La irresponsable clase política mexicana

Written by on 01/07/2018

Aspiramos a vivir una jornada limpia y en paz el próximo domingo, gane quien gane. En un país cuya clase política pretendiera consolidar una democracia, los partidos y sus candidatos pelearían por los puestos de elección popular hasta el límite de sus capacidades respetando las reglas del juego y, al final de la jornada, los perdedores reconocerían su derrota por dolorosa que fuera y el ganador, magnánimo, tendería la mano a los otros.

 

Pero en México esto parecer ser sólo parte de un sueño, una aspiración cuando miramos hacia otros países. Aquí, la cuenta regresiva ha comenzado y los aspirantes a la Presidencia junto con sus equipos de campaña y algunos aguerridos seguidores únicamente piensan en jalar más votos para su trinchera sembrando odio, regando el campo del resentimiento, alentado el miedo, preparando trampas y, algunos lanzando advertencias con olor a revueltas.

 

Así se ha comportado nuestra clase política. La gente que ya tiene seguro su voto y también los indecisos los miran batirse en lodo.  Ojalá todo quedara en un espectáculo por deleznable; pero no, ellos mismos se encargan de salpicar a los ciudadanos, quieren treparlos a su ring y luego, que  todos juntos aplaudan sus fechorías y piruetas.

 

No queda mucho margen para pensar en otra cosa cuando observamos lo que ha pasado durante las últimas horas: José Antonio Meade –el candidato del PRI, PVEM y Nueva Alianza- llegó a sus cierre de campaña en Morelia como si fuera en el primer lugar en las preferencias electorales, con una seguridad que provocó pasmo. Esto pudiera entenderse si sus asesores lo hicieron caer en una especie de hipnotismo.

 

”La soberbia, decía mi abuelo, nunca es inteligente. Y la soberbia en lo electoral, es la mejor receta para perder, por eso estamos aquí, con humildad”, dijo Meade  arropado con esos chalecos rojos que usan los priistas. Pero su mirada no parecía extraviada por efectos de un mago.

 

El asunto podría pasar como una torpe estrategia, pero unas cuantas horas más tarde, en el noticiero conducido por Ciro Gómez Leyva, el coordinador de la campaña tricolor, Aurelio Nuño dijo lo siguiente cuando le preguntaron si en realidad creía que ganarán el próximo domingo:

“ (…) Yo insisto, regresando el tema de las encuestas; ese escenario pensamos que sin duda puede suceder. (…) Los indecisos no van a votar por López Obrador, son personas que no quieren a López Obrador y están viendo por quién van a votar. Ese escenario, estamos convencidos, de que va a suceder, o puede ser muy probable que suceda.  Si no les gusta, será su problema. La democracia se define en con votos y en las urnas, no en las encuestas”.

 

La noche de ese mismo martes –hace apenas unas horas-  la casa Beltrán y Asociados publicaron el resultado de su última encuesta –levantada entre el 22 y el 25 de junio- en la cual López Obrador sigue a la cabeza con 49%, seguido por Ricardo Anaya con un 26% y, en un lejano tercer lugar, José Antonio Meade con un 21%.

 

El miércoles, Reforma difundió su última encuesta: 51% López Obrador, Anaya 27% y Meade 19%. El Financiero también dio el resultado de su encuesta: 54% López Obrador, 22% Anaya y 21% Meade. Y para rematar estas fueron las cifras de Parametría: 45% López Obrador, 19% Anaya y 15% Meade.

 

En estos resultados, el candidato del PRI, PVEM y Nueva Alianza nunca dejó de estar en el fondo de la tabla. De hecho, nunca ha estado por lo menos cerca del puntero en las preferencias electorales. Los priistas afianzan su optimismo entre los indecisos. Por alguna razón que quizá solo ellos saben, consideran que todos, en bloque,  como autómatas van a darles su voto. ¿Qué más saben? podríamos cuestionarlos.

