Caifanes – Palacio de los Deportes

Written by on 12/12/2015

Fotografía: Luis Gerardo Salas 

 

Mientras a mi lado un grupo de personas coordinaba un perfectamente coreografiado documental de teléfono móvil de cómo disfrutaban el concierto de Caifanes, mientras lo que menos hacían era ver a Caifanes (una escena que vi demasiadas veces repitiéndose a lo largo de las gradas), otras 19 mil personas llenaban el silencio de la voz de Saúl Hernádez con el grito masivo, la confirmación del culto a un grupo y la importancia de sus canciones a casi tres décadas de distancia.

 

Recientemente tuvimos en Rock 101 una entrevista con Saúl Hernández, afirmaba que el grupo había regresado al estudio y trabajaba en un nuevo álbum, el primero en más de 20 años, lo que me obligó a pensar en lo ocurrido en ese periodo de tiempo sin novedades y las múltiples diferencias entre la banda que vi por primera vez en las islas de Ciudad Universitaria y la que observé a través de los ojos de muchos el pasado viernes 11 de diciembre en el Palacio de los Deportes, incluso me hizo pensar en aquella extensión llamada Jaguares que apareció con mayor constancia en Vive Latino, el mismo escenario donde volvería Caifanes en el 2011.

 

 

El Caifanes de llenos totales es distinto, absolutamente diferente al que tocó en Ciudad Universitaria en apoyo a los estudiantes del CEU, aquella banda que se sumaba a múltiples causas y que realizó un sorpresivo concierto gratuito ahora es rebasada por la importancia de sus canciones, sus autores son el vehículo de las reuniones masivas donde la nostalgia es más importante que aquellos largos discursos que realizaba Saúl Hernández en tiempos de Jaguares y que ahora se reducen a la introducción que acompaña a ‘Antes de que nos olviden’, adecuándose a las diferentes épocas pero con el mismo discurso contra esos “hijos de la chingada” en el gobierno.

 

El grupo que vimos el viernes mucho menos es aquel que abría conciertos en el Hotel de México, pero de la misma forma hace que el público se una al primer aullido de ‘Mátenme porque me muero’, sin embargo aquel que hacía resonar su voz en espacios como el LUCC, Rock Stock y Rockotitlán ahora deja que el público sea la voz de sus canciones cada vez que encuentra la oportunidad, alguien me dijo en ese momento “de ahí viene el poder del karaoke”, pero el significado de orquesta vacía no se aplica completamente a una banda que provoca tantas emociones en el público.

 

 

En noche de caos de peregrinos guadalupanos llegando de todos los rincones del país a la Ciudad de México, Caifanes sale al escenario con cierto retraso, pero a tiempo para abrir el túnel del tiempo con la misma acertada selección de canciones entre cuatro discos que ha mostrado en los últimos años, con Diego Herrera dirigiendo los cambios desde el teclado para amortiguar la ausencia de la guitarra de Alejandro Marcovich. Sin perder de vista el telepronter que sigue recordando las canciones discretamente en el escenario, vamos de un recuerdo a otro, todos enganchados en la garganta del público.

 

A mi izquierda sigue el espectáculo de capturar todo porqué de no hacerlo podría no haber existido, mientras sigo colocando en borrador toda mi cobertura por ausencia de conexión a Internet, van apareciendo las razones por las que permanece el culto a Caifanes: es un grupo de tres generaciones.

 

 

El cariño no es gratuito, fue acumulado por las diversas expresiones culturales que se reunieron en esos cuatro discos. De principio a fin es evidente la acumulación de energía que se siente en ‘Debajo de tu piel’, ‘Los dioses ocultos’, ‘La célula que explota’, ‘Te estoy mirando’ y ‘Ayer me dijo un ave’, no hay falla, la respuesta es el espectáculo de emociones que viene del público, el cual tal vez no espera un nuevo disco, sino la constancia de la nostalgia.


Rock101

Segunda Odisea

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