La herencia musical en reversa

Escrito por: B7XO

Fecha de publicación: 29 julio, 2016

Envejecer con estilo (en estos tiempos de digitalización de pensamiento pasando los 35 ya estás viejo) es algo que no cualquiera puede abordar con cierta decencia. Cuando el cabello comienza a escasear lo más digno es dejarse la barba larga y aprender a utilizar Snapchat; total, las canas en la barba son menos oprobiosas que en la cabellera. No obstante, hay quien no ceja en su empeño de sentirse joven a pesar de todo.

Semanas atrás, en mi podcast le hice una entrevista a mi padre con la idea de conocer un poco más de la visión de un analista y melómano veterano como testigo de la posible evolución de la música. Más allá de suscribir que la evolución se ha ralentizado con respecto a otras épocas, mi padre tuvo el detalle de señalar que, con el paso del tiempo, encontró un estilo agradable y fresco en grupos como Joy Division y The Killers (¿?), principalmente, porque ninguno de ellos trataba de ser los nuevos Beatles. Al mismo tiempo señaló que no encuentra nada encomiable en la música que se escucha en estos tiempos.

Más allá de la simpleza del gusto, lo que mi padre y muchos de su generación refieren es la ausencia de trascendencia. A menos que se trate de grupos como Coldplay, Radiohead o Red Hot Chili Peppers, la emoción por la salida de un disco nuevo se limita a las estrategias vertidas en internet y las redes sociales, y el escucha consume a granel sin detenerse a identificar si se trata de un buen producto. Eso orilla a las viejas generaciones a aferrarse al lugar común, o bien, al riesgo controlado de saber que lo que escuchan los ha convencido durante décadas y que, poco a poco, quienes son abuelos y quienes somos papás, hemos ido heredando a nuestros hijos.

No obstante, lo más interesante de esto es saber qué herencia hemos dejado los hijos en nuestros padres y cómo impacta el gusto de nuestros hijos en nuestro gusto cuaternario. Es ahí donde se percibe, y palpa, la trascendencia de la música. Porque trascender no significa alcanzar los puestos más altos en los charts (ustedes perdonarán el término ochentero) sino cómo cada generación previa o posterior se interesa en la música que se les ofrece.

En casa de mis padres (que es casa de ustedes) se recibe con gusto lo mismo a Backstreet Boys que a Rage Against the Machine, y el mix de la sobremesa es un crisol de oportunidades que va desde Gary Lewis and The Playboys y Herman Hermits hasta Nine Inch Nails, Front 242 o deadmau5, o se habla de estaciones añejas como Rock 101 y la manera como impactaron a la juventud de entonces con algo más que sólo rock.

En una escena de la película ‘Trainspotting’ (de tan esperada secuela) se advierte cómo el gran Renton baja a desayunar con sus protosuegros después de pasar la noche con la hija, y aquéllos están escuchando de fondo a New Order. El gran enigma del rock en México es saber cómo se da, o si existe, un mix generacional que hermane a las generaciones a partir de su gusto y su impacto y no sólo por lo que opine la prensa “especializada”.


 

No obstante, no por eso un padre de familia de 65 años va a salir a la calle con una camiseta de Skinny Puppy pero sí puede disfrutar un mix de Sigur Rós en año nuevo con un martini en la mano y decirte, a ti que estás en la consola, que por qué no te pones algo de The Killers porque el momento lo amerita. Quizás, cuando vaya a dormir, se encasquete los audífonos y coloque en la pletina un cassette de Beatles o Dave Clark Five, lo importante es, sin duda, la sinergia y la trascendencia.

¿Qué grupos, pues, son los que nos han enseñado nuestros hijos?