La cita de los recuerdos

Escrito por: Katya Lopez

Fecha de publicación: 30 septiembre, 2018

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María Elena recogió su bolsa, tomó a su esposo del brazo y salió de casa con sus más hermosos recuerdos a flor de piel, como si fueran un ramo de rosas frescas que nunca se marchitaron.

La emoción era profunda: vería a sus amigas, aquellas que casi niñas compitieron a su lado en la gimnasia artística de los Juegos Olímpicos México ‘68.

Llegó a la Sala de Armas de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixuhca, saludó a sus amigas y las abrazó como si ayer hubiera sido el último entrenamiento. Era medio día y el sol caía a plomo mientras más de 50 ex deportistas mexicanos de aquella justa esperaban a Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional.

Bach visitó México para conmemorar los 50 años de aquella justa y en la ceremonia se develarían una escultura de los aros olímpicos.

Sin embargo, Bach demoró su llegada. Aunque estaba pronosticado para hacer la ceremonia a las 12:00 horas, su cita en el Comité Olímpico Mexicano -donde además se reunió con Andrés Manuel López Obrador- se prolongó y el traslado entre el tráfico capitalino desfasó el evento.

Para no esperar en vano, surgió una idea: José Ramón Amieva, Jefe de Gobierno de la CDMX, invitó al presidium a todo aquel que quisiera hablar del ensueño olímpico que vivieron 50 años atrás.

María Elena no perdió oportunidad. Subió al estrado y comenzó a hablar: “Yo tenía 16 años ¡y era la más grande del equipo de gimnasia! Nosotras éramos unas niñas, muy pequeñitas. En solo dos años hicimos con nuestros entrenadores lo que los mejores equipos del mundo habían hecho en diez. Éramos el asombro porque competíamos con los grandes a pesar de ser pequeñas (…) y bueno, nosotras nunca habíamos usado tacones y el día de la inauguración nos vestimos de medias y tacones y allí desfilando hasta nos caíamos porque no sabíamos cómo caminar”, recordó entre risas.

María Elena habló frente a sus amigas y ex compañeros de equipo, muchos ya de cabello blanco miradas añorantes; pero aún con el paso de los años sobre la piel, en sus ojos conservan radiante de reencuentran con aquellos casi niños que fueron, 50 años atrás.

Después subió Pina Flores. No era atleta, ni entrenadora, ni juez. “Hace 50 años yo estudiaba Educación Física y cuando supe que pedían voluntarios, yo fui de las primeritas, pero me dijeron que estaba muy chaparrita y le eché ganas como nadie, hasta les dije “¡me pinto de güera, me pongo tacones, me compro pupilentes, pero yo voy!” Y al final no sólo fui a esos. Hasta ahorita llevo 11 Juegos Olímpicos como voluntaria y ya estoy estudiando japonés para irme a Tokio 2020”, compartió.

Así se entrelazaron las memorias, de una en una, para contar lo que pocos sabían de la historia que fueron los Juegos Olímpicos de México 68.

Aunque salió del protocolo, la improvisación de estos discursos tornó en una emotiva reunión de los recuerdos, entre risas, lágrimas, aplausos y nostalgia.

Allí brillaron los momentos de los que poco se sabe. Algunos salieron desde Tamaulipas, San Luis Potosí y otros estados solo para llegar a esta cita.

Llegó Thomas Bach con una larga comitiva e inauguraron los aros olímpicos, que relucían en con brillo argento, bajo el mismo sol que hace 50 años vio brillar las historias que esa tarde contaron los olímpicos mexicanos de 1968.