El soundtrack de la vida – En la friendzone

Escrito por: Angel Tellez

Fecha de publicación: 17 agosto, 2018

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Si hay algo que Netflix nos ha enseñado es que cualquiera puede ser friendzoneado, ni Luis Mi se ha salvado de caer en esa ambigua zona en la que la única esperanza es la necedad de querer estar con una persona que por una u otra razón no quiere estar con nosotros. No me voy entretener en querer explicar porqué caemos en la friendzone o porqué mantenemos a alguien ahí, al final es un tipo de simbiosis del amor que tarde o temprano termina. Me limitaré a compartir algunas de mis rolas favoritas al respecto.

Un tipo de friendzone es en la que te gusta la persona que está con tu [email protected] Uno de los casos más famosos es el del triángulo amoroso que vivieron Eric Clapton, George Harrison y Pattie Boyd y que diera origen a Layla, en 1970, grabada en el álbum Layla and other assorted love songs del súper grupo Derek and the Dominos. Según cuentan Clapton escribió esta canción inspirado en el amor no correspondido de Boyd quien en ese momento estaba casada con su colega y amigo George Harrison. Eventualmente Clapton y Boyd se casarían, pero por algún tiempo, fue el amor imposible de Eric. La rola consiguió entrar en las listas de popularidad en dos ocasiones, 1972 y 20 años después, en 1992 cuando Clapton lazara su álbum unplugged, que por cierto, es mi versión favorita.

 

Una de las más frustrantes versiones de la friendzone es cuando te tienen en la banca, o sea, cuando el objeto de nuestro deseo, cual malagueña salerosa nos dice que si, pero no nos dice cuándo. Y aunque sabemos que la espera es inútil, por alguna razón no podemos escapar al hechizo y continuamos, en contra de toda lógica, firmes en el empeño de que nuestra fidelidad (muchas veces no correspondida) sea recompensada.

Sin embargo hay veces en que en un ataque de dignidad nos da por enfrentar a esa persona y le advertimos que no le vamos a esperar por siempre, como en Wating in vain, rola original de Bob Marley, del álbum Exodus de 1977, que yo conocí en 1995 en la versión de Annie Lennox. Sin embargo amenazas aparte, normalmente permanecemos en la banca, como un joven futbolista que espera con ilusión debutar con el equipo en primera división como la estrella que el público esperaba. Cosa que raramente sucede.

 

 

Finalmente, escribiré de una de las opciones más frustrantes de la friendzoneada y es cuando por unos días creemos haber conocido, al fin, a la persona perfecta, a esa pareja ideal que comparte nuestra forma de pensar, que entiende nuestros chistes y que parece ser la comparsa perfecta para nuestros solitarios corazones. Nos vemos navegando ente las calles lluviosas de la ciudad bajo la protección de un impermeable para dos, paseando de la mano en la noche fría con la esperanza de encontrar luciérnagas o simplemente escribir una historia mientras ella pinta, o tal vez valer verga, pero juntos. Esos días en que la vida es perfecta hasta que nos enteramos que nuestra potencial media naranja tiene una relación con alguien más. Un bañito de realidad como en Great Expectations, la novela de Charles Dickens y la muy adecuada rola Like a friend de Pulp incluída en la versión cinematográfica de 1998 de Alfonso Cuarón.

Sea cuál sea nuestro historia en la Friendzone, es un momento que aunque alegamos sufrir, la verdad es que nos mantenemos ahí por gusto y no hay excusas para no disfrutar del amor no correspondido cuando es nuestra elección seguirlo cultivado.

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