Dave Matthews band en la Arena Ciudad de México

Escrito por: Rock101

Fecha de publicación: 7 octubre, 2019

Categoría:

Por: Héctor Octavio Valdés

Cerca de la hora de la cita, la colosal Arena Ciudad de México, parecía aún no estar saciada del público que llegaba tarde y a cuentagotas. Se escuchaba decir a los que, como su servidor, iban entrando al área libre de butacas, ésa a la que suele llamársele “nivel cancha”: “Pero si esto está vacío”. Y no, al final, la DMB no toco para una audiencia poco nutrida, pero tampoco para un estadio a reventar. Y, como sea, la banda de Dave Matthews, es experta en poner siempre el chispazo sobrado para hacer la ignición que termine prendiendo cualquier auditorio. Y el pasado sábado 5 octubre en el norte de la CDMX, no fue, para nada la excepción. ¡La arena ardió!

Sin más preámbulo, la banda tomo posición en la formación común en los últimos conciertos de esta gira: A saber y de izquierda a derecha: el tecladista Buddy Strong, por cierto, la más reciente adquisición de la banda (y quien ha hueseado con cuanta estrella pop se le ocurra a usted); el guitarrista Tim Reynolds (añejo amigo y colaborador, quien hace no tanto tiempo por fin dio su bracito a torcer para ser miembro oficial de la organización); el siempre sofisticado y elegante baterista Carter Beauford, quien, al centro le cuida las espaldas y los coros al hombre frontal, un Dave Matthews, que siempre ha insistido en que esta banda es una democracia aunque sea su nombre el que aparece en la portada; Stefan Lessard, siempre calladito pero con una gran idea musical y ejecución al bajo, y en la extrema derecha la virtuosa sección de metales integrada por el trompeta Rashawn Ross y el saxo Jeff Coffin.

Los primeros acordes inconfundibles son los de “Tripping Billies”, mismos que se funden con el rugido de un público que claramente conoce los éxitos de la banda. Diríase que difícilmente se llega por error a un recital de la DMB.

El señor Matthews recibe la primera ovación para, en un claro ánimo de agradar, intenta articular algunas palabras en español. Remata diciendo el halago de que la CDMX y su comida son de sus favoritas en el mundo. A continuación emprende un mix entre dos hits muy conocidos también: “So much to say” y “Too much”. Y sí, ¡vaya que si es MUCH! Comienza una temprana apoteosis donde protagoniza una sección de metales que la llevan al cielo. Al final Matthews, como ya es costumbre en los apenados visitantes del norte, habla del mal comportamiento del presidente de los EEUU y pide amor para todos siendo buenos vecinos.

A continuación, y antes de fundir algún fusible en el incipiente concierto, vamos con el primer estreno, del Come tomorrow, álbum 2018 de la banda, escuchamos la cadenciosa y acústica “That girl is you”, para luego seguir con “Funny the way it is” (del Big Whiskey…), delicada y bailable y con un gran trabajo en los hihats de Beauford, heredero de las glorias de Stewart Copeland. Y no se extraña el violín eléctrico, pues acá el tecladista que luce una playera de BLAXICAN, emula gratamente ese timbre.

Y el termómetro vuelve a subir con la exquisita “Crush” comenzando por el solo de bajo que deviene al medio de la canción en un increíble solo de trompeta que nos recuerda a un Botti pero llevado a Nashville. Reynolds, de ya peculiares gafas oscuras, no se queda atrás con su solo electrizante.

Al final, Dave habla de sus hijas y dedica a los niños presentes, del álbum más reciente, Come tomorrow, y dice: “Vamos a cantar para ustedes” con el coro que reza: “We should let the children lead the way”.

Y ya con el público en la bolsa, lo que pase es puro gozo. Así que lleva Warehouse que termina en aquelarre tropical salseado con todo el mundo moviendo el sistema óseo como sólo la DMB podría hacerlo.

Una vez más, y para bajar la tensión, en un ritmo dramático de estos expertos en conciertos masivos, viene una más pop “You & me”, para dar luego paso a “Louisinana Bayou”, primera del Stand up, de 2005. Por ahí se escuchan las palabras “Tequila” y otras alusiones a México. La siguiente es un largo pasaje instrumenta final ardiente en los pies de toda la arena, como si estuviéramos en la playa. La canción termina en grandísimos solos de Strong, Reynolds y Lessard.

Pocos imaginarían que después del “Thank you so much for comming this evening”, se comenzaran a escuchar notas que están en el inconsciente de cualquier roquero que se precie de serlo. Y sí, el primer cover de la noche es Sledgehammer, de Peter Gabriel haciendo lucir todavía más a los metales. Sobre decir que la sala casi se venía abajo.

“I must remember to breath at this altitude”, dice Matthews como si hubiese sido él quien soplara y resoplara a la boquilla del saxofón.

Luego, para tomar aliento, vino “Here On Out”. También del Come tomorrow, sólo para retomar la emoción con “Lie in Our Graves”, clásica del Crash (1996). Vaya solo de slide a cargo de Tim influido claramente por Santana, Petty y hasta, diría yo, Brian May. Pero Strong no se queda atrás con un solo de Hammond. A continuación, Matthews intercambia su tradicional guitarra acústica por otra de doce cuerdas para tocar otra de las nuevas rolas, que, y lo digo de verdad, no aburren por ser poco o nada conocidas: es el turno de “Can’t Stop”.

Ya en franco éxtasis viene el massive hit “Everyday” con el consabido preludio que el público corea de #36: “honey, honey, come and dance with me”. Y en esta banda de virtuosos casi todos son capaces de hacer coros. Y ya la banda se deja ir con una retahíla de éxitos: “The Space Between”, “Shake Me Like a Monkey”, “Ants Marching” con otro momento altísimo e inolvidable en el recital a todo lujo de improvisaciones y solos de todos.

El concierto termina ante un público que quiere más y luego de unos minutos, vuelve Dave cargando por única vez una guitarra eléctrica y muestra la bandera de México. Canta él solo “Some Devil”, de su álbum homónimo y solista de 2003. Desolador sonido que nos recuerda un lugar descampado y desolado como su letra: “I’m broken, don’t break me when I hit the ground”.

Vuelve el resto de la banda para terminar con broche no de oro, de diamante: original de Dylan: “All Along the Watchtower”, que, por si fuera poca cosa, dado el parecido armónico con la clásica del Led Zeppelin IV, funden con el emblemático solo de guitarra de Stairway to heaven y el estribillo final: And as we wind on down the road; Our shadows taller than our soul; There walks a lady we all know; Who shines white light and wants to show; How everything still turns to gold; And if you listen very hard; The tune will come to you at last; When all are one and one is all; To be a rock and not to roll.

Y sí, esa noche, en la Arena Ciudad de México, mientras afuera la capital del país se quejaba en las redes sociales por el tráfico, la política y hasta si ya apareció o no el cuerpo del difunto, la DMB y los que alcanzamos a llegar, todos fuimos uno y uno lo fue todo.