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(Crónica) Entre ojos llorosos y rostros irritados el 8 M siguió en pie

Escrito por: Maura Torres Martínez

Fecha de publicación: 9 marzo, 2021

(Crónica) Entre ojos llorosos y rostros irritados el 8 M siguió en pie
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Siendo las 12:00 del día me dispuse ir rumbo a la marcha del 8 de marzo. Subí al metro correspondiente a la línea 2 (azul), me senté y fui recorriendo una por una las estaciones del metro.Chabacano fue la estación en dónde se subió la mayor parte de mujeres que irían al igual que yo al Monumento a la Revolución, lugar que fungió como punto de encuentro y de partida para dar paso al inicio de la marcha.

Aún en el tren por medio de los parlantes nos enteramos de que Zócalo, Hidalgo y Revolución serían las estaciones permanentemente cerradas por la manifestación, así que tuvimos que seguir a San Cosme y dirigirnos a Revolución caminando. Las calles aledañas al Monumento estaban obstruidas por camiones estacionados que habían transportado granaderos, los cuales se encontraban rondando por las calles de la colonia Tabacalera y muchos otros ya estaban posicionados en los extremos de las aceras por donde pasarían más tarde las manifestantes.

Cerca de 13:30 horas la mayor concentración de mujeres se encontraba bajo la cúpula del Monumento a la Revolución, tratando de derribar unos tablones de madera que cubrían ciertas secciones del recinto. Distintas colectivas se fueron colocando al derredor gritando fuertemente «¡Fuimos Todas!», y aplaudiendo a las mujeres que yacían hasta el frente accionando, mientras que a la par, se esperaba a que llegasen el resto de las mujeres y colectivas.

El sol estaba en su punto y todas aquellas a las que no les cubría la cúpula del monumento decidieron replegarse y esperar bajo la sombra de los árboles que se encontraban a un extremo, lugar donde también estaban la mayoría de las vendedoras con diversos productos como paliacates, sombrillas, comida, banderas, sombreros, aguas, bolsas, lentes y cubrebocas.

Durante todo el recorrido a los extremos iban mujeres encapuchadas accionando con martillos, aerosoles y esténciles, con los que escribían y rayaban las vallas llenándolas de consignas, reclamos, nombres y símbolos en su mayoría con colores negro, morado, rosa, verde y blanco.

Entre avenida Juárez y avenida Hidalgo se encontraban algunas señoras trabajadoras de limpieza de la Ciudad de México que mostraban su apoyo a la manifestación, con algunos pañuelos morados y mantas pequeñas; más adelante llegando casi a eje central Lázaro Cárdenas (a la altura del Sears) se había puesto una red enorme tejida de color rojo, en forma de arco para recibir a los contingentes. De lado derecho, justo después del arco, donde está la antimonumenta, se encontraban algunas mujeres y un señor con una lona grande y amarilla pidiendo justicia por Elideth Ríos.

Ya sobre eje central, pegada al edificio del Banco de México, había una manta morada con letras blancas de que decía «Se va a caer», seguimos caminando hasta entrar a la calle 5 de mayo, varias mujeres con martillos, abollaban las cortinillas de los locales, al mismo tiempo los granaderos iban caminando a la par de las manifestantes por las aceras. Algunas cantaban una y otra vez, «Somos malas, podemos ser peores y al que no le guste se jode, se jode…»; otras gritaban «¡Fuimos todas, fuimos todas!», haciendo alusión a las pintas y martillazos. A unos diez metros antes de finalizar 5 de mayo, se detuvieron para hacer un clásico ocho de entrada, en donde todas corrieron hasta ver asomándose parte de la catedral, entonces recobraron el paso lento y constante hasta ubicarse dentro del cuadro de la plancha del Zócalo, nuestra llegada allí fue a las 15:12.

Los granaderos hacían un muro entero resguardando la Catedral, las vallas enormes iban de extremo a extremo cubriendo todo el frente de Palacio Nacional; vallas que días a tras habían sido utilizadas para escribir los nombres de las tantas desaparecidas y muertas pidiendo justicia y el no olvido, ahí también se colocaron flores y se hicieron pintas alusivas para recordar que familiares siguen luchando y las siguen buscando; justo ahí un grupo numeroso de mujeres estaba frente a ellas tratando de derribarlas. Paso por lo menos una hora para que pudieran derribar apenas una valla, que con el paso del tiempo se convertirían en poco más de seis espacios en los cuales se encontraban granaderos resguardando Palacio Nacional con sus grandes escudos que los protegían.

Sin embargo, los extinguidores y el gas lacrimógeno estuvieron constantemente presentes en el estire y afloje entre manifestantes y los policías, mujeres regresaban con la cara roja, ojos irritados y con dificultad para respirar a causa de los gases tóxicos. Tenían que aliviar el ardor algunas con coca, vinagre, leche o agua con bicarbonato, una vez recuperadas regresaban a la batalla. También hubo varias chicas detenidas y encapsuladas por los granaderos de palacio, a quienes mujeres y brigadas humanitarias les pedían las regresaran, mientras documentaban al mismo tiempo lo que estaba sucediendo.

Mientras todo eso sucedía al centro de la plancha y cerca de la asta bandera a las 17:07 llegó una camioneta con madres de mujeres desaparecidas, quienes leyeron sus posicionamientos, que no podían ser escuchados nítidamente debido al sonar imparable de los tambores que venían tocando Pan y Rosas, a quienes minutos más tarde echarían del Zócalo por repudio.

Se escuchó aclamar «¡no están solas, no están solas!», al haber finalizado las oradoras la camioneta se marchó rumbo a 20 de noviembre. Eran casi las seis de la tarde y para entonces la asta ya estaba repleta de fotografías con denuncias pegadas, hubo fogata, un círculo enorme de mujeres bailando y gritando «se va caer, se va caer», otras tantas descansaban sentadas o recorrían el lugar.

Muchas mujeres salían de la batalla con escudos de policías como si fuesen estandartes de victoria. Los bombazos de gas tóxico cada vez más iban en ascenso, tanto así que hubo instantes en los que lo lanzaban desde Palacio Nacional y el humo llegaba al asta bandera, lo que provocó el pánico y el correr agitado de muchas chicas; algunas otras decidimos permanecer y agacharnos cubriéndonos ojos, nariz y boca. Aun así, sentíamos ardor y los ojos nos lagrimeaban. Poco después unas chicas contaron que al frente les había tocado el gas espeso y que algunas reporteras y mujeres se habían puesto a vomitar, aunado a la dificultad para respirar. Muchas regresaron y las que en trinchera se encontraban, les ayudaban a lavarse los rostros con leche y agua con bicarbonato. La táctica fue seguir, una y otra vez hasta agotarlas y que se fuesen dispersando. El piso yacía completamente verde, tapizado de los restos de gases tóxicos que utilizaron para abatirlas.  

Anocheció, la manifestación estaba culminando ya habían dejado de llegar contingentes, la plancha del Zócalo que esta vez estuvo apenas a la mitad de su capacidad, se vaciaba cada vez más. Todas se retiraban en grupo para seguir cumpliendo la labor de protegerse unas a otras, la sororidad no descansó y a quienes veían solas, preguntaban si querían compañía. La pandemia fue un factor trascendente para que la asistencia a la marcha del 8M 2021 fuese menor, pero aún así salieron, salimos a la calle a conmemorar, a gritar, a exigir justicia y a seguir vislumbrándonos, fuertes, sororas y en pie de lucha.

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