Deerhoof/Entre Desiertos – Ese ruido del infierno que está salvando al mundo entero

Escrito por: Alejandra Aviles

Fecha de publicación: 8 junio, 2018

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Uno pensaría que a cierta venerable edad, ya es difícil sorprenderse con algo. La exigencia social para un chavorruco es tal, que ese semblante gris pocoamigable y malcoposo se convierte en parte de la rutina diaria; por si fuera poco, esta amargura es contagiosa, degenerativa y hasta letal, al menos para el alma.

La cosa empieza a ponerse fea cuando te cuestionas si estás en edad para hacer, decir o vestir cualquier cosa. ¿En serio hay una edad para escuchar rock e ir a conciertos? Y así, de prejuicios en prejuicios como este comienzan a surgir el famosísimo: “Yo ya estoy ruco y cansado para (coloque aquí su pretexto favorito)” o la máxima: “¡Eso es basura! ¡La música en mis tiempos era realmente buena!”. Conozco a gente que incluso me ha dicho que no le comparta música porque “es contaminación auditiva” eso que suena hoy en los reproductores.

¿Se dan cuenta? Cada vez nos parecemos más a la viejita regañona que nos gritaba por volar la pelota a su patio. Nada ni nadie está matando al rock más que esa actitud de saberlotodo que nos impide abrir nuestro espectro hacia nuevas posibilidades. ¿Qué es el rock sino un organismo vivo en constante evolución? ¿Qué somos los humanos si no evolucionamos? Cosas medio vivas esperando dejar de respirar. Perdón que me haya puesto tan filosófica.

Pero venga, no todo está perdido, si eres un chavorruco o un joven oxidado dejándose opacar por la rutina, te invito a que salgas de tu microondas para dejarte sorprender por esa cosa rara que algunos llaman vida.

Eso fue justo lo que hice el pasado miércoles 6 de junio donde se llevó a cabo la tercera noche de la Semana Indie Rocks! luego de un penoso suceso en el que cierta morenita de ascendencia afronuyorriqueña nos dejara plantadísimos a última hora, qué feo que sean así deveras. Sin embargo, el staff de Indie Rocks! solucionó todo muy rápido concluyendo ese martes en una noche de fiesta loca , buena música como se esperaba y evidentemente, con la mejor actitud.

Justo de la misma manera, se inauguraron las actividades la noche 3 de la Semana Indie Rocks! Imaginen que el paso uno es ser bienvenido con una paleta de hielo, de esas embriagadoras, ya desde ahí pinta bien la noche. Muy puntual por cierto, ya que a las nueve en punto las puertas se abrieron aún con muy poquitos asistentes y a las diez muy en punto también, los originarios de Tijuana se apoderaron del acogedor escenario del Foro Indie Rocks ya con el recinto semi lleno.

Aquí es donde se pone buena la cosa, y es que si no han experimentado escuchar a una banda por primera vez, de verdad les invito a explorar la posibilidad. Este fue mi caso el pasado miércoles, mi primera vez escuchando a Entre Desiertos, fue algo así como amor a primera vista.

Cinco tipos flacuchos y bellos, originarios de Tijuana, Baja California: Rommel Santellanes (Guitarra/Voz); Jacinto García (Teclados/Sintes); Mauricio Ruiz (Bajo/Percusión/Voz); Násmar Guzmán (Batería/Voz) y Javier Gómez (Guitarra/Corno francés). Juntos colisionan para hacer una fusión de jazz rock, repito ¡¡¡jazz rock!!! Y bueno, no solo eso, también por ahí suenan unas bases electrónicas con un toquecito de folk. ¿No les parece emocionante? Para mí lo fue, ya que nunca he tenido mucha fe en el rock nacional, debo admitirlo y escuchar a bandas como Entre Desiertos es significativamente sorprendente.

Solos de guitarra brillantes más baterías virtuosas, acompañados de un bajo misterioso, teclados y un corno francés, es una fórmula que debería estar patentada para su reproducción. Y es que es un sonido sencillamente placentero, singular y aunque poco predecible, muy disfrutable.

