La guía para comprar con bitcoins arte y lujo

Written by on 11/02/2018

LONDRES. Hacia el final del año pasado, un millonario chino anónimo voló a Londres para verse con una mujer llamada Eleesa Dadiani. Una vendedora de arte, dueña de galerías y miembro de la nobleza Georgiana, Damiani tiene 29 años de edad, es alta, con alocado cabello cobrizo y pálidos ojos azules. El millonario quería algo, pero necesitaba su ayuda para obtenerlo.

The Times de Londres recuerda que lo que su corazón deseaba, específicamente, era una flotilla de cuatro autos de carreras de la Fórmula Uno, uno de ellos era un Sauber C30 hecho en Suiza equipado con un motor de Ferrari. Dentro de todo, estos automóviles eran valuados en alrededor de cuatro millones de libras. Pero no era el costo lo que era el problema. Era la manera en la que él quería pagar por ellos. Él quería comprar los vehículos usando algo llamado litecoin que es, como su rival bitcoin, una forma de divisa digital. Es posible que tú ya estés familiarizado con estas llamadas criptodivisas pero, por ahora, hay dos cosas principales que entender sobre ellas.

La primera cosa es que, durante el pasado año, el valor de dichas divisas creció de maneras sorprendentes. Al principio del año pasado, una bitcoin costaba alrededor de 700 libras (968 dólares). Al principio de este año, esa figura se ha elevado a 11 mil libras (15 mil 200 dólares). Incluso permitiendo una caída reciente, todos esos bitcoins en que invertiste siguen valiendo diez veces más de lo que valían hace un año. Esto significa que, de pronto, mucha gente se volvió muy rica.

“Hay un nuevo tipo de millonario”, dice Dadiani al diario británico. “Hay un nuevo mundo siendo creado, y tiene el potencial de volverse mucho más grande”.

Pero también hay un problema. A los millonarios les gusta comprar cosas costosas –yates, caballos de carreras, flotillas de autos de carreras de la Fórmula Uno–, pero comprar cosas costosas con criptodivisas es difícil.

En primer lugar, la vasta mayoría de empresas vendiendo estos bienes de lujo, no lidian con criptodivisas. No es respaldada por un bien, como oro o plata, o por un gobierno nacional, son vistas como muy volátiles –demasiado riesgosas– para ser aceptadas.

Y, por varias razones técnicas, el proceso real de “retirar efectivo” e intercambiar tu reserva de bitcoin por millones de dólares o libras es un proceso complicado, absorbe mucho tiempo y a veces es exorbitantemente costoso. Los bancos suelen ser renuentes o simplemente se rehúsan a manejar estas divisas, y tienen un hábito de tratar a aquellos que las manejan con sospecha. Volver la fortuna que ves brillando en tu pantalla en una chequera que realmente puedas gastar está lejos de ser fácil.

Es por esto que este nuevo tipo de millonarios acuden a Dadiani. Ella es una evangelista de las criptodivisas, y si tienes varios millones de libras en bitcoin quemando un hoyo en tu cartera virtual, ella es la mujer que te puede ayudar a convertirlo en super yates, o lingotes de oro, o autos de carreras con motores de Ferrari hechos en Suiza tangibles.

Usando sus conexiones, experiencia y cierta cantidad de persuasión, ella actúa como parte casamentera, y parte agente de bienes de lujo. El millonario chino ahora tiene sus autos. Su compañía, el Sindicato Didiani, solo tiene un par de meses, pero ya ha tenido varios clientes, como ella dice, que vuelan desde todas partes del mundo –“Rusia, China, Sudamérica”– para citas cara a cara.

“No hacemos nada por teléfono, porque quiero saber exactamente con quién me estoy relacionando. Nos gusta conocer a nuestros clientes”, dice. “Estamos vendiendo jets privados. No puedes simplemente entrar a una página de internet y darle click. Estamos abriendo las puertas a un nuevo mundo de bienes ultra-lujosos, de valor ultra-alto, y está siendo hecho en un tipo de moda muy couture. Ha sido hecho de manera individualista”.

Es el primero y único servicio de este tipo en Europa y ella parece tomar cierto placer anárquico en ayudar millonarios de dinero digital a colarse en el mundo de los bienes del dinero antiguo y tangible.

