El Muro de Berlín a 30 años de su caída

Escrito por: Luis Acosta

Fecha de publicación: 8 noviembre, 2019

Categoría:

Uno de los sucesos más importantes que marcaron al mundo antes del nuevo milenio, fue la caída del muro de Berlín, que significó un rompimiento de ideologías durante la Guerra Fría.

Tras la II Guerra Mundial, Alemania y su capital, Berlín, quedaron divididas en cuatro zonas controladas cada una por una de las potencias ganadoras de la contienda: la URSS, Reino Unido, Francia y Estados Unidos.

Más tarde, las potencias occidentales decidieron integrar sus respectivas zonas, y en 1949 nació, en el oeste, la República Federal de Alemania, mientras que en el este surgió la República Democrática Alemana, que más tarde iniciaría la construcción de un Muro en Berlín que dividió la ciudad en dos.

Pero recordemos que la caída del Muro de Berlín, no fue un suceso que tuvo lugar de un día para otro, ya sea por un decreto que firmó un funcionario de la República Democrática Alemana, o porque, dos años antes, Ronald Reagan dio un discurso en aquella ciudad, en el cual pronunció su famosa frase, “Mr. Gorbachev, tear down this wall”.

La caída del Muro de Berlín más bien obedece a las consecuencias de varios sucesos que, como una reacción en cadena, desembocaron en el derrumbe de esta estructura que fue el fruto de un anhelo de control social. El Partido Comunista de la Unión Soviética tenía una visión del mundo, una visión en la que todo problema era resuelto por un aparato central integrado por las mentes más brillantes del país. Ninguna persona tendría que volver a pasar por hambre siempre y cuando se sometiera al liderazgo del Partido.

No obstante la planificación del Estado para llegar a una sociedad sin desigualdades no era compatible con los anhelos del pueblo en materia de libertades individuales. La libertad de expresarse de acuerdo a sus principios e ideas personales, por ejemplo, era un desafío del individuo al dogma partidista, un desafío que tendría que ser silenciado para no distraer al proletariado de sus objetivos revolucionarios. Irónicamente, la necesidad del Estado de controlar todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos, desde sus acciones a sus pensamientos, era una necesidad que iba en contra de la propia condición humana.

Este muro era un factor limitante de los deseos individuales de cada hombre y mujer en la Alemania Oriental. Por supuesto, el Muro de Berlín era una barrera que fracturó a familias y amistades dentro de una misma comunidad. Toda muralla a lo largo de la historia ha sido un obstáculo que intenta bloquear el potencial que alberga el ser humano, por lo que no hay muro que pueda mantenerse de pie, llámese el Muro de Jericó, el Muro de Berlín o el Muro de Trump. Y aún así, se siguen construyendo.

Los muros de concreto, piedra o acero gozan de un poder simbólico, pero a final de cuentas, estos pueden ser derrumbados porque son materia y ocupan un lugar en el espacio. Por su mera naturaleza física, están destinados a ser polvo. Y si bien es cierto que la gran mayoría de alemanes, polacos, checos y húngaros están satisfechos con los cambios a su estilo de vida tras el colapso del comunismo, ¿cómo habrá sido la desilusión de esta gente al descubrir que las democracias liberales también tienen sus muros?, solo que son más sutiles, más psicológicos, y aunque no son tan opresivos como la Cortina de Acero, no dejan de ser obstáculos al deseo individual de satisfacer las necesidades de su persona y su familia.

El muro de Berlín, tirado el 9 de noviembre de 1989, no sólo significó la reunificación de Alemania, sino el triunfo sobre la opresión que ejercía cierta ideología en el pueblo. El rompimiento del muro dio paso a una nueva generación con miras en el futuro y esperanzas en otra ideología, pero que sin saberlo, no es más que lo mismo pero con diferente cara. Tal vez ya vaya siendo hora de tirar los muros impuestos por el capitalismo y las “democracias” con aparente libertad. Y es que no es coincidencia que las manifestaciones por las injusticias en todo el mundo, estén tomando una importancia cada vez más visible frente a los sistemas políticos de cada país.