El soundtrack de la vida: la calle sin nombres

Written by on 09/03/2018

Es del conocimiento popular que los nombres propios se pueden escribir sin necesidad de apegarse a las reglas de la ortografía; en realidad no sé si hay un sustento académico, sin embargo celebro ese libre albedrío, (aunque a decir verdad celebro cualquier libre albedrío), bajo la máxima universal que sentencia que un nombre puede dictar tu destino.

Suena fuerte, pero es verdad, y no tiene que ser tu nombre necesariamente, podría ser el nombre de la calle en la que vives, como es el caso de Belfast en Irlanda del Norte y donde, según cuentan, se podía conocer la religión de sus habitantes de acuerdo a la calle en que vivían, hecho que inspiró una de las mejores canciones de los ochentas, ‘Where The Streets Have No Name’, de U2, una rola en la que un aún idealista Bono (quien obviamente no se llama Bono), soñaba con una Irlanda que no estuviera dividida por la religión, e intentaba, acompañado por el casi infinito requinteo de The Edge (que tampoco se llama así), derribar las paredes que sus compatriotas habían construido para ellos mismos. Hoy sabemos que fue un intento fallido, pero no dejó de ser un gran intento.

Otra peculiaridad de los nombres propios es que son opcionales, así es, si te llamas José y no te gusta, puedes optar porque todos los demás te llamen Pepe o Joselito o Joe, y así hasta el infinito, pero hay quienes han ido mucho más allá, y de entre la gran cantidad de personajes que han decidido cambiar su nombre para identificarse con una persona totalmente distinta, además de Bono y The Edge, en esta primer entrega quiero mencionar, en primer lugar a Gordon Matthew Thomas Summer quien mientras tocaba con la New Castle Big band vistiendo la casaca a rayas negras y amarillas  de la segunda fuerza del New Castle United asemejando, o al menos así lo cuentan, a un abejorro, recibió el sobrenombre de Sting.

Sting como al final decidió ser llamado este personaje musical y quien construyera y destruyera una de las mejores bandas de todos los tiempos, tuvo a  bien escribir e interpretar una de las canciones más bellas y a la vez desgarradoras que haya escuchado en mi vida, ‘They Dance Alone’ del ‘Nothing Like the Sun’ y en la que describe el luto de las mujeres chilenas que bailan solas La cuenca, la danza nacional de Chile sosteniendo fotos de sus familiares desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet y en la que Rubén Blades recita algunos versos en español. Un tema poderoso que conmueve y nos hace pensar en la importancia que tiene aferrarse a la vida y protestar la muerte de quienes nos fueron arrancados a la fuerza.

Finalmente en esta breve lista de nombres propios, pero más que nada impropios, está quien fue más allá de dejar atrás su nombre y terminara convirtiéndose simplemente en un símbolo, así es, me refiero a Prince Rogers Nelson, un artista revolucionario que volvía absolutamente locos a los ejecutivos de su disquera con un estilo disruptivo que cautivaba y enloquecía a la audiencia con experimentos como ‘Kiss’, un composición en A mayor y un tempo de 112 beats por minuto que en 2018 parece algo casi natural, pero que en el lejano 1986 redifiniría el sonido funk y nos dejaría muy claro que no tenemos que ser [email protected], [email protected] o hablar sucio, lo único que necesitamos para enloquecer a [email protected] [email protected] es estar ahí y tal vez, decir nuestro nombre.

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