“Siempre he sido de la creencia que el dinero no es sólo para la minoría a la que pertenece a la élite, sino para cualquiera capaz de hacerlo”, dice al Times. “Y no te mentiré. Quiero hacer un montón de dinero”.

Estamos en Mayfair, dentro de la galería de Dadiani en la calle Cork. Es un cuarto simple con cubierta de vidrio, está mostrando brillantes cuadros en óleo contemporáneos. Ella se sienta detrás de un pequeño escritorio, escondida en una alcoba subiendo unas escaleras, y está vestida de blanco de pies a cabeza: tacones blancos, pantalones blancos, blusa blancos, aretes de perlas blancas. Si no supieras que su familia rigió sobre las franjas del Cáucaso la mayor parte del tiempo en los últimos 800 años, entonces para ser honestos, las noticias no serían una gran sorpresa. “Cuando era una bebé en Georgia, mi nodriza era una mujer gitana”, dice orgullosa. “Era maravillosa”.

Dadiani tiene muchas historias cómo ésta. Sería fácil, porque ella es una mujer ligeramente exótica operando en un campo ampliamente anodino y anónimo, para describirla como “colorida”. Pero la verdad es, que lo es.

“Soy muy extraña”, dice en cierto punto. Sus pasiones incluyen levantamiento de pesas y manejar autos deportivos. “Y motocicletas. Tengo una Ducati. Amo las Ducatis”. También, deliberadamente o no, carga un aire ligeramente misterioso. Antes de involucrarse en las criptodivisas, dice que era, ampliamente, una compositora de canciones profesional, líder de una tropa de baile y agente de bienes. Le confieso que no pude encontrar nada sobre su carrera musical o de danza. “He tenido muchos nombres”, dice con una sonrisa burlona.

Logró ser corrida de seis diferentes escuelas en Europa. ‘Siempre estaba en problemas”, dice con un suspiro.

Sus años tempranos fueron pasados entre Georgia y Baku, Azerbaján:

“Esos fueron los días más felices de mi vida”. La razón por la que necesitaba una nodriza era que sus padres se mudaron a Moscú cuando ella aún era una bebé. “Creo que, como familia, no somos muy cercanos”, dice al aire en un punto.

A los seis años, fue enviada al primero de la serie de internados a los que asistió. “Mi primera escuela era en Suiza y yo estaba profundamente triste de ser alejada de mis raíces”. Hizo que la expulsaran. Entonces fue mandada a otro internado. Del que también fue expulsada. Entonces fue mandada a otro. Donde sucedió lo mismo. Durante el curso de su niñez logró ser expulsada de seis diferentes escuelas europeas. “Siempre me metía en problemas”, dice con un suspiro. “Peleando. Haciendo toda clase de cosas. Totalmente tenía un déficit de atención. No podía concentrarme o entender nada y solo me sentía tonta”.

Terminó en un internado en el norte de Gales –ella no lo nombrará– donde, dentro de muchas cosas, se metió en problemas por comenzar una red de correspondencia con prisioneros americanos con pena de muerte.

“Estaba muy sola, entonces decidí conseguirme unos cuantos amigos por correspondencia. Una cosa llevó a otra y terminé hablando con estos presos. Sus cartas eventualmente comenzaron a apilarse, y la escuela se dio cuenta de que algo no iba totalmente bien. Entonces abrieron las cartas y vieron a quién había estado escribiéndole. Aparentemente comprometía la seguridad de la escuela”, dice. “Ellos eran realmente desgarradores. Siempre me ha fascinado la vida en las prisiones”. Después, habiendo sido removida de la acomodación de la escuela y puesta en “arresto domiciliario” con un par de guardias estrictos, ella escapaba por las noches saltando desde la ventana de su cuarto hacia un andamio. Ella caminaba hasta el pueblo más cercano, solo para encontrarse con que todo ya estaba cerrado, puesto que era el norte de Gales. Ella se ríe. “Para mi todo era diversión. Yo solo quería salir”.

