El silencio en la bocina - Rock101
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El silencio en la bocina

Escrito por: Alex Salas

Fecha de publicación: 23 junio, 2020

El silencio en la bocina
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“En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz…”

Nocturno en que nada se oye. Xavier Villaurrutia

Generación X tardía, de los primeros prototipos de ese estado del ser llamado “millennial”. Nací, crecí, no me reproduje, consumí, consumí y no he muerto.  Mis Baby Boomers adorados me enseñaron que debo ganarme cada peso para invertirlo luego en cochinadas. Comprar mucha ropa, ir al cine, beber en bares, comer en restaurantes, hacer turismo, porque así es como vive la clase media, los que hoy podemos hacer cuarentena en casa, protegidos de cualquier mal desconocido, porque los males conocidos, aunque peores, al menos tenemos la idea de controlarlos.

Educación privada hasta la universidad. Un trabajo seguro que me hace infeliz el noventa por ciento de las veces y un puñado de momentos que guardo celosamente en un cofre con recuerdos felices.

Algunos viajes no planeados, fiestas que comenzaron en algo tranqui y terminaron en borracheras de al menos una semana. Cada vez que me di permiso de hacer alguna locura fuera del entorno de lo que conocemos como “normal” resultó, en la mayor parte de las veces ser uno de esos recuerdos del cofre y todos, enmarcados en un poderoso soundtrack.

Y es que desde hace muchos años mi vida entera está rodeada de música. Me arrullé con Soda Stereo, desayunaba con INXS, hacía mi tarea con Simple Minds gracias a mi hermano. Cuando tuve edad de elegir, me decidí por Achtung Baby de U2 para el disco que le pusiera soundtrack a mi adolescencia.  Luego vinieron Nirvana, Guns n’ Roses, Led Zepellin y un largo, largo etcétera. Antes de todo eso, mi madre me esperaba en su panza con Close to You de los Carpenters. Para mi la vida es simplemente eso que hacemos mientras suena Bob Dylan.

De pronto un acontecimiento inimaginable irrumpe la vida de todos. La enfermedad, la incertidumbre, una muerte que acecha y a quien nadie es capaz de contradecir.

En estos días de confinamiento el Post Punk suena a bajo volumen en mi bocina, en ocasiones me molesta su murmullo y prefiero apagarla, prefiero el silencio. La vida o lo que conocía de ella esta en pausa, cautiva esperando una oportunidad.

Es dentro de este silencio donde suceden cosas extrañas. De pronto he sido capaz de escuchar mis pensamientos los cuales suelen hacer tal ruido que me dejan sorda. Puedo escuchar mi egoísmo, mi escandalosa soberbia, mis ganas de controlarlo todo. Ahí viene, la bocina de nuevo. Suena bajito Interzone de Joy Division la cual me exaspera y vuelvo a apagarle y así un sinnúmero de veces durante el día mientras trabajo en mi oficina improvisada, mientras viajo al baño y a la cocina en ocasiones con todo pagado.

Hacia el atardecer ya me he acostumbrado al silencio. El acoso de mi mente me ha dejado en paz por un rato y puedo escuchar pacíficamente el silencio ocasionalmente interrumpido por los soniditos del gato, el llanto del bebé de los vecinos y unos golpecitos lejanos provenientes de la casa contigua. Algo similar a la paz.

“El 29 de agosto de 1952, el compositor David Tudor se acercó al piano instalado sobre el escenario del Maverick Concert Hall, en Woodstock (Nueva York). La audiencia siguió con los ojos al joven intérprete, que gozaba ya de cierta reputación en la vanguardia musical de Estados Unidos. Se sentó y, cuando todo el mundo esperaba la primera nota, cerró la tapa del piano y permaneció en silencio durante 30 segundos. Después volvió a abrir y cerrar la tapa, como señal de inicio del segundo movimiento, y volvió a quedarse inmóvil otros 2 minutos y 23 segundos, ante el asombro de los asistentes, muchos de los cuales comenzaron a abandonar la sala. Y repitió el gesto por última vez, permaneciendo en silencio 1 minuto y 20 segundos más, mientras leía la partitura en blanco que había frente a él”. Cita el diario español ABC de España en su artículo “John Cage, el hombre que compuso el silencio”.

Sin la obligación de un confinamiento, John Cage (Los Ángeles 1912 – Nueva York 1992) quien fuera músico, compositor y teórico musical, (entre muchos otros oficios) conoció, indagó y presentó una obra cuyo protagonista era el silencio en su pieza titulada 4’33” la cual como podrán imaginarse, resulta en 4 minutos con 33 segundos de silencio. Muchos dirán que cualquiera podría hacer eso, tal como lo dicen de cualquier obra de arte contemporáneo, sin saber que para darle vida a esta “pieza silenciosa” pasaron años de trabajo de investigación alrededor de la ausencia de sonido.

Cage creó una partitura y comparó su pieza con otras plagadas de silencios, incluso se introdujo al interior de una cámara anecoica, que es una habitación pensada para no tener sonidos externos. “Allí, el músico se sorprendió de escuchar dos sonidos, uno agudo y otro grave, cuando pensó que estaba experimentando el silencio absoluto. El ingeniero le explicó que el primero era su sistema nervioso y el segundo su circulación sanguínea. «Hasta que muera habrá sonidos. Y continuarán después de mi muerte. No hay que preocuparse por el futuro de la música», dijo”. Cita el diario ABC.

Cage se dio cuenta que su “pieza silenciosa” no lo era del todo, pues el sonido de ambiente sería, probablemente, el antagonista de esta, una de sus máximas creaciones. Tan valiosos son el silencio como el sonido porque ambos son testigos de la vida y de su ausencia.

Salgo por la noche, cuando ya no hay gente a caminar un poco. Silencio. Miradas cabizbajas, otras miradas buscando miradas cómplices, miradas temerosas, miradas calladas, todas ellas buscando esperanza en medio del “silencio desierto” que ya advertía Villaurrutia. Todas ellas esperando que algún día en algún momento, vuelva a sonar la música que sonaba en esa bocina antes de que el tiempo se detuviera.