"Cara de liebre", un tratado sobre el rencor femenino llevado al extremo - Rock101

“Cara de liebre”, un tratado sobre el rencor femenino llevado al extremo

Fecha de publicación: 6 noviembre, 2020

“Cara de liebre”, un tratado sobre el rencor femenino llevado al extremo
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Existe en la escritora duranguense Liliana Blum, una inquietante fascinación por los asesinos seriales que logró trasladar a su narrativa en su más reciente novela publicada por la Editorial Seix Barral: “Cara de liebre”. Y no sólo por el morbo, sino por una especie de venganza feminista ante el machismo, el bullying, y eso que en recientes años se importó de los modismos anglosajones sobre el comportamiento de las conductas humanas, el ghosting, que básicamente radica en hacerse el desaparecido después de entablar una relación amorosa o sexual con otra persona.

Cara de liebre” se interna en la psique de dos mujeres con una concepción artística y muy sufrida de la realidad. La primera es Irlanda, una maestra de literatura cuya infancia le generó un serio trauma, pues debido a una operación para corregir sus problemas de labio leporino y paladar hendido, quedó por siempre con una cicatriz que la hizo no solo recibir el apodo que lleva por título la novela, sino ser acreedora a una serie de vejaciones físicas y psicológicas por sus compañeras de colegio aún siendo muy pequeña, además de una inmunda indiferencia y un maltrato execrable en sus primeros intentos amorosos con hombres que solo la buscaban con meros fines sexuales.

La otra protagonista de la novela es Tamara, una artista plástica que, al no encontrar cabida en el mundo del arte de Durango, trabaja como depiladora en un spa, lugar en el que la superficialidad del ser humano basada en el aspecto físico de las personas, sale a relucir a todas horas y en todo momento.

La historia de estas dos mujeres estará ligada de forma muy cercana por un tercero llamado Nicolás, el vocalista de una banda de rock que suele presentarse en un bar llamado “La cebolla de cristal”, lugar al que Irlanda suele acudir para seducir hombres con fines muy turbulentos.

Mientras que Irlanda representa a la chica que se cansó de ser el estereotipo sumiso de la mujer, del lado de Tamara se juega precisamente un rol contrario, el de la chica que un mal día decide enamorarse de un hombre sin virtud alguna que la embaraza sin tomar responsabilidad alguna de la criatura que está por venir al mundo.

¿Pero qué hace que estas tres historias confluyan en el desarrollo criminal de una mujer que entierra los cadáveres de sus amantes en el patio trasero de su casa donde se yergue un imponente árbol de duraznos? Tal vez deban leer esta inquietante novela que despliega tanto la psicología de una asesina, así como los motivos que hacen que la indiferencia y el machismo lleven a dos mujeres a límites tan comunes como insospechables.

Por lo general, en las historias de asesinos seriales, se despliega toda una parafernalia en torno a la persona que investiga sus fechorías y la forma en que va siguiendo el rastro del asesino hasta que lo atrapa o sucede una desgracia incalculable y mayor, pero en esta rara avis, nos encontramos durante la mayoría del tiempo en la cabeza de la criminal que perfecciona sus métodos quirúrgicos para desmembrar y desaparecer a sus víctimas. Además de desarrollar otra particular manía que su autora tomó prestada de otros criminales que solían ejercer una insana relación doméstica de convivencia con sus presas.

El desarrollo de esta novela con tintes costumbristas contemporáneos hace pensar en los estudios clínicos llevados a cabo por la doctora británica Julia Shaw en su libro de ensayo sobre los motivos del mal en la humanidad (Hacer el mal, Ed. Planeta, 2019), en el que despliega el postulado que para comprender la maldad de los criminales hay que entrar en sus vidas para darnos cuenta que son tan simples y mundanos como muchos de nosotros, y que si hubiera forma de generar una gráfica para saber qué tan malos son según los actos de toda su vida, sería posible que fueran 90% buenos y 10% criminales absolutos.

Y es justo lo que hace la escritora duranguense en su novela “Cara de Liebre”: traza y describe a una mujer tan repleta de virtudes como de vicisitudes que, hasta a la hora de matar, resulta una especie de “heroína” que está vengando a todas las mujeres que han sido maltratadas o victimizadas como meros objetos sexuales, sin olvidarse claro, de que lo que está haciendo es algo repudiable a todas luces.

Otro de los aspectos que resaltan en esta novela, además de la narrativa fluida que recuerda a uno de los autores favoritos de Liliana Blum (Stephen King), es ese toque delicado y femenino que imprime en una historia que linda en el gore más demente y criminal.

Sin duda, esta novela encuentra un balance equilibrado que la hará tan adecuada para gente que lee temas con un enfoque feminista, así como para aquellas que buscan historias con un particular y retorcido gusto por el crimen y sus meandros más escabrosos. 

Escrito por: David V. Estrada

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