Eventualmente regresó a Moscú con su familia; por lo que ella dice, tengo la impresión de que sus padres habían estado muy ocupados ahí mejorando el nivel financiero y social de la familia después de un periodo de insolvencia relativo. “Perdimos muchas cosas muchas veces antes de que pudiéramos alcanzar algún tipo de estabilidad”. Para muchos rusos de su clase y riqueza, el plan sería disfrutar la vida, ir de fiesta y eventualmente casarse. “Vengo de un origen muy noble y hay ciertas cosas que se esperan. Pero yo no quería eso. Yo no quería casarme o lo que sea. No sentí que pertenecía a ese mundo”, dice. “Para sentirme rica, yo tenía que ganar mi propio dinero. Nunca vi el dinero de otras personas, ni siquiera el familiar, como mío. No quería ser autoindulgente. Quería hacer algo increíble”.

Entonces terminó mudándose a Oldham. Que, para ser justos, nadie puede llamar autoindulgente. Fue un “mero accidente” lo que la llevo ahí –había caído con amigos de amigos– y pasaba su tiempo como mesera y escribiendo música. “Solo recuerdo que era un escenario bastante irreal, porque Oldham es un agujero de mierda”, dice, pronunciando la palabra con precisión extranjera. “Un increíble agujero de mierda”.

En 2009, había hecho suficiente dinero como para vivir en Londres. A través de amigos encontró trabajos en finanzas –nada sexy para comenzar, solo administración y acuerdos– antes de trabajar como una agente de bienes. Al mismo tiempo comenzó a trabajar para su familia, actuando como agente de su padre y su colección de arte. Y fue esto lo que eventualmente la llevaría a involucrarse en la criptodivisa. En 2014, la familia firmó una renta de la galería en Mayfair, porque en la iniciativa de Dadiani, habían decidido mostrar algunas piezas de su colección. “Iba a ser una exposición de 40 hermosas pinturas simbolistas”, dice, “Muy excepcional. Muy único”.

Solo que después de haber firmado la renta, la imposición de una sanción de Estados Unidos a Rusia significó que las 40 bellas pinturas no podrían ser enviadas. Dadiani hace una cara afligida. “¿Qué ***? Estaba en pánico. Perdí el sueño. Me estaba cagando. Y pensaba, tengo este espacio aquí; está costando mucho dinero; es una ventana al mundo; tengo mi logo en la ventana frontal, y ¡No tenemos ninguna j****** obra!” Entonces ver que ya se habían comprometido a la galería, comenzó a montar sus propias exposiciones, convirtiéndose en vendedora de arte “casi por accidente”.

Ya había empezado, alrededor de este tiempo, a interesarse en la criptodivisa. No la comprendía al principio, pero su existencia la fastidiaba, entonces resolvió poner su cabeza en ella. “No me gustaba el sentimiento incómodo de que había dejado algo sin hacer… Era un desafío personal porque no me gusta no entender algo cuando todos lo entiende.”

Pero la noción de la criptodivisa, y la filosofía detrás de su concepción, la sedujo. La red de Bitcoin fue lanzada en Enero del 2009, creada para ser un sistema de pago sin fronteras y completamente descentralizado. No había un banco central o gobierno detrás de ella. La idea era que los usuarios pudieran interactuar directamente entre ellos en línea, y que todas las transacciones serían guardadas y grabadas por siempre en un vasto registro público conocido como el blockchain (cadena de bloques). En muchas maneras, era –y sigue siendo– un proyecto utópico, y como las divisas similares que siguieron, era vista por compradores tempranos como una alternativa a la economía tradicional. No es una coincidencia que Bitcoin fuera lanzado durante la primera crisis financiera. De hecho, el primer “bloque” de bitcoins –el llamado “Bloque Génesis”– nació el 3 de Enero del 2009, y contenía el texto de un encabezado del Times ese día: “Canciller a punto del segundo rescate de los bancos.”

Entonces para Dadiani, no sólo estaba tropezando con una oportunidad, estaba descubriendo una ideología. La naturaleza internacional y sin fronteras se relacionaban con su propia experiencia creciendo, al igual que la mentalidad independiente y casi libertina de la gran comunidad de la criptodivisa. “Comparado a la gente trabajando en sectores tradicionales, he notado que la gente involucrada con las cadenas de bloques tienen un pensamiento muy, pero muy abierto. Muy libre. Tienen una visión, y esa visión es que el futuro es descentralizado. Eso por supuesto incluye a la economía, pero también otros aspectos de la vida, donde la gente puede tener más oportunidad de hablar, donde tiene más opciones en lugar de acatar las decisiones del gobierno”.

