La Cineteca Nacional en la 4T

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 22 febrero, 2019

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Los vientos de la cuarta transformación no soplan en la Cineteca Nacional, donde todo sigue exactamente igual…

La ratificación no oficial y casi a escondidas de su director es una señal de resistencia de la vieja burocracia cultural priista, esa a la que le gusta viajar en primera clase a costa del erario.

La Cineteca Nacional es una de las instituciones más nobles del Estado mexicano. Su misión es catalogar y preservar la memoria fílmica, así como difundir la cultura cinematográfica. Junto con la Filmoteca de la UNAM, la Cineteca tiene uno de los principales acervos fílmicos de Latinoamérica y también uno de los complejos de exhibición de cine de calidad más grandes y concurridos en el mundo, con un total de 10 salas y un foro al aire libre, mismas que reciben a más de un millón de cinéfilos al año.

Fundada hace 45 años, el 17 de enero de 1974 para ser precisos, la Cineteca
es un espacio cultural que los cinéfilos capitalinos se han apropiado a lo largo del tiempo. Sí, han sido los amantes del cine quienes han hecho de la Cineteca un espacio público tan querido y respetado. No sobra recordar que, en sus más de cuatro décadas de vida, la Cineteca ha tenido que superar el menosprecio de gobiernos priistas y panistas (Vicente Fox la quiso desaparecer) que han minimizado su importancia y que, salvo por la polémica remodelación durante el sexenio antepasado, la han golpeado con recortes brutales a su presupuesto.

Era de esperarse que, como parte de la instauración de un gobierno de izquierda, instituciones culturales como la Cineteca Nacional se verían fortalecidas en materia presupuestal y con la inclusión de nuevos cuadros con una visión mucho más moderna y progresista de la función publica y también de la conservación y la difusión de materiales audiovisuales.

Pero no fue así. Este año la Cineteca tendrá un recorte presupuestal cercano al 10% y la Secretaría de Cultura federal, por más asombroso que suene, le dará continuidad a su actual director, Alejandro Pelayo, un funcionario de la vieja escuela priista y, hasta donde se sabe, ajeno al proyecto de MORENA.

La Secretaría de Cultura federal, encabezada por Alejandra Frausto Guerrero, no ha informado con claridad sobre el tema y en el área de comunicación ni siquiera se tomaron la molestia de redactar un boletín de prensa que oficialmente anuncie la ratificación de este funcionario, un hombre a todas luces acostumbrado a los usos y costumbres del viejo sistema burocrático, el mismo que Andrés Manuel López Obrador pretende transformar.

Es evidente que la Secretaría de Cultura federal tiene un grave problema de
comunicación. Tan mal lo están haciendo que parece que no quieren difundir por ningún canal oficial la ratificación de Alejandro Pelayo, un servidor público indefendible en materia de austeridad republicana. Hace no mucho, una ex alta funcionaria de la Cineteca lo vio muy cómodo en un asiento de primera clase en un vuelo internacional “¿Sabes lo que cuesta ese pinche boleto?,” me dijo en tono molesto. Viajar a los festivales de cine europeos y sudamericanos en primera clase, por ejemplo, es un lujo que no tiene cabida en un gobierno cuyo presidente vuela en clase económica.

Errores de comunicación tan básicos como éste sólo provocan que se suelten los rumores. Y nada peor que los rumores. El más fuerte dice que Pelayo “sólo se queda un año.” Así me lo han dicho en los pasillos y cubículos de la propia Cineteca. ¿Ratificado sólo un año? Extraño, ¿no? ¿Como para qué?

Pero eso sigue siendo un trascendido, un rumor. No se ha dicho nada por un canal oficial. La Secretaría de Cultura federal, en lugar de esconder la cabeza como las avestruces, debe informar y explicar por qué decidió darle continuidad a Alejandro Pelayo, y más si el pacto fue por un año solamente.

Los ciudadanos tenemos el derecho a que se nos informe sobre temas de
interés público como éste. No cabe duda de que a la Cineteca Nacional le urge un relevo generacional. Millones de mexicanos votaron el 1 de julio de 2018 en contra de la vieja clase política, la misma a la cual pertenece Alejandro Pelayo. Hay gente muy talentosa y preparada en el medio cinematográfico nacional que puede tomar las riendas de la Cineteca Nacional y hacer de ella una institución digna de un gobierno progresista.

La Cineteca, digámoslo sin ambages, no debe ser un refugio de la desprestigiada burocracia cultural priista. Al final de cuentas, la ratificación de Pelayo al frente de la Cineteca exhibe dos cosas: a) la Secretaría de Cultura federal no entendió el mensaje de los mexicanos en las urnas y b) la Cineteca Nacional seguirá funcionando como en el sexenio pasado, como si hubiera ganado el PRI. No hay ningún cambio, pues.

Y la verdad es que la Cineteca y los miles cinefilos que se la han apropiado, que la han hecho suya, se merecen otra cosa. Llama la atención que esto suceda justo cuando uno de los subsecretarios del sector es precisamente Edgar San Juan, miembro de la comunidad cinematográfica nacional que representa a una generación diametralmente distinta a la de Alejandro Pelayo.