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Ficción 101: Ciudad antigravedad

Fecha de publicación: 28 abril, 2020

Ficción 101: Ciudad antigravedad
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Por: Arturo Cruz Flores

El cielo pintaba y dibujaba nubes densas, negras, que cargaban millones de mililitros de agua, listos para caer a la superficie. Apenas el sol alumbraba un poco y soltaba unos rayos tímidos sobre el cielo. La rutina de la ciudad se asfixiaba en el paso de la tarde a la noche. El crepúsculo habla, y deja caer sus misterios, en este cambio del día a la penumbra.

Entonces la gente llegó al centro de la ciudad, la gente saludable. Porque en muchas regiones de la ciudad se manifestó una extraña condición, en la que los adultos, casi todos, morían. Pero descubrieron poca información que causaba mucha intriga, después de un temblor peculiar que duró cinco minutos exactos, y del cual, no se notificaron daños a ninguna estructura, aunque el movimiento de la tierra fue notorio para todos. A partir de ahí vendrían los fallecimientos. Mientras estudiaban lo que sucedía, muchos científicos, filósofos y sabios se habían reunido para decir y salvar a todos los que estaban vivos aún.

En la ciudad de Pachuca diseñaron una bóveda subterránea; una ciudad bajo tierra donde debían separarse los que aun vivían, para ser rescatados. Pero debía ser un aislamiento total, y para ello se hicieron de la tecnología más avanzada: usaron la ciencia de la antigravedad, construyeron un sistema de elevadores con el objetivo de elevar al enorme Reloj Monumental de esta ciudad, legendario guardián de cantera.

Y todo salió como había sido planeado, entonces era una elevación del monumento, para que surgiera de su base, un elevador desde la profundidad de sesenta metros, nivel en donde se encontraba la nueva residencia. Se descubrió con el tiempo que, tras aquel sismo, el agua potable de la ciudad se contaminó de varios minerales y de una extraña e indescriptible sustancia que surgió del centro de la tierra, y subió hasta la superficie de esa región.

Sustancia de la que no pudieron conocer su estructura, su origen o sus componentes. Sustancia que parecía una especie de lava, y que, al contacto con el agua, se convertía en un gas tóxico que era casi imperceptible. Los adultos podían sentir cambios intensos en sus conductas cuando percibían este gas de origen desconocido.

Mientras los pobladores seguían llegando a la plaza principal de la ciudad para salvarse, muchos admiraban la manera en que este monumento milenario se elevaba; miraban los sistemas que podían usar la antigravedad. El monumento debía elevarse, al menos diez metros, para que se permitiera a los ciudadanos ingresar a las plataformas, y bajar a la ciudad subterránea.

Lo que sucedía con los adultos era que fallecían de manera fulminante, después de que hacían corajes fuertes. De repente llamó tanto la atención a todos los medios nacionales, que se hacían coberturas de prensa de estos sucesos, pues había patrones que se llevaban a cabo.

Pasaron los años y nadie pudo encontrar la manera de solucionar el problema. La medicina avanzó de una manera increíble, pero no era suficiente. Algunos curanderos y maestros de brujería habían reflexionado, estudiado y hecho videncias en estados de contemplación elevada, donde se les había revelado que era un daño de origen espiritual y energético.

Mucho se especuló, pero hasta estos días del apocalípsis nadie ha tenido una respuesta real y creíble. Los familiares quedaban sorprendidos de esas muertes. Al menos, pensaban estos que los fallecimientos eran rápidos, no sufrían; sólo se quedaban en silencio y cerraban los ojos, cayendo a plomo al piso. Los más jóvenes decidieron dejar de usar el agua potable, consumían la que se encontraba almacenada en las tiendas departamentales, buscaban la manera de hacerla rendir, pues no sabían si todos los mantos acuíferos estaban limpios.

La situación se había complicado. Después de Hidalgo, la Ciudad de México, Tlaxcala, Querétaro, y luego todos los estados de la República, que manifestaban los síntomas, siguieron el ejemplo de Pachuca. Cada capital creó su ciudad subterránea. Con la energía y tecnología de la antigravedad, hacían mover sus monumentos históricos, para que fueran los filtros. Casi nadie subía a la superficie, era de vez en cuando que debían retroceder a las antiguas acciones de supervivencia, como la cacería; se organizaban brigadas, para hacerse de alimento natural, que sería consumido en el subsuelo.

Habría que hacer limpieza en la superficie, para evitar funestas consecuencias, debían hacer también brigadas de limpieza de cadáveres, y para ello los subterráneos utilizaban un equipo pequeño y diminuto, que había sido inventado, y que se usaba para generar fuego. Así subían en grupos de nueve, con mucho cuidado, y las brigadas incineraban a los cadáveres, hasta que se hicieran cenizas.

Nadie supo por qué sucedió esto. Nuevas generaciones de mexicanos nacieron y surgieron viviendo de esta manera, subterráneos de la forma en que Hidalgo puso el ejemplo para hacerle frente a esta situación. Marcaron el camino a una alternativa, pero quizás nunca encuentren solución a esta situación.

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Escrito por: Rock101