Escucharla hablar, te hace dudar en algún nivel.

Ella sigue un poco molesta sobre que le dijeran que no podría traer aquellas 40 pinturas simbolistas de Moscú a Mayfair. “Me gusta la idea de la autonomía”, continúa. “No creo que deberíamos de vivir en un mundo donde solo nos suscribimos a las creencias de los sistemas económicos antiguos, y donde solo se nos permite hacer decisiones dentro de cierto parámetro. ¿Por qué mantenernos bajo la palma del club de “los niños grandes” que son las finanzas internacionales cuando, con un poco de fe e iniciativa, puedes al menos intentar establecer una alternativa más pura?”.

Era más, quizás, que descubrir una ideología. Creo que también le dio una identidad. Ella piensa sobre todas sus expulsiones y su huida de la clase social alta de Moscú para vivir en Oldham y todos sus diversos trabajos. “Algunas veces no te rebelas para desobedecer. Te rebelas para conocerte mejor. Creo que sólo quería encontrar mi lugar. Encontrarme a mi misma como humana”.

El año pasado, la galería de Dadiani se convirtió en la primera en el Reino Unido en aceptar criptodivisa. Poco tiempo después, creo el Sindicato Dadiani. “La idea básicamente vino de la pregunta, ¿y ahora qué sigue? Una vez qué haces ganancias significativas en tu criptodivisa, ¿No querrías comprar algo con ella?”, dice. “Y nuestro trabajo es actuar como el nexo para este nuevo tipo de comprador”.

En un sentido, ella sirve como intermediaria, una fijadora que ayudará a los clientes a obtener lo que quieren de los vendedores qué tal vez no les darían tiempo de su día por la manera de la que provienen de sus fondos. Por la naturaleza sin regulación de la criptodivisa y la facilidad relativa con la que puede ser transferida de usuario a usuario, ha desarrollado la reputación de ser apoyada por criminales para lavar dinero. Esto hace a la gente ansiosa y desconfiada de cualquiera que presuma grandes cantidades de la misma.

“Lo que es tonto”, dice Dadiani. “Nada por sí mismo es inherentemente maligno. Es sólo la manera en la que es usada”, de todas maneras, dice, no es como que algunos bancos no se hayan involucrado en “prácticas dudosas”. No es como que los gángsters americanos no tengan una debilidad por los dólares.

Pero de todas maneras, un escepticismo perdura. Lo que vuelve su presencia tan importante cuando se trata de convencer vendedores de autos lujosos o establos purasangre para hacer negocios. Ella es, francamente, nobleza, de una familia poderosa y adinerada acostumbrada a la compra venta de productos de alto costo. “Debes ser de ese mundo para servir a ese mundo”, dice ella. “He creado relaciones con estas personas. Hay una historia. Es orgánica. Hay una capa de confianza. Cuando comencé a hacer esto, se sentía muy natural. Ya conocía a todos. Solo estaban a una llamada de distancia”.

Ella negocia una comisión en cada trato. “Hay un par de tratos de propiedad de los que no quiero mencionar mucho en este momento, porque aún está en una etapa muy prematura y porque potencialmente son muy grandes. Mucho más grandes que los autos de la Fórmula Uno”. Pero muchos de estos casos también hacen que ella obtenga grandes cantidades de criptodivisa. Si, digamos, un vendedor de autos no quiere aceptar cantidades gigantes de divisa digital, Dadiani y su sindicato lo convierten ellos mismos. En términos simples, esto significa que además de arreglar los tratos, ella también actúa como un tipo de casa de cambio, pagando libras o dólares y creando reservas de Bitcoin, litecoin y sus semejantes. En un sentido, éste es el testamento de su fe en el futuro de estas divisas. Pero esto también significa que ella puede, evitar pagar impuestos.

