El sentir centrocaribeño

Escrito por: Katya Lopez

Fecha de publicación: 1 agosto, 2018

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCC) son la justa regional más antigua del mundo y desde su inicio, en 1926, su paso ha quedado marcado por los ritmos de la geopolítica mundial. Los pulsos y las arritmias globales han vibrado en cada aliento, en cada gota de sudor, en cada medalla centrocaribeña.

No es casual que México lidere el medallero de la más reciente edición de Barranquilla 2018 (por primera vez en 52 años y con Cuba presente), una serie de combinaciones internas y extranjeras encausan su ecuación al éxito.

La crisis político social venezolana hizo que su delegación llegara a la justa reducida en número y nivel; Cuba dejó de ser la reina regional que fue durante la Guerra Fría asesorada por Europa del Este y aquí es notorio su descenso hegemónico como potencia mundial; el local Colombia perfiló su preparación a ganar los Juegos Sudamericanos de Cochabamba en junio pasado y en su propia justa perdió eventos donde se perfilaba como favorito, el ciclismo entre ellos; finalmente, México mantuvo sus exigencias, pese a una reducción de presupuesto de más del 50 por ciento, en los últimos siete años para el deporte (en 2012: 5 mil 357.1 mdp; en 2018: 2 mil 100mdp).

Hay mucho más del pulso internacional que vibra en esta justa. Barranquilla, vuelve a recibir los Juegos este año, pues los hizo por vez primera en 1946 y aquella justa marcó la reactivación de la región, pues a causa de la II Guerra Mundial, por ocho años no se contendieron los Juegos centrocaribeños.

Más aún: en la primera edición, de 1926, México recibió los JCC y nuestro país apenas respiraba la normalidad social, tras la culminación de la Revolución Mexicana. Plutarco Elías Calles inauguró entonces los Juegos, en el Estadio Nacional a los que sólo asistieron Cuba, Guatemala y México. ¿Quién diría que 70 años después, su nieta, Tania Elías Calles Wolf, se convertiría en la máxima medallista de esta justa, en las pruebas de vela, con cuatro oros?

En 1962 -con la Guerra Fría iniciando su etapa más álgida- Jamaica fue el primer país de habla inglesa que recibió los JCC y nueve días antes de iniciar los Juegos, hizo formal su independencia del Reino Unido. El día de la Ceremonia Inaugural, en representación de la Reina Isabel, asistió la Princesa Margarite e hizo la declaratoria oficial del inicio de los Juegos. Fue la primera vez que se izó la Bandera de Jamaica y que se escuchó su Himno Nacional.

Antes de llegar a aquellos Juegos, Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana, le decía a sus deportistas: “Pueden perder el basquetbol contra México, pero no con Puerto Rico, que a Estados Unidos le interesa tener una colonia yanqui vencedora”.

–          Busquen un deporte en cual clasificarme a los Centroamericanos, pero el único récord regional que tengo hasta ahora es el de discursos largos. Agregó entonces Castro.

–          ¡No, Comandante! ¡Usted tiene el récord mundial! Le contestaron algunos deportistas.

Los Juegos, en los que tanto pugnaron no ver la política involucrada, se convirtieron en un acto político al final: el estandarte del capitalismo contra el socialismo. La más grande hostilidad fue en San Juan 1966, cuando los deportistas cubanos llegaban a Puerto Rico, en el Buque Cerro Pelado y los anfitriones, considerados territorio estadounidense, no permitieron el acceso del barco a sus territorios marítimos. A aquel equipo cubano se le llamó Delegación de la Dignidad pues ganaron en 11 torneos de los Juegos, mientras recibían tanto improperios como aplausos de los espectadores boricuas.

Cuba, herida por los desaires de la diplomacia puertorriqueña, decidió convertirse en la potencia hegemómica de la región y, a pesar de ser una pequeña isla, llegar al top10 de las potencias mundiales del olimpismo. Desde entonces, Europa del Este, con técnicos alemanes, búlgaros y rusos, asesoraron con ciencia y metodología a los cubanos, que de ahí y hasta Veracruz 2014 lograron un dominio arrasador.

Cuba regresó a Puerto Rico, a los Juegos de Ponce 1993 a resarcir el daño: hizo su récord histórico de 364 medallas y 227 de ellas de oro, cuando México apenas pudo alcanzar el segundo sitio con 66 oros y 240 podios totales.

San Salvador 2002 fue una edición difícil. El Salvador tenía sólo 10 años de culminar su Guerra Civil y los estragos sociales seguían presentes. La población protestaba contra el presidente Francisco Flores y la tensión social causó estrictas medidas de seguridad para proteger los Juegos. En protesta, Cuba no asistió y tampoco fue a la edición de Mayagüez 2010, por falta de garantías de trato semejante al resto de las delegaciones por parte de Estados Unidos, ya que Puerto Rico es Estado Libre Asociado suyo.

Veracruz 2014 fueron los primeros Juegos que México recibió fuera de su capital. Los primeros en que no hubo Villa Centrocaribeña y todas las delegaciones debieron hospedarse en hoteles. Fue entonces el gobernador del estado Javier Duarte el patrono de la justa y pocos años después se descubriría que incluso los Juegos fueron usados para el desvío de recursos públicos en Veracruz. Una herida profunda que aún duele en los veracruzanos.

Ahora, en Barranquilla, la justa centrocaribeña regresó a Colombia por cuarta ocasión, pues la última vez que tocó su tierra fue en 2006, cuando Cartagena de Indias fue sede, en medio de los conflictos con las Fuerzas Armadas de Revolución Colombiana, guerrilla insurgente y terrorista, de extrema izquierda, que perduró 47 años (1964-2011).

Hoy, Barranquilla conmemora los 300 años de su fundación y antes de recibir los Juegos, Colombia no sólo vivió su proceso de pacificación, sino además, sus procesos electorales, donde Iván Duque sustituirá a Juan Manuel Santos (Premio Nobel de la Paz 2016) como nuevo Jefe de Estado colombiano.

Panamá recibirá la próxima edición de la justa deportiva regional más antigua del mundo y ya deparará un nuevo pulso y nuevas realidades a la región que respira en medio del acontecer global.