde estamos.

Estamos aislada(o)s en casa. Estamos aislada(o)s con la familia. Estamos aislado con nosotros misma(o)s. Esa es la realidad y en muchos casos, es insoportable. Las razones de esto valdría la pena comentar, pero hoy hay asuntos más importantes a tratar.

¿Por qué nos sigue dominando esta sensación de inseguridad y vulnerabilidad? ¿Por qué queremos abrir la puerta de casa y salir corriendo sin rumbo?

Idealmente, la casa debería dar protección y seguridad. Quedarse en ella disminuye las posibilidades de contagio. En ella se tiene comida y sustento (incluyendo wifi) ¿Por qué entonces nos sigue dominando esta sensación de inseguridad y vulnerabilidad? ¿de inquietud y desasosiego? ¿por qué queremos abrir la puerta de casa y salir corriendo sin rumbo?

Muchas personas están manifestando síntomas que pueden ir desde enfermedades psicosomáticas (gastritis, colitis, migrañas, etc.), hasta ataques de ansiedad y pánico (hiperventilación, mareos, náuseas, desmayos, insomnio, aumento o disminución del apetito, etc.), o crisis psicóticas a causa del aislamiento. Por ello, los profesionales de la salud mental recomendamos, en casos de desórdenes precipitados por situaciones fuera del control:

1) identificar y comprender cabalmente lo que está sucediendo en la vida: Lo importante en situaciones como la que se vive es, ante todo, reconocer que existe un problema serio, pero que no es el fin de todo. El asegurar o hacer comentarios al respecto señalando la llegada del apocalipsis o del fin del mundo, no ayuda a nadie, ni siquiera a la realidad misma. NO SE VA A ACABAR EL MUNDO. Aplicando las medidas sanitarias que se indican, se reduce la probabilidad de contagio. Y es necesario ser pacientes para que esto acabe.

Ciertamente los medios no ayudan y menos aun la cantidad de noticias falsas que recorren las redes sociales. Si no podemos diferenciar entre una noticia falsa y una cierta, dejemos las redes sociales por la paz y elijamos un medio informativo serio y veraz (los hay).

2) Reconocer las reacciones que se tienen ante los eventos que están impactando las vidas: Una vez aceptado el problema en la medida de sus proporciones, identificar las reacciones emocionales ante él.

Las emociones son sensaciones que le permiten sobrevivir a los seres humanos, que lo ponen en alerta; son fuerzas vitales que van desde el correr o congelarse en situaciones de amenaza inminente, hasta el disfrute hedónico de un aroma o una obra de arte. Por ello, ante la situación que se vive, es normal que se experimenten muchas emociones, pero si no se identifican, no se pueden manejar y peor aun, ellas terminarán controlándonos.

Es más importante que se reconozcan las reacciones, que los mismos estresores que las desencadenan:

– “¿cómo reacciono ante la fase III de la pandemia?”

– “¿qué reacción me causa saber que mi vecino está entubado en el hospital?”

3) Seleccionar opciones para modificar aquellas reacciones que no son adaptativas ni beneficiosas:  Fundamental, en el proceso de adaptación, es aceptar que se puede solucionar el problema; que se tienen las capacidades físicas y emocionales suficientes para eligir entre diferentes opciones para manejar la situación y solucionar problemas. Reconocer que, o se tienen los recursos de afrontamiento para lidiar con la situación, o se pueden aprender nuevos o diferentes. Buscar opciones, pedir ayuda, mantener la mente y la actitud abierta:

–  “La fase III me llena de temor y angustia, pero reforzaremos las medidas de seguridad en casa,” versus

– “¡Nadie asoma las narices a la calle y todos callados porque ya me tiene hasta la ma…e su escándalo!”

– “Me da tristeza la situación de mi vecino; veré en qué puedo ayudar a la familia,” versus

– “¡y ni se les ocurra siquiera saludar a los vecinos porque toda su casa y su persona debe estar llena del virus!”

Frecuentemente la vida exige toma de decisiones. Este es uno de esos momentos que se debe decidir si vivimos en la angustia y permitimos a la desesperación se instale en el centro de nuestro ser, o si retomamos las riendas de la vida con firmeza y usamos estrategias adaptativas para afrontar el aislamiento. La reflexión es más fuerte para aquellos que tienen chiquitos en casa, porque los estados ansiosos, también se aprenden. Enseñemos a crecer en el realismo y con serenidad.

Finalmente, para mantenernos fuertes en esta crisis, se recomienda además, mantener los hábitos personales intactos; esto da estructura al día a día:

  • Levantarse y dormirse a la misma hora
  • Tomar las alimentos a las horas a las que siempre los he tomado
  • Bañarse y vestirse como todos los días. Probablemente no tener que usar traje y corbata o tacones y traje sastre, pero realizar nuestra rutina de vestimenta normal
  • No excederse en el uso de sustancias y en algunos casos, no tomar alcohol o usar droga alguna
  • Las personas que están medicadas, seguir tomando estrictamente el medicamento
  • Planear y organizar las actividades que se pueden realizar en casa: de manera individual y de manera colectiva con el resto de la familia, o de con quien se comparte el habitat
  • Hacer ejercicio en casa, si es posible diariamente
  • Seguir en contacto con familiares y amigos usando medios electrónicos
  • Permanecer atento a la información de autoridades sanitarias
  • Procurar la diversión, el juego y los estados de ánimo optimistas

1 Doctora en Psicología por la UNAM. Especializada en Autorregulación emocional.

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