Con la frente marchita - Rock101

Con la frente marchita

Fecha de publicación: 18 febrero, 2019

Con la frente marchita
Categorías:
Compartir:

Por: Julia Rocca

Yo adivino el parpadeo/de las luces que a lo lejos/van marcando mi retorno.

Hacía unas horas que había regresado, pero estaba lista para aquella Fête de la Musique que hubiera podido festejar en París de haber retrasado su viaje por un día. Era junio. Pensaba en que volver comporta siempre ver lo que sigue igual y  también lo que ha cambiado.

Ella no había cambiado mucho. La misma cara de niña, el mismo brillo asomado a los ojos. Había ganado algo de peso, lo cual hacía más contundentes sus caderas, ésas que antes se negaban a ser vistas. Casi estaba radiante pese a la ropa no apta para su edad: falda asimétrica en color caramelo, blusa ceñida en tono rosa viejo y una chamarra que, aunque nueva, parecía que ya había dado bastante batalla; en los pies, alpargatas lilas con flores bordadas en hilo dorado, se ponía ufana cuando contaba que las había comprado en una “zapatería increíble” en el barrio de Le Marais. Sabía que antes estaba más guapa.

De frente, entre gente apretujada, escuchaba uno tras otro a los que pasaban por aquel escenario de Havre 43; se le veía ausente, parecía que en París había perdido algo, como si su capacidad de sufrimiento se hubiera agotado. Necesitaba de vuelta el rostro chispeante de sus años de universidad.

Una vez saciados de aquel banquete musical, avanzaron, como la noche, hacia el pequeño departamento solo, oscuro y triste de Lulu en la avenida Patriotismo. Bebían y alzaban los pies con la música que creció con ellos; April March, The Strokes, Pulp, Los Fresones Rebeldes, Los Planetas, Nortec, Remy Zero y hasta canciones de Sabina y Los Bukis, cuando comenzaron a estar más tristes que eufóricos.

Tengo miedo de las noches/que pobladas de recuerdos/encadenen mi soñar.

Se había ido a acostar, llevaba el sabor amargo de la cebada en la boca, apagó las luces como buscando apagarse a sí misma, desnudarse de lo mismo. Quería dormir. Lo diurno se le había adherido y lo nocturno le anticipaba el desplazamiento hacia otra identidad.

Julio notó su ausencia y buscó compensarse. Ahí estaba, empujando la puerta, dejando entrar su cara rojiza, el amarillo apagado de su mirada vigilante, los hombros fuertes y anchos, la corta estatura, las potentes manos, la infalible chamarra de cuero negro… el valor excepcional.

Al cerrar la ajada puerta blanca dejó tras de sí el bullicio y el baile. Ella tendida en la cama maltrecha, la ropa desarreglada, la falda a la altura de las caderas, los pies blancos, fríos y desnudos. Había estado tan lejos, tanto tiempo, tan cerca de no volverse a ver. Era obvio en la emocionada luminosidad de sus ojos, lo orgulloso que estaba de las inmejorables condiciones que se le presentaban. No podía fallar y no lo hizo.

Primero, sólo se tumbó a su lado; apartaba los cabellos lacios que le caían sobre la frente; ella se revolvía, como quien busca una mejor postura para dormir; hablaba con dificultad; ahí, junto a ella, se bajó la bragueta del rasposo pantalón azul plomizo; le echó el cuerpo encima; tuvo que reconstruir un camino de caricias que nunca se habían dado y jadear quedamente para atraer las pasiones enterradas en los rincones del miedo. Lo hizo rápido mientras oteaba la ajada puerta blanca, había que evitar la intrusión de otro mirón y eludir los chirridos de la maltrecha cama. Se levantó, se subió el cierre. Ni un  jadeo ni un grito, ni un afecto fingido.

Vivir/con el alma aferrada/a un dulce recuerdo/que lloro otra vez.

Había reencontrado a “La Maga” que persistía en sus recuerdos, no por lo que fueron sino por lo que podían haber sido, y que en el transcurso de los años le exigirían ser rememorados y analizados para ver dónde o en qué momento había cometido el error.

Ella se lavó un poco, aún escurría entre las piernas; abrió la desgajada puerta blanca, saltó entre los cuerpos tendidos en el suelo del linoleum barato, una comedia de un buen parquet, pensó; quería salir de Patriotismo 78 antes de que el sol alumbrara en exceso, de que aquellos bultos notaran algo en su carne pálida. Al fin aire y luz; caminó sobre la avenida, sin saber muy bien hacia dónde, lo único que le importaba es que fuera hacia delante, hacia delante, siempre hacia delante.

Bajo el burlón/mirar de las estrellas/que con indiferencia/hoy me ven volver.

Escrito por: Rock101

CONTENIDO RELACIONADO