Piezas como: Cristal, Poco a Poco, Llamarada fría, Fragmentos y Trágico, formaron parte del set de esta banda que, como pocas, se atrevieron a experimentar con sonidos distintos, sin apegarse a un género sino dejándose guiar por donde los llevan las ondas sonoras.

Ellos junto a otras bandas de Tijuana están marcando el ayer y hoy de una movida bajacaliforniana, la cual está plagada de propuestas, psicodelia, arte bonito y buena onda.

Tan solo quince minutos después de haber terminado Entre Desiertos, luego de que un staff pequeñito emprendiera el cambio de instrumentos, en punto de las once de la noche salen despiadados y feroces los californianos de Deehroof.

Satomi Matsuzaki es la voz de esta banda delirante que pareciera el soundtrack de una película anime. Y lo mejor ¿Recuerdan a los protagonistas del Show de los 70? Bueno pues si se fijan bien es como si Eric Forman, Steven Hyde, Jackie y Fez hubieran salido de su sala de filosofar, así todos chinguiñosos y suavecitos para formar una banda de noise. Ella envuelta en un vestidito como de porrista (al menos sus ataques de brincos lo sugieren así) y los demás como si hubieran dejado a la mitad sus palomitas y su serie de Netflix para venirse a tocar, a excepción del genio Ed Rodriguez que, siempre saca sus mejores garras, del clóset setentero de su papá.

Y como si se tratara de un viaje de speed, los miembros de esta banda (ya entrados en años) se dejan ir como hilo de media, sin parar un segundo a nada, canción tras canción, gritan, se agitan, brincan, se mueven de un lado a otro, sudan y nos hacen sudar. Una extraña euforia nos invade la espalda y es que simplemente no hay forma de resistirse al efecto Deehroof. Es necesario pararse y bailar, jalonear al de al lado, gritar como loco y dejarse llevar por la energía de su música y ruidoso sonido.

Cada uno de ellos tiene un personaje y una función particular: Satomi acompaña con la voz pero es la parte energética, Ed es la parte virtuosa, John Dieterich el matadito meticuloso y metodológico, mientras que Greg Saunier es, bueno, simplemente el alma de esta fiesta. Solo por mencionar algunas particularidades de la ruidosa batería de Saunier cuyo jinete se toma el tiempo de andar por el escenario como si fuera la sala de su casa, se amarra las agujetas, anda acomodando y recogiendo, riega sus baquetas por doquier y también es él quien de repente asalta el micrófono de Satomi para hablar en un disléxico español y expresa su beneplácito, nos dice buenas noches y que México cuenta de manera definitiva y contundente con la comida más exquisita de la galaxia toda.

Una tras otra, comienzan con: Flower, I Will Spite Survive, Snoopy Waves, The Perfect Me, Breakup Song, Paradise Girls, Exit Only, Fresh Born, para continuar con: Bad Kids to the Front, Con Sordino, Flower, Come Down Here & Say That, Plastic Thrills, There’s That Grin, We Do Parties, Polly Bee. Mas o menos a esta altura del recital, a Ed Rodríguez le sucede lo peor que le puede suceder a un guitarrista que solo cuenta con una guitarra, y esto es que se rompa una cuerda, OMG! De la forma más natural y tranquila del mundo, Rodríguez se dispone a cambiar su cuerdita, entre tanto, su carnal Saunier hace de bufón cuenta chistes sonoros para distraer a la banda mientras eso sucede. Luego de unos minutos, todo regresa a la normalidad, salvo que Saunier no quiere volver a la batería, pero Satomi lo avienta de una patadita de regreso a su lugar.

Finalizan con Chandelier Searchlight, Kafe Mania!, Spirit Ditties of No Tone, Twin Killers y luego de un encore microscópico, viene Mirror Monster.

Deerhoof nos enseña una y solo una cosa que son muchas a la vez. No hay edad, no hay frontera, no hay prejuicios, no hay barreras ni sonido que impidan al rock ser.

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