Idea Musical XXV: México, Octubre 2020 - Rock101

Idea Musical XXV: México, Octubre 2020

Fecha de publicación: 22 octubre, 2020

Idea Musical XXV: México, Octubre 2020
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Una certeza es que el cambio era necesario. La alternancia que aparentemente terminaba con la influencia de un priismo que había intentado sobrevivir a como diera lugar después de aquel momento de cambio que significó 1968, y que era la indicada para modificar un sistema oligárquico que ya había llegado a su fin, fue en realidad el inicio de otro proceso de desgaste. El de la desilusión opositora. Fox, un hombre muy limitado intelectualmente, nunca comprendió el valor histórico del momento y el respaldo que había recibido de un gran porcentaje de la población que anhelaba los cambios necesarios para una nueva época democrática. El resultado de ser más de lo mismo, que en realidad se convirtió en algo peor al haber traicionado las promesas de cambio en las que se cimentó su plataforma política, comenzó a alimentar una nueva oposición mas cerca del hígado que de la razón.

La elección 2006 que dio triunfador a un personaje gris, antipático y arrogante, con una diferencia en votos que hizo sumamente cuestionable el resultado, acompañada de la intransigente reacción de un crecido opositor que en lugar de litigar el resultado y proceso electoral -que de acuerdo a las leyes electorales tenía el sustento jurídico para hacerlo y buscar reponer el proceso electoral completo-, comenzó a comprender mejor, a través de la diatriba permanente, como alimentar esa bilis que nutría las arengas en contra de un nuevo gobierno que, asustado por la debilidad de su llegada al poder y las crecientes manifestaciones en su contra, con la más visible en Reforma, creyó encontrar la solución a su necesidad de legitimización en la invención de una guerra contra el narco solo para sacar al ejército a las calles como fenómeno disuasivo a cualquier intento de esa oposición. ‘Guerra contra el narco’ desbordada y sin una estrategia reflexionada que llevo a nuestra sociedad, toda, no solo la opositora, a convivir a partir de entonces con soldados, tanquetas y balaceras, con un incremento alarmante de la violencia cotidiana que altero nuestras vidas, desde entonces, hasta el día de hoy.

Con una definida y creciente oposición biliar, en la elección 2012 el contrapeso de la razón aun considero que era mejor regresar al famoso malo conocido y el pri regresó con la esperanza de un gran sector de la sociedad, de que perder el poder le había dado una nueva generación de políticos más preparados y sensibles que por fin voltearían a las necesidades de crecimiento y estabilidad, seguridad y economía, que se volvían apremiantes.

El inicio del siglo XXI se define por 18 años de gobiernos panistas y priista que, no obstante una creciente falla sistemática en el cumplimiento de promesas de campaña, tuvieron la sensatez de mantener los mecanismos de funcionalidad del gobierno así como el respeto a las instituciones que se habían ido creando a lo largo de 40 años de la instauración de una nueva democracia que ciertamente reaccionaba, no con la velocidad o con la contundencia que esperaba la población, pero reaccionaba a las peticiones de salud, de educación, de necesidades financieras, de respeto a los derechos humanos. No obstante, la ejecución errada de gobierno, en esos 18 años se confirmaron unas, y se crearon otras organizaciones, algunas de carácter gubernamental, otras de carácter no gubernamental, unas respaldadas por fideicomisos necesarios para su estabilidad y desarrollo, otras incorporadas al cuerpo de gobierno, instituciones que se crearon buscando atender necesidades específicas de la población de manera directa. No obstante, la corrupción generalizada que se dio desde los gobiernos de Fox, Calderon y de manera escandalosa en el de Peña Nieto, cada gobierno tuvo la sensatez de mantener intocables las instituciones de seguridad social, de salud, de apoyos económicos a distintos sectores dedicados a tareas académicas y de investigación con ello garantizando el avance sustantivo de la sociedad. Pero, indiscutiblemente, no obstante, esa sensatez mínima en el ejercicio de gobierno, el abuso sistemático y la exhibición de acciones de corrupción que rebasaban los límites de la decencia y la ley, inflamó el hígado popular a tal nivel que se desbordo la bilis acumulada en 18 años en favor de la, auténticamente, última esperanza que significaba la alternancia, y en 2018 la manifestación popular avasalladoramente decidió a favor del candidato del hígado, no de la razón.

Fuimos un gran número de personas que votamos por el cambio, porque después de los delirantes abusos de la cleptocracia que definió el regreso del pri al poder, la alternancia era aún más indispensable. Pero votamos por un cambio que se instaurara dentro de los límites del marco constitucional y democrático que nos da sentido, forma y fondo como nación. Votamos por la restauración del orden y la justicia aplicada dentro del estado de derecho, y por la regeneración de una administración pública responsable y cuidadosa de la gente. Para nuestra sorpresa, una vez más, el otro candidato que se lleva la otra votación legal más copiosa de la historia reciente, nuevamente abusa del poder popular y, lejos del pueblo que le dio el triunfo, comienza una revolución que nadie pidió, que nadie considera necesaria. Orden y respeto a las instituciones constitucionales de México era lo único que se pedía, no su destrucción bajo el lema de ‘transformación’.

Convencido de estar liderando una autentica revolución, el actual presidente está aprovechando cada minuto de su mandato para destruir el establishment democrático -perfeccionable, cierto, como es cualquier institución creada en el espíritu democrático- para crear uno nuevo que dependa única y prácticamente de su autoridad y simpatía. Desmanteló los servicios de salud pública y social, sin importar la indispensabilidad, muchas veces de auténtica supervivencia, que significan instituciones de salud que, aun en los momentos más críticos de corrupción de los anteriores gobiernos, eran eficientes y estaban trabajando. Simultáneamente está enviando iniciativas de ley que buscan modificar la administración pública para centralizarla en su oficina. La desaparición de los fideicomisos del gobierno federal son solo un paso más en esta ruta de concentración de poder.

Basado en una estrategia de propaganda que diariamente bombardea a la población con distracciones, ironías, información falsa, y abyecciones que contribuyen a la desinformación para convertirse en motivo de conversación que distrae de la atención de las verdaderas acciones que está decidiendo el poder unipersonal de la presidencia, insiste el gobierno en estar llevando a cabo una transformación, del nivel de la independencia, la reforma y la revolución, que no es una acción popular, en el sentido de estar impulsada por bases de la población que buscan esa misma transformación. Votamos por un cambio de actitud en el ejercicio de gobierno, del sistema de gobierno establecido por la constitución, no votamos por un cambio total de sistema, y menos por un retroceso democrático que regresará el poder a la voluntad de un presidencialismo sin límites. Menos aún votamos por la delirante búsqueda de una ‘transformación’ que vive en la imaginación y fantasía de una persona y su círculo más cercano, alimentada por todas las razones equivocadas más cercanas a la pasión y el hígado, que a la razón social y el beneficio autentico de un País.

En la todavía existente libertad del dialogo democrático, y en medio de la transformación profunda de nuestra sociedad que ha provocado la epidemia de Covid19, es momento de reflexionar profundamente sobre nuestro poder como electores para regular el poder unipersonal, equilibrarlo para hacerlo más eficiente en el auténtico beneficio de la gente. 

La historia nos ha demostrado como cuando el poder se concentra en una sola voluntad, los resultados son desastrosos para la economía, para la cultura, y para el desarrollo colectivo de la sociedad.

Ya hemos pasado por ahí, y nos tomó cuarenta años y tres generaciones sobreponernos.

Escrito por: Luis Gerardo Salas

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