Castañeda, como analista es un coordinador de campaña ciego y suicida

Written by on 25/04/2018

Sin haber leído una línea de las sentencias del Tribunal Electoral en los casos de Ríos Piter y Rodríguez Calderón; Zuckermann, Castañeda y Aguilar Camín se ensañaron con el Tribunal cuestionando si, tras de ello, estaría legitimado para declarar la validez de la elección presidencial.

Los tres pecaron de frivolidad, por decir lo menos; pero Castañeda, además, de ceguera y ansias suicidas para la causa que coordina electoralmente en este juego de mascaras que con maestría solo superada de desvergüenza lo define.

Sin tomar conciencia, los tres se sumaron ciegamente al tribunal mediático que desde el INE se orquestó, primero contra estos dos independientes y luego contra el propio Tribunal Electoral.

El INE, cuyos actos y determinaciones son impugnables ante un tribunal de pleno derecho, en lugar de litigar ante él, lo hace en los medios en los que con todo su aparato y presupuesto de comunicación social imputa, condena y sanciona, antes de iniciar siquiera el proceso legal que sea de su muy particular y dudoso interés.

Pues bien, al sumarse a la jauría de perros rabiosos contra el tribunal, este trío de egregios analistas ciegos, caen en su juego y, con ello, desvirtúan todo el sistema electoral.

Antes de 1990 las elecciones se calificaban por los colegios electorales y las quejas contra actos durante el proceso electoral se procesaban ante la Comisión Federal Electoral. Ambas instancias eran cien por ciento políticas.
Contra ello se instauraron dos autoridades autónomas, el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Federal Electoral, antecedentes directos del INE y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

A partir de entonces, todos los actos y decisiones de la autoridad electoral son impugnables ante un tribunal de pleno derecho que mal que bien ha funcionado.

Pero ahora resulta que quien socava este diseño institucional y jurisdiccional es el propio Instituto Nacional Electoral y los guajes que lo acompañan y cacarean sus huevos de serpiente.

Lo que hemos visto en las últimas semanas es tan inaudito y como preocupante. El INE, en uso de sus bastos recursos comunicacionales, se amuralla contra la ley y la justicia en litigios mediáticos de oprobiosa catadura. Acusa y condena sin juicio y debido proceso, y con ello inocula en la opinión pública un virus de linchamiento contra todo aquel que ose diferir de su interés, sea éste un ciudadano o la propia justicia electoral.

El desdoro del que ha sido objeto el Tribunal nada tiene que ver con sus sentencias –que, queda claro, nadie ha leído-, sino con las impuestas mediáticamente sobre la opinión pública desde las oficinas de algunos consejeros electorales.

Ahora bien, al deslegitimar al máximo órgano electoral del país qué queda: solo el tribunal mediático.
Así, mañana, que el candidato de la campaña que coordina Castañeda, se vea en la necesidad de justicia ante posibles actos hostiles y parciales de la autoridad electoral administrativa, ya de suyo engreída, nada quedará del Tribunal, porque el analista Castañeda ciegamente ayudó a derruirla.

Ante nuestros ojos que no ven más que lo que el INE quiere que veamos, pasamos de la Comisión Federal Electoral y los Colegios Electorales, a los Tribunales de pleno derecho y, finalmente, al Tribunal manipulable de la opinión pública.

Lo dicho, el INE se devora y devora nuestra democracia.

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