Darkwave, ayer y hoy en México

Written by on 16/04/2018

Es indudable que el contexto musical en México luce una de sus mejores etapas en la historia, y tampoco es que con esta afirmación quiera discriminar al pasado pues sería sin duda un pecado eterno. Simplemente es que hoy en día el concepto de lo “masivo” que décadas atrás asustaba al artista y al propio espectador, permite tener al alcance de nuestros ojos y oídos cualquier artista sin importar raza, color, religión o género, con sus peculiaridades y tropicalizaciones que incluso permiten albergar en nuestro país al darkwave.

Específicamente la Ciudad de México se ha vuelto un hábitat de encuentros musicales que ha permitido vencer de a poco los falsos estereotipos del consumidor. La sociedad contemporánea es digna de exigir un cambio en los estándares que de forma microscópica podemos notar en un concierto, por ejemplo: la crítica de la vestimenta, el separarnos por el costo de un boleto, los individuos que escupen hacia arriba por su gafete de prensa o la soberbia de aquellos que no se cansan de criticar al reggaetón o la banda.

Así, el creciente número de festivales musicales es un primer avistamiento de encuentro entre culturas y formas de ser. Sin embargo, las consecuencias disparan distintas vicisitudes que otorgan al pasado un valor inquebrantable y elegante. Una forma de entender el cambio es sin duda Spotify, por ejemplo; una plataforma que deja poco sentido a la curiosidad y a la comprensión del artista desde sus inicios pero que su vez asume su importancia por conectar a distintas generaciones.

La realidad del asunto es que estas reflexiones fueron posibles gracias a espacios particulares de la ciudad que son dignos de conocer, pero también de comprender. Lugares como Patrick Miller, Dirty Sound, Departamento, Centro de Salud, pero sobre todo Real Under, son habitaciones que albergan una serie de tributos a la escena underground que no predican con el concepto masivo.

 

Podría interesarte: El under chilango 30 años después

 

Allí, nuevas generaciones se congregan felices de imaginar cómo eran las pistas de baile en los años 80, un tanto perdidos en láser, humo y sintetizadores. Y es que gozar del sinte es una experiencia infinita e irrepetible, haciendo de las noches de la ciudad pequeños capítulos que creen hablar del espacio, las estrellas e incluso de las artes plásticas.

Para comprender mejor lo anterior dicho me es necesario hablar brevemente de Mateo Lafontaine. Artista y exponente de la escena post punk y la música electrónica en México, amante del Korg y los Casio. A través de sus dedos, la historia se traduce en la importancia de la tecnología y cómo esta revolucionó el sonido análogo. Gran parte del discurso de Mateo se enriquece por la filosofía que busca romper lo ya establecido, incluso como contraparte del punk.

Cierta nostalgia se dispara de muchas entrevistas que he visto de él, pero seguro de que las nuevas generaciones asuman nuevos alcances dada las nuevas condiciones económicos y culturales pues si bien antes las ideas eran revolucionarias también eran costosas. Ferviente amante de las calles, conocedor de la vieja colonia Roma, Polanco y Santa María la Ribera, coleccionista de vinilos y fanzines; así es como Mateo justifica el paso del tiempo sobre la pista de baile para rebelarse ante los ojos del noctámbulo.

Para seguir iluminando un poco la propuesta que se esconde en la oscuridad de la ciudad es importante conocer los sonidos que influyen en la tornamesa y que se transforman en synthpop y techno pop. Kraftwerk, Ultravox, Soft Cell, entre otros, son algunas de las voces que dieron vida a Casino Shangai, banda referente de la escena dark en México y que hoy se asoma en los rostros del Centro de Salud, específicamente de Ulalume Zavala, quien atenta contra la copia de sonidos que ya se hicieron en los 80, pero defiende la transformación de estos, tales como el darkwave industrial y que se personifican en el segundo piso del Real Under.

 

Ulalume es consciente de la realidad actual en las que nuevos vulnerables buscan acojo en la música y las artes en general, provocando así una búsqueda constante por una evolución sónica que exprese su carácter y responda a ciertas cuestiones sociales. Quizá eso refleje la sintonía de lo que hace actualmente como DJ y exponente del house y el techno.

Con este pequeño preámbulo no queda más que perderse en los rincones alejados de la multitud. La realidad es que estos lugares no sólo concentran un homenaje al pasado sino a su estética e ideología que inmortaliza a los poetas malditos, la pintura, el terror, la androginia, el individualismo, pero, sobre todo a la creatividad. Por eso insistir en que las ideologías no se construyen discriminando otras pues todos somos parte de un mismo pasado y es en las circunstancias del tiempo que la personalidad se afianza al disfrute de lo que la música provoca: dolor, risa, pasión, adrenalina, pero nunca el imponer nuestro género favorito.

Esta pequeña mirada al espacio multicultural de nuestra ciudad está pensada en la posibilidad de sabernos seres distintos y cambiantes, pero conscientes de nuestra posición en sociedad que aún no permite identificarnos. La música es un gran inicio y lente de los detalles en los que nos perdemos como seres exigentes, críticos, prejuiciosos y a veces ausentes de nuestras tradiciones. Salgamos a las cantinas, pulquerías, a los rodeos, los palenques, las bodas, Garibaldi, el Chopo, el Under. Hablemos con nuestros ancestros, hijos, hermanos, vecinos, gente que admiramos o no comprendemos. La música, insisto, es un gran aliento.


Rock101

Segunda Odisea

Current track
TITLE
ARTIST

Background