“Estoy sujeta a pagar impuestos, si, pero solo si la convierto a divisas ordinarias. Pero no puedes pagar impuestos en algo que está constantemente cambiando su valor. Si hiciste una ganancia de 50 por ciento un día pero al siguiente una pérdida del 60 por ciento, ¿hasta que punto sabes el valor de lo que estás pagando? Creo que esto siempre será materia gris”, dice seriamente. “Un área gris muy oscura”.

Aún, es un poco irónico que ella tenga que convertir un poco de su criptodivisa a libras, aunque sea para seguir manteniendo su negocio. “Incluso en Londres, no puedes llamar a una compañía de logística y decir, ‘Escucha, me gustaría pagarte en bitcoin.’ Te dirán ‘j*****.”

Se ríe. Tal vez, eventualmente, eso cambie. Tal vez todo lo haga. Ella habla grandiosamente, sobre creación de “rutas de intercambio digital” que abarcan el mundo, del comercio global friccional, de riquezas para aquellos que tienen fe y visión en lugar que solo esos que nacieron en eso. “Hay un mundo paralelo que está siendo creado, y tiene el potencial de convertirse en algo incluso mayor que este mundo”. Es, ella dice, “la siguiente evolución de la raza humana”.

Entonces, si, está confiada en el futuro a pesar de los recientes tambaleos. Y es una coincidencia infecciosa. Me hace pensar fuertemente que me gustaría tener algunas bitcoins. “La manera en la que lo veo es: sólo pierdo cuando retiro, cuando vendo. Entonces si los mercados están bajos entonces mientras tenga mis unidades, tendrán valor porque en última instancia, es un encierro”, dice sonriendo “La trayectoria, a la larga, solo es hacia arriba”.

 

¿QUÉ ES BITCOIN?

Una divisa digital creada para que las personas puedan hacer negocios sin costos ni la burocracia del sistema bancario. Todas las transacciones son grabadas en un registro digital llamado cadena de bloque, que es propagado a través de las computadoras de los usuarios. Las bitcoins se registran a direcciones bitcoin y accedidas por sus dueños por medio de una “llave privada” que es una contraseña de 64 caracteres.

Las personas que ponen sus computadoras a trabajar verificando las transacciones cadena de bloque obtienen como recompensa nuevas bitcoins en un proceso conocido como minería de bitcoins.

 

¿QUIÉN LA CREO?

Un individuo o grupo anónimo que se hace llamar Satoshi Nakamoto creó bitcoin en 2009. Reportes de investigación han puesto varias supuestos candidatos para el Nakamoto real, incluyendo al científico computacional y criptógrafo americano Nick Szabo, quien ha negado las afirmaciones.

¿QUIÉNES LAS USAN?

Muchas bitcoins son compradas por inversionistas, especuladores, algunas personas que no confían en su propia divisa nacional, y algunas por criminales que las usan para comprar drogas y herramientas hackers en la web oscura. Corea del Norte ha estado apilando bitcoins en su bolsa para intentar evitar sanciones internacionales. Bitcoin no es “anónimo”, pero puede ser difícil de rastrear y de cobrar impuestos.

¿QUÉ ES EL BLOCKCHAIN o CADENA DE BLOQUES?

La idea de una cadena de bloques o registro distributivo, no solo se puede aplicar a las criptodivisas. Muchos gobiernos están experimentando con tecnologías de cadenas de bloques para guardar información, tales como registro de tierras, mientras que los supermercados están viendo las cadenas de bloques para seguir la comida de la cadena de oferta de granja a tenedor. Algunos expertos argumentan que el concepto cadena de bloque va a tener un mayor rendimiento que las bitcoin.

¿HAY UNA OFERTA INAGOTABLE DE BITCOINS?

No. Hay un límite de 21 millones de bitcoins, y se predice que todas serán explotadas en 2040.

¿POR QUÉ VALEN TANTO?

Porque suficientes personas ven un valor en ellas y hay una oferta limitada. Las bitcoins no tienen un valor de bien, como el oro, pero son ampliamente aceptadas. No obstante, muchos economistas incluyendo a Robert J Shiller y Joseph Stiglitz, ganadores del premio Nobel creen que está seriamente sobrevalorada y necesita una gran corrección.


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