 

Las dudas surgen a partir de otra serie de hechos. El pasado martes por la noche, policías en la Ciudad de México detuvieron en el centro a dos personas quienes iban a bordo de una camioneta Lincoln Navigator modelo 2010 placas 388YMX, cargada con 20 millones de pesos en efectivo y cuyo destino era la sede nacional del PRI. En este país nos hemos acostumbrado a escuchar la danza de millones y millones en actos de corrupción o en desvío de recursos públicos.

 

Pero 20 millones de pesos, en realidad, es mucho dinero. El PRI y la campaña de Meade se han deslindado del asunto. Las autoridades de la Ciudad de México no han aportado mayores detalles. Los señores que transportaban el dinero fueron remitidos a la Procuraduría General de la República (PGR). Sin embargo, la noche del jueves ambos fueron liberados sin que se explicara el origen del dinero. Así de sencillo.

 

El pasado domingo –exactamente una semana antes de la elección- hubo una reunión organizada en la residencia del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari. De acuerdo con datos publicados en la columna Templo Mayor del diario Reforma, hubo mucho movimiento de vehículos, algunos similares a los que habitualmente usa el Presidente Peña Nieto.  De hecho –comentaron- algunos residentes de un exclusivo fraccionamiento en el sur de la capital aseguran que ahí estaba el mandatario y otros personajes como el ex procurador Jesús Murillo Karam. Esta información no ha sido desmentida.

 

Apenas un día antes de concluir las campañas electorales, el INE tuvo que intervenir para detener las llamadas telefónicas anónimas que se hacían en contra de López Obrador. Ese día, la Comisión de Quejas y Denuncias ordenó a las empresas Intelphone, Next Contact, TKM Customer Solution, Focus Investigación y Massive Caller frenar esa campaña o, de lo contrario, podrían ser sancionadas.

 

La última de ellas, Massive Caller, ha estado vinculada a la coalición “Por México al Frente” cuyo candidato es Ricardo Anaya. En un reporte enviado a la Comisión de Fiscalización del INE reportaron haberla contratado para hacer encuestas por un monto de 4 millones 640 mil pesos. Al mismo tiempo que pululaban las llamadas contra López Obrador, este mismo grupo de partidos, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, difundieron nuevos spots en los cuales pedían el voto útil para no permitir que ganara el candidato de Morena.

 

Por otro lado,  la misma coalición “Por México al Frente”, envió a domicilios en la ciudad de México una especie de tarjeta bancaria en la cual depositarían 1, 500 pesos en cuanto Anaya ganara la Presidencia. El INE dijo que se trató de una promesa de campaña por lo que no hubo sanciones. Sin embargo, cortos de miras, no observaron que eso alienta el encono, el hartazgo. Los simpatizantes de López Obrador o de Meade no van a cambiar su voto por una tarjeta. Eso es absurdo. En cambio, sí fomentan un malestar que se dejó sentir en las redes sociales.

 

Pero la respuesta desde la campaña de López Obrador no fue precisamente cuidadosa. La dirigente de Morena, Yeidckol Polevnsky dijo: “(…) que no se atrevan a querer hacer fraude, porque sí van a encontrar al diablo…no les vamos a permitir un fraude a ningún precio, no lo vamos a aceptar, entonces ninguna manifestación es aceptable”.

 

Antes, durante una reunión con banqueros, el candidato de Morena había señalado lo siguiente: “Después del 1 de julio, yo me voy a Palacio Nacional o a Palenque, Chiapas. Si se atreven a un fraude, me voy también a Palenque y a ver quién va a amarrar el tigre. Quien suelte el tigre, que lo amarre. Yo no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral. Así de claro”.

 

Y en medio está la gente. Un día recibe una llamada contra el puntero en las preferencias electorales, al otro alguien le da una tarjeta bancaria y después puede escuchar a Yeidckol Polevnsky amenazar con casi una revuelta social si no ganan.

 

Ellos y ellas, quienes están arropando a los candidatos y, desde luego, los propios aspirantes a la Presidencia de México serán los principales responsables de lo que pudiera suceder el domingo. Desde el PRI, el PAN y el PRD ha sembrado el odio y el resentimiento. En Morena amenazan con soltar al diablo o no amarrar al tigre.

 

 

 

 

 


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