Campaña ensuciada

Written by on 07/05/2018

Para un sector de la población, las causas de la antipatía por un candidato, son precisamente las razones por las que tanta gente está de su lado. Los crecientes ataques a un solo candidato respaldan esas razones pues lo colocan en una posición de víctima del sistema, un sistema que precisamente tiene hartos a los ciudadanos. Si se tuviera que nombrar a un responsable del encumbramiento de AMLO es al establishment mismo que ha generado una insensibilidad que toca la arrogancia en donde pareciera que el control de las estructuras de poder garantiza un resultado a favor de sus intereses. Y con ello quiero decir las auténticas estructuras de poder, no necesariamente el resultado del proceso electoral o de las campañas. Cuando escucho en discusiones que AMLO va a hacer lo mismo en México que Chávez hizo en Venezuela mi opinión es que eso es un imposible. Chávez era miembro del ejército y fue el ejército el que lo apoyo, con la fuerza de las armas y la amenaza permanente de represión, para mantenerse en el poder. Aun ahora, lo que mantiene a Maduro en el poder es el ejército. Y aquí en México AMLO no tiene al ejército detrás de él. En todo caso el ejército está a las órdenes de su comandante supremo y la potencial amenaza de represión vendría, en caso de conflicto postelectoral, del gobierno. Sin embargo, el ejército ha enviado mensajes muy claros de que es institucional, pero que tiene su propia opinión. Yo creo que el ejército no actuaria ni en un sentido ni en otro, es decir, defendiendo ninguna postura impositiva. Y eso es un factor de estabilidad. Tanto para cualquier intención abusiva del poder, como de cualquier intención alejada del estado de derecho en el proceso electoral y sus resultados.

Sin embargo, el poder civil, en todas sus formas, se empeña en crear un clima de tensión y violencia que no está calculando la temperatura actual de la sociedad. Una sociedad hiperinformada, empoderada, con una capacidad de dialogo amplificada, que procesa el discurso mediático a partir de contrastes personales. Ya no lo absorbe como la hacía en la era de la radio y tv monolíticos. Así, las campañas sucias con mezcla de imágenes de Chávez, o con mezcla de imágenes de violencia, en el inconsciente colectivo se registran como argumentos a favor del candidato atacado. El incremento en la virulencia del lenguaje da la razón a todas las críticas de las que se acusa al sistema y que incluyen corrupción, mentira y manipulación. Sin un discurso propio ni ideas originales que busquen convencer al electorado, los ataques se convierten en fortalezas del candidato apropiado por la mayoría de la población. No son números fríos, los resultados de las encuestas, son personas, ideas, vidas que, de acuerdo con todos los últimos resultados, dicen que prácticamente la mitad de la población está de acuerdo con un candidato. Crear mensajes destructivos contra ese candidato: ¿en qué momento se convierten en ataques a esa población? ¿Quién ha calculado el efecto que esos mensajes, interpretados al interior de los simpatizantes que forman ese 48%, pueden tener? ¿Crear antipatías hacia el candidato emisor? ¿Incrementar el nivel defensivo al sentirse aludido? ¿La reacción defensiva desmedida como posibilidad? En qué momento no calcularon que con los niveles numéricos de los que se habla en este proceso electoral, al hablar de proyecciones de encuestas y participación ciudadana, el riesgo de atacar a la mayoría -por el momento- es un auténtico suicido electoral hoy en día en México, con un electorado más atento y reflexivo?

El asunto del pasado fin de semana del 5 de mayo sobre una publicación en twitter del periodista Ricardo Alemán es un ejemplo de esta polarización. Un columnista que abusa generalmente del lenguaje altisonante en sus columnas escritas y en video, ha provocado un consistente resentimiento que, como olla de presión, exploto cuando muy desatinadamente, en el contexto de ese lenguaje violento que lo caracteriza -como legión de idiotas se refiere constantemente a la comunidad de internet-, publico un twitter que es una auténtica apología del delito. Un texto cargado de la violencia clasista que está generando esta contienda electoral en donde no se mide la ofensa, hasta llegar a un llamado al asesinato de un candidato. En un País que lleva 11 años en un proceso destructivo, con más de 200,000 mil muertos e innumerables desaparecidos, en donde la inseguridad es el problema más reconocido por la población que diariamente se sabe expuesta a sufrir un acto delictivo. En donde van más de 10 candidatos a puestos de elección popular asesinados en 2018, publicar un ‘chiste tonto’ que insinúa el asesinato, es imperdonable.

La fuerza de la palabra es incalculable. Define nuestra realidad, nombra nuestros deseos, proyecta nuestra intimidad. Es el marco concreto que configura nuestra relación permanente con los otros. Si el lenguaje que se radiodifunde constantemente es un lenguaje de muerte, de violencia: ¿porque se llaman a la sorpresa los comunicadores, cuando ese público que, efectivamente ha sido empoderado con una herramienta de dialogo y respuesta que son las redes, manifiesta su sensibilidad cansada de tanta violencia verbal?

La virulencia e irresponsabilidad de comunicadores y políticos de todos los partidos, que han hecho del ataque sus plataformas de campaña, están fragmentando a la sociedad de una manera tan profunda que nadie está pensando en el futuro. En que vamos a hacer con una sociedad que está explotando en múltiples facetas de racismo, de división de clases, de apropiación de identidades equivocadamente arrogantes que minimizan y buscan la destrucción de ‘el otro’.

Al concentrar todo el esfuerzo de la maquinaria del establishment a la destrucción de un candidato, queda claro que algo muy equivocado está ocurriendo en nuestra democracia. Se está elevando el nivel de confrontación de tal forma que corremos el riesgo de llegar a un punto de no regreso.

 

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